Fruto de la afabilidad: el trato delicado de quien se sabe amado

La afabilidad es el quinto fruto del Espíritu en la traducción de la Biblia de Jerusalén (Gal 5,22); otras versiones dicen «amabilidad» o «benignidad». Es la delicadeza en el trato de quien se sabe tratado con misericordia: «Sed más bien buenos entre vosotros, entrañables, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo» (Ef 4,32).

Fruto de la afabilidad: el trato delicado de quien se sabe amado
Fruto de la afabilidad: el trato delicado de quien se sabe amado
Tipo de ficha

Fruto del Espíritu Santo

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Qué significa

Este fruto tiene varios nombres según la traducción. La Biblia de Jerusalén dice «afabilidad» (Gal 5,22); otras Biblias, «amabilidad» o «benignidad». La lista tradicional que recoge el Catecismo (n. 1832) lo llama «benignidad». Se refiere a la manera de tratar a los demás: con cercanía, delicadeza y buen modo.

La Escritura lo presenta como la forma práctica del amor: «amándoos cordialmente los unos a los otros; estimando en más cada uno a los otros» (Rm 12,10). No consiste en un carácter simpático, sino en un trato que viene de haber sido amado primero.

En la Biblia

Es el quinto fruto de Gálatas 5,22: «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad…».

San Pablo da la razón del buen trato: «Sed más bien buenos entre vosotros, entrañables, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo» (Ef 4,32). Y propone un vestido espiritual: «Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia» (Col 3,12).

También pide a los fieles que «no injurien a nadie, que no sean pendencieros sino apacibles, mostrando una perfecta mansedumbre con todos los hombres» (Tit 3,2), y que se amen «cordialmente» (Rm 12,10).

Cómo se nota en la vida

La afabilidad se nota en cosas pequeñas: el tono de voz, la atención a quien tiene delante, la palabra amable antes de pedir un favor, el no humillar al corregir. San Pablo la une al perdón: ser «entrañables» y perdonarse mutuamente (Ef 4,32).

No es debilidad ni hipocresía. Tito la presenta junto a la mansedumbre: no injuriar a nadie y ser apacibles con todos (Tit 3,2). Es el amor cuando se hace trato diario.

El fruto y la virtud

Es un fruto muy cercano a la bondad y a la mansedumbre: san Pablo los junta en la misma enumeración, «entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia» (Col 3,12). El Catecismo no le dedica un apartado propio; lo recoge en la lista tradicional de frutos como «benignidad» (n. 1832). Santo Tomás enumera doce frutos y los agrupa según cómo la mente se ordena respecto de sí misma, del prójimo y de lo inferior (Suma Teológica, I-II, q. 70, a. 3); la afabilidad pertenece al trato con el prójimo.

Cómo cultivarlo

Algunas formas de cultivarla: empezar el día saludando con una sonrisa a la primera persona que se encuentre; cuidar el tono al corregir o al responder un mensaje; agradecer en voz alta; no hablar mal de nadie en su ausencia; y rezar por quien más cuesta tratar con delicadeza. Pedirla al Espíritu antes de una conversación difícil.

Voces de la Iglesia

El Catecismo recoge este fruto en la lista tradicional (n. 1832), como

«benignidad»

. Santo Tomás de Aquino estudia los frutos del Espíritu en la Suma Teológica, I-II, q. 70. En la Escritura, los textos clave son Ef 4,32, Col 3,12, Rm 12,10 y Tit 3,2.

Fuentes de consulta

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