Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia: la octava bienaventuranza

«Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos» (Mt 5,10) cierra la serie con la misma promesa con que empezó. Bendice a quien sufre por hacer lo recto, no a quien sufre por cualquier motivo.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia: la octava bienaventuranza
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia: la octava bienaventuranza
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Bienaventuranza

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El significado de las palabras

El participio griego dedioigménoi, en perfecto, significa «los que han sido perseguidos»: describe una situación que ya existe y continúa. La causa es «por la justicia» (héneken dikaiosýnēs): vivir según la voluntad de Dios, la misma «justicia» de la cuarta bienaventuranza.

La promesa repite la de la primera: «de ellos es el Reino de los Cielos», en presente. Primera y octava forman un marco: el Reino abre y cierra la serie. Los estudiosos hablan de inclusión.

En la Biblia

Jesús avisa a sus discípulos: «Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15,20). Pedro retoma la bienaventuranza: «aunque sufrierais a causa de la justicia, dichosos de vosotros» (1 Pe 3,14). Pablo lo dice sin rodeos: quienes quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús «sufrirán persecuciones» (2 Tim 3,12).

Los Hechos muestran el cumplimiento: tras ser azotados, los apóstoles salieron del Sanedrín «contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre» (Hch 5,41).

Qué enseña

No bendice el sufrimiento en sí ni la persecución que alguien se busca: pide que la causa sea la justicia y, en la novena, Cristo. El Catecismo define el martirio como el supremo testimonio de la verdad de la fe, que llega hasta la muerte (n. 2473). Pero la persecución no siempre es sangrienta: puede ser burla, marginación o la pérdida de un trabajo por no mentir.

La Iglesia ha visto en los mártires, desde san Esteban hasta los de hoy, el cumplimiento de esta promesa.

Un testigo que la vivió

San Tomás Becket (c. 1118-1170), arzobispo de Canterbury, murió tras un duro conflicto con el rey Enrique II de Inglaterra sobre la libertad y los derechos de la Iglesia. Su ficha en esta web cuenta su historia.

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Cómo se vive hoy

Algunas maneras de vivirla: mantener la verdad aunque cueste caro; no entrar en la mentira que todos aceptan; soportar la burla por la fe sin responder con odio; y rezar por quienes persiguen, como pidió Jesús (Mt 5,44).

Francisco la lleva a lo cotidiano: «Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad» (Gaudete et exsultate, nn. 90-94).

Voces de la Iglesia

El Catecismo de la Iglesia Católica define el martirio como el supremo testimonio de la verdad de la fe (n. 2473) y presenta las bienaventuranzas como camino hacia la gloria de la Pasión y la Resurrección (n. 1717).

San Agustín y Santo Tomás de Aquino comentan esta bienaventuranza, el primero en su comentario al Sermón del monte y el segundo en la Suma Teológica (I-II, q. 69).

Fuentes de consulta

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