Bautismo: el primer sacramento y la puerta de la vida cristiana

El Bautismo es el primer sacramento y la puerta de todos los demás: libera del pecado, hace hijo de Dios, incorpora a Cristo y a la Iglesia (Catecismo, n. 1213). Se celebra con agua y con las palabras «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

Bautismo: el primer sacramento y la puerta de la vida cristiana
Bautismo: el primer sacramento y la puerta de la vida cristiana
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Sacramento

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El significado de la palabra

«Bautismo» viene del griego baptízein, «sumergir». La inmersión en el agua es imagen de la sepultura con Cristo y de la resurrección con Él (Catecismo, n. 1214). Los primeros cristianos lo llamaron también «baño de regeneración y de renovación en el Espíritu Santo» e «iluminación» (nn. 1215-1216).

En la Biblia

Jesús mismo fue bautizado por Juan en el Jordán: «Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma» (Mt 3,16). Antes de volver al Padre envió a sus discípulos: «haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19). Y a Nicodemo le explicó: «el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3,5).

La Iglesia ve el Bautismo prefigurado en el arca de Noé, en el paso del mar Rojo y en el cruce del Jordán (Catecismo, nn. 1219-1222). Pablo lo explica como morir y resucitar con Cristo: «fuimos bautizados en su muerte» (Rom 6,3), «a fin de que […] vivamos una vida nueva» (Rom 6,4); y dice que «todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo» (Gál 3,27). El día de Pentecostés, Pedro invita: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados» (Hch 2,38).

Cómo se celebra

El rito esencial consiste en sumergir al bautizando en el agua o derramarla sobre su cabeza tres veces, mientras el ministro invoca a la Trinidad (Catecismo, nn. 1239-1240, 1278). Lo administran ordinariamente el obispo, el presbítero y, en la Iglesia latina, el diácono; en caso de necesidad puede bautizar cualquier persona, incluso no bautizada, si quiere hacer lo que hace la Iglesia y usa la fórmula trinitaria (n. 1256).

Puede recibirlo cualquier ser humano aún no bautizado (n. 1246). En los primeros siglos se bautizaba sobre todo a adultos, tras el catecumenado; la Iglesia bautiza también a niños pequeños, una práctica antigua que se conoce desde el siglo II (nn. 1247-1252).

La gracia que da

El Bautismo perdona todos los pecados, el original y los personales, junto con sus penas (n. 1263). Hace de la persona una nueva criatura, hijo adoptivo de Dios, miembro de Cristo y templo del Espíritu Santo (n. 1265), y le da la gracia santificante (n. 1266). La incorpora a la Iglesia y la hace partícipe del sacerdocio común de los fieles (nn. 1267-1268).

Deja además un sello espiritual indeleble, que pertenece a Cristo; por eso solo se recibe una vez (nn. 1272, 1280). Permanecen algunas consecuencias temporales del pecado y la inclinación al mal, que el Catecismo llama concupiscencia (n. 1264).

Cómo se vive hoy

El Bautismo no es un trámite de un día: es el comienzo de una vida. Algunas formas de vivirlo: conocer la fecha de tu bautismo y recordarla cada año; renovar las promesas bautismales en la Vigilia Pascual; santiguarte con agua bendita al entrar en una iglesia; y, si eres padrino o madrina, acompañar de verdad la fe de tu ahijado.

Si quieres profundizar en el símbolo del agua, tienes en esta web un artículo dedicado al agua del bautismo.

Voces de la Iglesia

El Catecismo de la Iglesia Católica dedica al Bautismo los nn. 1213-1284 y lo resume al empezar: es el fundamento de la vida cristiana y la puerta de los demás sacramentos (n. 1213).

Santo Tomás de Aquino trata del Bautismo en la Suma Teológica, III, qq. 66-71.

Fuentes de consulta

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