Envidia y caridad

El Catecismo dice de la envidia que «manifiesta la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo» (n. 2539), y la cuenta entre los siete pecados capitales (n. 1866). San Agustín veía en ella el «pecado diabólico por excelencia». Su virtud contraria es la caridad: «la caridad no es envidiosa» (1 Co 13,4).

Envidia y caridad
Envidia y caridad
Tipo de ficha

Pecados capitales

Lectura

5 min

Qué es

La envidia es un pecado capital: «manifiesta la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea en forma indebida. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal» (Catecismo, n. 2539). Santo Tomás explica que, así como la pereza es tristeza por un bien divino y espiritual, la envidia es tristeza por el bien del prójimo (Suma Teológica, II-II, q. 36, a. 4).

El Catecismo añade que la envidia «representa una de las formas de la tristeza y, por tanto, un rechazo de la caridad; el bautizado debe luchar contra ella mediante la benevolencia» (n. 2540).

En la Biblia

Caín es el ejemplo que cita el Catecismo (n. 2538): Yahveh miró con agrado la ofrenda de Abel y no la de Caín, «por lo cual se irritó Caín en gran manera y se abatió su rostro». Yahveh le advierte: «a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar», y el relato termina así: «se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató» (Gn 4,3-8). El Catecismo cita también al rico que envidiaba la única oveja del pobre, en la historia con que el profeta Natán movió a David al arrepentimiento (2 S 12,1-4).

En la Pasión, el evangelista dice que Pilato «sabía que le habían entregado por envidia» (Mt 27,18). Santiago advierte: «donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad» (St 3,16). Y Pablo: «No busquemos la gloria vana provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente» (Ga 5,26).

Frente a ella, la caridad: «La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe» (1 Co 13,4), y la invitación de Pablo: «Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran» (Rm 12,15).

Cómo se manifiesta

San Gregorio Magno, citado en el Catecismo, señala lo que nace de la envidia: «De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad» (n. 2539; Moralia in Job, 31, 45). El Catecismo añade que «puede conducir a las peores fechorías» y que «la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo» (n. 2538, citando Sb 2,24).

Según el Catecismo, la envidia «procede con frecuencia del orgullo» (n. 2540). Y santo Tomás apunta que hay una envidia especialmente grave: la que se entristece por el bien espiritual del prójimo, por el crecimiento de la gracia de Dios en él (II-II, q. 36, a. 4, ad 2).

Qué dice la Iglesia

El Catecismo enumera la envidia entre los pecados capitales (n. 1866) y le dedica los nn. 2538-2540, al explicar el décimo mandamiento, que «exige que se destierre del corazón humano la envidia» (n. 2538).

San Juan Crisóstomo, citado por el Catecismo, propone el remedio: «¿Querríais ver a Dios glorificado por vosotros? Pues bien, alegraos del progreso de vuestro hermano y con ello Dios será glorificado por vosotros» (n. 2540). Y de la envidia entre los cristianos dice: «Luchamos entre nosotros, y es la envidia la que nos arma unos contra otros» (n. 2538).

La virtud que lo vence

La caridad es la virtud que la vence, y el Catecismo nombra su forma práctica: la benevolencia (n. 2540). Algunas maneras de vivirla: alegrarse con quien se alegra (Rm 12,15); dar gracias por lo que uno ha recibido en vez de mirar lo ajeno; hablar bien de los demás en lugar de la maledicencia o la calumnia, que el Catecismo cita como frutos de la envidia; y rezar por el bien de quien nos duele. Pablo insiste: la caridad «no se engríe» (1 Co 13,4).

Las obras de misericordia espirituales, como consolar al triste o rogar a Dios por los vivos, son la caridad en acción. Todas, en la landing de las obras de misericordia; el conjunto de los pecados capitales y sus virtudes, en la landing de los siete pecados capitales.

Para profundizar

Catecismo de la Iglesia Católica: n. 1866 (los pecados capitales) y nn. 2538-2540 (la envidia). Santo Tomás de Aquino trata la envidia en la Suma Teológica, II-II, q. 36. San Gregorio Magno, Moralia in Job, 31, 45. San Agustín, De disciplina christiana, 7, 7 (citado en el Catecismo). Textos clave de la Escritura: Gn 4,3-8, St 3,14-16, Ga 5,26 y 1 Co 13,4-7.

Fuentes de consulta

Scroll al inicio