Fruto de la paz: la paz de Cristo en el corazón

La paz es el tercer fruto del Espíritu (Gal 5,22). El Catecismo dice que no es «sólo ausencia de guerra» (n. 2304) y que la paz terrenal es «imagen y fruto de la paz de Cristo» (n. 2305). Jesús la promete como un regalo propio: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo» (Jn 14,27).

Fruto de la paz: la paz de Cristo en el corazón
Fruto de la paz: la paz de Cristo en el corazón
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Fruto del Espíritu Santo

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Qué significa

El Catecismo explica que la paz no se limita a «asegurar el equilibrio de fuerzas adversas» y la describe, con san Agustín, como «tranquilidad del orden»; es obra de la justicia y efecto de la caridad (n. 2304). Santo Tomás de Aquino sostiene lo mismo: la paz es efecto propio de la caridad, porque el amor ordena los deseos hacia Dios y une la voluntad de cada uno con la de su prójimo (Suma Teológica, II-II, q. 29, a. 3).

Tomás añade que la paz incluye la concordia entre personas y también la unidad de los apetitos dentro de una misma persona (a. 1): hay una paz exterior y una paz interior.

En la Biblia

Es el tercer fruto de la lista de Gálatas (Gal 5,22). En el Evangelio, Jesús la ofrece como don: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde» (Jn 14,27).

San Pablo la une a la fe y a la oración: «Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo» (Rm 5,1), y «No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Flp 4,6-7).

La paz también es tarea: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9), y «vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estará con vosotros» (2 Co 13,11).

Cómo se nota en la vida

San Pablo ofrece el camino práctico: no vivir en la inquietud, sino presentar a Dios lo que preocupa «mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias» (Flp 4,6). La paz de Dios, dice, custodia entonces «vuestros corazones y vuestros pensamientos» (Flp 4,7).

Es también una paz hacia fuera. El Catecismo recuerda que la paz exige respetar los bienes de las personas, la comunicación libre y la fraternidad (n. 2304), y Jesús llama bienaventurados a quienes «trabajan por la paz» (Mt 5,9). La paz interior no es indiferencia: lleva a reconciliar.

El fruto y la virtud

El Catecismo cuenta la paz entre los frutos de la caridad: «el gozo, la paz y la misericordia» (n. 1829). Santo Tomás la considera efecto propio del amor (II-II, q. 29, a. 3). En la lista de Gálatas va tras el amor y la alegría.

La paz está además vinculada a una de las bienaventuranzas: «Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mt 5,9). Esa serie la tienes en la página «Las bienaventuranzas» de esta web.

Cómo cultivarlo

Algunas formas de cultivarla: rezar con Flp 4,6-7 cuando algo inquiete; dedicar unos minutos de silencio al inicio o al final del día; reconciliarse con alguien con quien haya una tensión pendiente; no alimentar discusiones inútiles; y recibir el sacramento de la Penitencia, que devuelve la paz con Dios. En esta web tienes además la guía de cómo confesarse bien.

Voces de la Iglesia

El Catecismo trata la paz en los nn. 2302-2317, y en el n. 2304 la define como

«tranquilidad del orden»

, obra de la justicia y efecto de la caridad; en el n. 2305 la presenta como imagen y fruto de la paz de Cristo. Santo Tomás de Aquino la estudia en la Suma Teológica, II-II, q. 29.

Fuentes de consulta

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