En medio de la opresión egipcia, Sifrá y Púa se negaron a convertir su oficio en un instrumento de muerte. Éxodo recuerda sus nombres, su temor de Dios y una decisión que frustró la primera estrategia del faraón contra los niños hebreos.
- Introducción a Sifrá y Púa
- El contexto de Éxodo 1: crecimiento, miedo y trabajo forzado
- Las dos órdenes del faraón contra los niños hebreos
- El desafío de Sifrá y Púa: temieron a Dios
- ¿Sifrá y Púa eran hebreas o egipcias?
- ¿Mintieron las parteras al faraón?
- ¿Qué ocurrió después de su desobediencia?
- Sifrá y Púa en la tradición judía
- Por qué sus nombres importan en el relato
- Qué podemos aprender de Sifrá y Púa
- Conclusión: dos mujeres frente a una orden de muerte
Introducción a Sifrá y Púa
Sifrá y Púa aparecen en Éxodo 1:15-21, en uno de los primeros episodios de resistencia al programa de opresión del faraón. El texto las presenta vinculadas al oficio de parteras y a las mujeres hebreas, pero su importancia no depende de una biografía extensa. La Biblia conserva muy pocos datos sobre ellas y, precisamente por eso, resulta significativo que sí conserve sus nombres mientras deja anónimo al rey que intenta destruir la vida de los recién nacidos.
Su historia se desarrolla antes del nacimiento de Moisés. Israel se ha multiplicado en Egipto y un nuevo rey interpreta ese crecimiento como una amenaza política. Primero impone trabajos forzados; después intenta controlar los nacimientos. Sifrá y Púa quedan situadas en el punto donde una orden del poder entra en conflicto con el temor de Dios y con la preservación de la vida.

El contexto de Éxodo 1: crecimiento, miedo y trabajo forzado
Éxodo explica la opresión desde la perspectiva del temor del faraón. El rey observa que los israelitas son numerosos y teme que, en caso de guerra, puedan unirse a los enemigos de Egipto. El motivo que ofrece el relato es, por tanto, político y demográfico: el poder interpreta el crecimiento de una población extranjera como una amenaza para la seguridad del reino.
La primera respuesta consiste en someter a los israelitas a trabajos forzados. Éxodo menciona la construcción de Pitón y Ramsés como ciudades de almacenaje y describe labores duras con barro, ladrillos y trabajos del campo. El texto no afirma que se les prohibiera utilizar herramientas ni habla en este punto de una campaña destinada específicamente a borrar su religión o su cultura. Es importante no convertir en dato bíblico lo que el pasaje no dice.
El tipo de trabajo descrito encaja con prácticas conocidas del antiguo Egipto: la fabricación de adobes, la construcción y el empleo de trabajadores sometidos o extranjeros están documentados en fuentes y representaciones egipcias. Ese contexto ayuda a comprender la plausibilidad del escenario, pero no constituye por sí mismo una prueba independiente del episodio concreto de Sifrá y Púa ni permite identificar con certeza al faraón del relato.

Las dos órdenes del faraón contra los niños hebreos
Éxodo 1 presenta dos medidas diferentes y conviene distinguirlas. La primera es una orden dirigida a Sifrá y Púa: cuando atiendan a las mujeres hebreas durante el parto, deben observar el sexo del recién nacido y matar al niño si es varón. La estrategia intenta convertir el nacimiento, precisamente el ámbito donde ellas ejercen su oficio, en un mecanismo secreto de eliminación.
Las parteras no obedecen. El narrador explica de forma explícita la razón: «temieron a Dios» y preservaron la vida de los niños. Cuando el faraón comprueba que los varones siguen sobreviviendo, llama a las mujeres y les exige una explicación.
Solo después del fracaso de esta primera estrategia aparece una segunda orden, mucho más pública: el faraón manda a todo su pueblo arrojar al Nilo a los hijos varones de los hebreos y dejar vivir a las niñas. Esta escalada prepara directamente el comienzo de Éxodo 2 y el nacimiento de Moisés.

El desafío de Sifrá y Púa: temieron a Dios
La motivación que destaca el relato no es una teoría psicológica ni una reconstrucción moderna: Éxodo afirma dos veces que las parteras temieron a Dios. Ese «temor» no describe simplemente miedo, sino el reconocimiento de una autoridad moral superior a la orden del rey. Cuando la voluntad del faraón exige quitar la vida, ellas se niegan a convertir su profesión en una herramienta de muerte.
Su resistencia es especialmente significativa porque no ocupan una posición de poder político. No dirigen un ejército ni pronuncian un discurso público. Actúan dentro de su trabajo cotidiano, en un espacio íntimo y vulnerable, y allí ponen un límite a la autoridad imperial. El texto las recuerda por una decisión concreta: no hicieron lo que el rey de Egipto les había mandado.

