Pereza y diligencia
El Catecismo cuenta la pereza entre los siete pecados capitales (n. 1866). Cuando es espiritual la llama acedia, que «llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino» (n. 2094). Su virtud contraria es la diligencia, que la Escritura pide hasta el final: «que cada uno de vosotros manifieste hasta el fin la misma diligencia» (Hb 6,11).

Pecados capitales
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Qué es
La pereza no es solo holgazanería. El Catecismo, al hablar de la oración, explica que los Padres espirituales entienden por acedia «una forma de aspereza o de desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón» (n. 2733). Y entre los pecados contra el amor de Dios nombra la acedia o pereza espiritual (n. 2094).
Santo Tomás la define como tristeza ante el bien divino y espiritual, y explica por qué es capital: porque la tristeza empuja al hombre a hacer muchas cosas para evitarla o por el apremio de ella (Suma Teológica, II-II, q. 35, a. 4; q. 36, a. 4). La virtud contraria es la diligencia: el celo constante en el bien.
En la Biblia
Los Proverbios envían al perezoso a la escuela de la hormiga: «Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio […] ¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿cuándo te levantarás de tu sueño?» (Pr 6,6-9). Y: «Tiene hambre el perezoso, mas no se cumple su deseo; el deseo de los diligentes queda satisfecho» (Pr 13,4).
En la parábola de los talentos, Jesús reprende al siervo que escondió el talento por miedo: «Siervo malo y perezoso» (Mt 25,26). Y en el Apocalipsis el Señor dice a una comunidad: «no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio […] voy a vomitarte de mi boca» (Ap 3,15-16).
Frente a ello, la diligencia: «con un celo sin negligencia; con espíritu fervoroso; sirviendo al Señor» (Rm 12,11); «Todo cuanto hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Col 3,23); «que cada uno de vosotros manifieste hasta el fin la misma diligencia para la plena realización de la esperanza, de forma que no os hagáis indolentes, sino más bien imitadores de aquellos que, mediante la fe y la perseverancia, heredan las promesas» (Hb 6,11-12).
En Getsemaní, Jesús dice a sus discípulos dormidos: «Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mt 26,41).
Cómo se manifiesta
Santo Tomás describe qué nace de la pereza espiritual. Quien no encuentra gozo en lo espiritual huye de lo que causa esa tristeza y busca consuelo en los placeres del cuerpo. De ahí vienen la desesperación (huir del fin), la pusilanimidad en lo que pide más esfuerzo, la desgana ante los mandamientos y el rencor contra quienes llevan a otros hacia el bien (II-II, q. 35, a. 4, ad 2).
El Catecismo sitúa la acedia entre las tentaciones de la oración. Dice que la presunción abre la puerta a esta tentación, y que «el desaliento, doloroso, es el reverso de la presunción» (n. 2733). Y entre las maneras de pecar contra el amor de Dios nombra la indiferencia, la ingratitud, la tibieza y la acedia (n. 2094).
Qué dice la Iglesia
El Catecismo enumera la pereza entre los pecados capitales (n. 1866). Sobre la acedia dice que «llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino» (n. 2094). Y sobre cómo afrontarla en la oración: «Quien es humilde no se extraña de su miseria; ésta le lleva a una mayor confianza, a mantenerse firme en la constancia» (n. 2733).
Define la tibieza como «una vacilación o negligencia en responder al amor divino» (n. 2094).
La virtud que lo vence
La diligencia se ejercita en lo pequeño y en lo constante. Algunas formas de vivirla: hacer cada tarea «de corazón, como para el Señor» (Col 3,23); mantener la constancia en la oración aunque no se sienta gozo, como pide el Catecismo cuando habla de «mantenerse firme en la constancia» (n. 2733); velar y orar (Mt 26,41); y no esconder el talento recibido (Mt 25,14-30).
Si te cuesta sostener la oración, la página de Guías para rezar reúne guías prácticas sobre cómo rezar. Y las obras de misericordia son una manera concreta de salir de la indiferencia. Todas, en su landing; el conjunto de los pecados capitales y sus virtudes, en la landing de los siete pecados capitales.
Para profundizar
Catecismo de la Iglesia Católica: n. 1866 (los pecados capitales), n. 2094 (la acedia y la tibieza) y n. 2733 (la acedia en la oración). Santo Tomás de Aquino trata la pereza (acedia) en la Suma Teológica, II-II, q. 35. Textos clave de la Escritura: Pr 6,6-11, Pr 13,4, Mt 25,14-30, Rm 12,11, Hb 6,11-12 y Ap 3,15-16.
Fuentes de consulta
- Biblia de Jerusalén (Desclée de Brouwer): Proverbios 6,6-11; 13,4; Mateo 25,14-30; Mateo 26,41; Romanos 12,11; Colosenses 3,23; Hebreos 6,11-12; Apocalipsis 3,15-16.
- Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1866: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a8_sp.html
- Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2094: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c1a1_sp.html
- Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2733: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c3a2_sp.html
- Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 35 (pereza): https://www.newadvent.org/summa/3035.htm
- Guías para rezar, en esta web: https://jesushistoriaviva.com/guias-para-rezar/
- Las obras de misericordia, en esta web: https://jesushistoriaviva.com/las-obras-de-misericordia/
- Los siete pecados capitales y sus virtudes, en esta web: https://jesushistoriaviva.com/los-siete-pecados-capitales/




