Lujuria y castidad

El Catecismo define la lujuria como «un deseo o un goce desordenados del placer venéreo» (n. 2351) y la cuenta entre los siete pecados capitales (n. 1866). Su virtud contraria es la castidad, que «significa la integración lograda de la sexualidad en la persona» (n. 2337). Jesús pide mirar con el corazón limpio: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8).

Lujuria y castidad
Lujuria y castidad
Tipo de ficha

Pecados capitales

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Qué es

El Catecismo, al explicar el sexto mandamiento, dice: «La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión» (n. 2351).

La virtud contraria no es negar la sexualidad. La castidad «significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual» (n. 2337). Forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que «tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana» (n. 2341).

En la Biblia

Jesús lleva el mandamiento al corazón: «Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón» (Mt 5,27-28). Y promete: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8).

Pablo escribe a los corintios: «¡Huid de la fornicación! […] ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? […] Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo» (1 Co 6,18-20). A los tesalonicenses: «Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión» (1 Ts 4,3-5). Y a Timoteo: «Huye de las pasiones juveniles» (2 Tm 2,22).

El ejemplo bíblico de castidad es José en casa de Potifar. Ante la insistencia de la mujer de su señor, responde: «¿Cómo entonces voy a hacer este mal tan grande, pecando contra Dios?», y cuando ella le asió de la ropa, «él, dejándole su ropa en la mano, salió huyendo afuera» (Gn 39,7-12).

Cómo se manifiesta

Santo Tomás explica por qué es capital y qué produce. El deseo de placer, vivido con tanta fuerza, perturba las facultades superiores: de la lujuria nacen la ceguera de espíritu, la precipitación, la inconsideración, la inconstancia, el amor propio, el odio a Dios, el apego a este mundo y la desesperanza del mundo futuro (Suma Teológica, II-II, q. 153, a. 5).

Pablo enumera entre «las obras de la carne» la «fornicación, impureza, libertinaje» y advierte que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios (Ga 5,19-21). Y pide: «procedamos con decoro: nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos» (Rm 13,13).

Qué dice la Iglesia

El Catecismo enumera la lujuria entre los pecados capitales (n. 1866) y la define al explicar el sexto mandamiento (n. 2351). Sobre la castidad dice que «implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana»: «o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado» (n. 2339).

Añade que «el dominio de sí es una obra que dura toda la vida» (n. 2342), que «tiene unas leyes de crecimiento» que pasan por grados «marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado» (n. 2343), y que «la castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual» (n. 2345). Los medios que propone: «el conocimiento de sí, la práctica de una ascesis adaptada a las situaciones encontradas, la obediencia a los mandamientos divinos, la práctica de las virtudes morales y la fidelidad a la oración» (n. 2340).

La virtud que lo vence

El Catecismo ve la castidad como una escuela de amor: «La caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia, la castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo» (n. 2346). Y recuerda las palabras de san Agustín: «La castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos» (n. 2340).

Algunas formas de vivirla: cuidar la mirada y el corazón (Mt 5,28); huir de la ocasión, como José (Gn 39,12); acudir a la oración y al sacramento de la Penitencia, donde Dios perdona y da fuerza; y no desanimarse ante las caídas, porque la castidad crece por grados (CCC, n. 2343). Aquí tienes la ficha de la Penitencia, la guía para confesarse bien y el artículo sobre José y la esposa de Potifar. Todas las virtudes, en la landing de los siete pecados capitales.

Para profundizar

Catecismo de la Iglesia Católica: n. 1866 (los pecados capitales), nn. 2337-2346 (la castidad) y n. 2351 (la lujuria). Santo Tomás de Aquino trata la castidad en la Suma Teológica, II-II, q. 151, y la lujuria en la q. 153. Textos clave de la Escritura: Mt 5,8 y 5,27-28, 1 Co 6,18-20, 1 Ts 4,3-7 y Gn 39,7-12.

Fuentes de consulta

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