¿Sifrá y Púa eran hebreas o egipcias?
Este detalle no es tan sencillo como parece. El hebreo de Éxodo 1:15 puede entenderse como «las parteras hebreas», lectura según la cual Sifrá y Púa pertenecían al propio pueblo de Israel. Esa ha sido una interpretación muy extendida y aparece en numerosas traducciones.
Sin embargo, la expresión también ha sido entendida como «las parteras de las hebreas», es decir, mujeres que atendían a las mujeres hebreas sin que el texto determine necesariamente su propia procedencia. La antigua traducción griega de la Septuaginta favorece esta segunda lectura. Por eso algunos intérpretes han planteado que pudieron ser egipcias.
No es necesario resolver el debate para comprender el centro del relato. Fuesen hebreas o mujeres encargadas de asistir a las hebreas, Éxodo destaca lo mismo: temieron a Dios y se negaron a ejecutar la orden del faraón. Conviene, por tanto, evitar presentar su identidad étnica como un dato completamente indiscutido.
¿Mintieron las parteras al faraón?
Cuando el rey pregunta por qué han dejado vivir a los niños, Sifrá y Púa responden que las mujeres hebreas son vigorosas y dan a luz antes de que llegue la partera. A lo largo de la historia, esta respuesta ha generado un debate: ¿describieron una situación real, ofrecieron una explicación parcial o utilizaron una estrategia para proteger a los recién nacidos?
El texto bíblico no se detiene a resolver esa cuestión. Lo que sí hace es valorar de forma inequívoca la decisión fundamental de las mujeres: temieron a Dios y preservaron la vida. Por eso es más prudente hablar de una respuesta estratégica o debatida que afirmar sin matices que «inventaron una mentira» y que Dios la premió.
¿Qué ocurrió después de su desobediencia?
Éxodo no cuenta que las parteras organizaran un movimiento de resistencia, que fueran sometidas a una vigilancia especial ni que su ejemplo provocara de manera directa una rebelión comunitaria. Esas ideas pueden resultar sugerentes, pero no forman parte del relato.
Las consecuencias que el texto sí menciona son claras. Dios favoreció a las parteras; el pueblo continuó multiplicándose y haciéndose fuerte; y, porque ellas temieron a Dios, el relato afirma que Él les hizo «casas», expresión que suele entenderse como hogares o familias. Al mismo tiempo, el fracaso de la estrategia llevó al faraón a ampliar la violencia mediante la orden pública de arrojar al Nilo a los niños varones.
La ironía narrativa es poderosa: el rey intenta controlar el futuro mediante la muerte, pero su primera estrategia fracasa por la fidelidad de dos mujeres cuyo oficio está dedicado precisamente a acompañar el nacimiento.
Sifrá y Púa en la tradición judía
La tradición rabínica amplió el breve relato de Éxodo e intentó identificar a las parteras con otras mujeres conocidas de la historia de Israel. El Talmud de Babilonia, en Sotá 11b, recoge una interpretación que identifica a Sifrá con Jocabed y a Púa con Miriam. Otra opinión rabínica propone una identificación diferente para Púa. Estas lecturas muestran la importancia que la tradición concedió al episodio, pero no deben confundirse con el texto bíblico.
Éxodo no afirma que Sifrá fuera Jocabed ni que Púa fuera Miriam. Sus nombres aparecen en el relato como Sifrá y Púa, y cualquier identificación posterior pertenece a la historia de la interpretación. Distinguir ambos niveles permite valorar la riqueza de la tradición sin atribuir a la Biblia datos que no proporciona.

Por qué sus nombres importan en el relato
Uno de los contrastes literarios más llamativos de Éxodo 1 es que las parteras tienen nombre y el faraón no. El hombre que ocupa el trono aparece definido por su cargo; las mujeres que parecen socialmente pequeñas quedan recordadas de manera personal. El relato invierte así la lógica habitual del poder y de la memoria.
Sifrá y Púa tampoco son presentadas como personajes perfectos cuya vida conocemos por completo. Solo vemos una decisión. Pero esa decisión basta para situarlas al comienzo de una cadena de mujeres que preservan la vida de Moisés: después aparecerán su madre, su hermana y la hija del faraón. Antes de que Moisés pueda desafiar al rey, varias mujeres ya han frustrado la política de muerte.
Qué podemos aprender de Sifrá y Púa
- El temor de Dios pone límites al poder humano: la autoridad del faraón no convierte una orden injusta en una orden moralmente buena.
- La fidelidad puede expresarse en decisiones cotidianas: Sifrá y Púa resisten desde su oficio, no desde una posición pública de liderazgo.
- Preservar la vida puede exigir valentía: su trabajo las colocó frente a una elección concreta y peligrosa.
- La Biblia distingue entre poder y memoria: el faraón queda sin nombre mientras las parteras son recordadas.
- Conviene distinguir texto e interpretación: su posible identidad étnica, la naturaleza exacta de su respuesta al rey y las identificaciones rabínicas posteriores requieren matices.

Conclusión: dos mujeres frente a una orden de muerte
Sifrá y Púa ocupan pocos versículos, pero su intervención abre uno de los grandes movimientos narrativos del Éxodo. El faraón intenta reducir a Israel mediante el trabajo forzado y después mediante la eliminación de los recién nacidos varones. Las parteras se encuentran dentro de esa maquinaria y deciden no colaborar con ella.
El centro de su historia no necesita adornarse con consecuencias que la Biblia no cuenta. Éxodo ofrece una afirmación suficientemente poderosa: temieron a Dios y preservaron la vida. Por eso sus nombres permanecen unidos a una forma silenciosa de valentía, aquella que reconoce que existen órdenes que no deben obedecerse y vidas que no pueden tratarse como instrumentos de una política de miedo.
Para profundizar en Éxodo 1:15-21 y en el temor de Dios de las parteras, puedes consultar The Midwives, Who Feared God | Reformed Theological Seminary.
«Pero las parteras temieron a Dios y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños.«
Continúa el relato: Después de las parteras, la historia avanza con Jocabed, madre de Moisés, la hija del faraón y Miriam.
MUJERES QUE CAMINARON CON DIOS
LOS COMIENZOS · Libro I
Esta historia forma parte de Mujeres que caminaron con Dios · Los comienzos, un recorrido por las mujeres que atraviesan las primeras páginas de la historia bíblica. La web profundiza en el texto, su contexto y sus interpretaciones; el libro invita a contemplar, meditar y caminar con cada historia.




