Fruto del amor: el amor que el Espíritu derrama en el corazón

El amor abre la lista de los frutos del Espíritu que da san Pablo (Gal 5,22) y es la raíz de los demás: el Catecismo recuerda que la caridad «tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia» (n. 1829). No es un sentimiento pasajero: viene de Dios, que lo derrama «en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,5).

Fruto del amor: el amor que el Espíritu derrama en el corazón
Fruto del amor: el amor que el Espíritu derrama en el corazón
Tipo de ficha

Fruto del Espíritu Santo

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Qué significa

En Gálatas 5,22 la Biblia de Jerusalén dice «amor»; la lista tradicional que recoge el Catecismo (n. 1832) dice «caridad». Es el mismo fruto. El Catecismo define la caridad como «la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas» (n. 1822) y recuerda que Jesús hace de ella el «mandamiento nuevo» (n. 1823). San Pablo la llama «el vínculo de la perfección» (Col 3,14; Catecismo, n. 1827).

Hay que distinguir el fruto del don. Los dones del Espíritu son disposiciones para seguir sus impulsos; los frutos son lo que se ve en la vida, las «perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna» (n. 1832).

En la Biblia

«En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley» (Gal 5,22-23).

Jesús lo pone como señal de sus discípulos: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos» (Jn 13,34-35). Y lo enraíza en el Padre: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor» (Jn 15,9).

El origen es divino: «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,5), porque «Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16). San Pablo lo describe: «La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe» (1 Co 13,4), y concluye que «la mayor de todas ellas es la caridad» (1 Co 13,13).

Cómo se nota en la vida

El himno de san Pablo describe cómo se reconoce este fruto: el amor es paciente y servicial, no envidia ni presume, no busca su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal; «todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co 13,4-7). Es decir, se nota más en los gestos pequeños del trato diario que en las grandes palabras.

Jesús lo resume en un criterio verificable: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13,35). Este fruto no se fabrica por voluntad propia, sino que se recibe y se deja crecer: viene de permanecer en el amor de Cristo (Jn 15,9).

El fruto y la virtud

El amor encabeza la lista y la sostiene. El Catecismo dice que la caridad «tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia» (n. 1829), y san Pablo la llama «el vínculo de la perfección» (Col 3,14). Por eso el resto de los frutos se pueden leer como formas concretas del mismo amor: alegría de amar, paz de ser amado, paciencia y afabilidad en el trato.

Santo Tomás de Aquino enumera doce frutos del Espíritu (Suma Teológica, I-II, q. 70, a. 3) y los entiende como los modos en que la mente se ordena respecto de sí misma, del prójimo y de lo inferior; el amor es el primero de ellos.

Cómo cultivarlo

Algunas formas de cultivarlo: pedir cada día el amor como se pide un don, porque viene del Espíritu; leer despacio 1 Co 13 y ver qué rasgo toca hoy; elegir un gesto concreto de servicio que no se vea; perdonar algo pequeño sin esperar a que el otro lo pida; y participar en la Eucaristía, donde Cristo se da por amor.

Para entender la diferencia entre dones y frutos, en esta web tienes la landing de los siete dones del Espíritu Santo.

Voces de la Iglesia

El Catecismo trata la caridad en los nn. 1822-1829 y los frutos del Espíritu en el n. 1832, donde recuerda que la tradición de la Iglesia enumera doce. Santo Tomás de Aquino estudia los frutos en la Suma Teológica, I-II, q. 70. Los textos clave de la Escritura son Jn 13,34-35, Rm 5,5, 1 Jn 4,8.16 y 1 Co 13.

Fuentes de consulta

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