Fruto de la paciencia: aguantar con esperanza

La paciencia es el cuarto fruto del Espíritu (Gal 5,22). La Biblia no la presenta como resignación, sino como esperanza que aguanta: «la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza» (Rm 5,3-4). Y es el primer rasgo que san Pablo da del amor: «La caridad es paciente» (1 Co 13,4).

Fruto de la paciencia: aguantar con esperanza
Fruto de la paciencia: aguantar con esperanza
Tipo de ficha

Fruto del Espíritu Santo

Lectura

4 min

Qué significa

La paciencia es la capacidad de soportar lo que cuesta, sin perder la serenidad ni la esperanza. Santo Tomás de Aquino la estudia como virtud (Suma Teológica, II-II, q. 136, a. 1): ayuda a que la razón conserve su buen juicio frente a la tristeza, que de otro modo podría debilitarla.

La lista tradicional que recoge el Catecismo (n. 1832) distingue la «paciencia» de la «longanimidad», una paciencia de larga duración, mientras que Gálatas 5,22 en la Biblia de Jerusalén solo menciona la paciencia.

En la Biblia

Es el cuarto fruto de Gálatas 5,22. San Pablo la vincula a la esperanza: «nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,3-5).

Santiago pone el ejemplo del labrador: «Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia» (St 5,7), y propone como modelo «a los profetas, que hablaron en nombre del Señor» (St 5,10). Añade que «la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas» (St 1,4).

Y entre las cualidades del amor, la primera: «La caridad es paciente, es servicial» (1 Co 13,4). También: «con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor» (Ef 4,2).

Cómo se nota en la vida

Santiago lo explica con una imagen cotidiana: el labrador espera el fruto de la tierra y lo aguarda con paciencia (St 5,7). La paciencia se ejercita con las personas, con las situaciones que no cambian de inmediato y con uno mismo.

San Pablo la ve como parte del amor: soportarse unos a otros por amor (Ef 4,2). No es pasividad: Santiago la une a las «obras perfectas» (St 1,4). Y el Catecismo, al citar a san Pablo, empieza por ella la descripción de la caridad: «La caridad es paciente» (n. 1825).

El fruto y la virtud

La paciencia nace del amor y alimenta la esperanza (Rm 5,3-5). Santo Tomás la sitúa dentro del estudio de la fortaleza (Suma Teológica, II-II, q. 136, a. 4) y se pregunta si se identifica con la longanimidad (a. 5). El Catecismo la cita en su lista de frutos (n. 1832) y, con san Pablo, entre los rasgos de la caridad (n. 1825).

En la lista de Gálatas ocupa el cuarto lugar, tras el amor, la alegría y la paz.

Cómo cultivarlo

Algunas formas de cultivarla: antes de reaccionar, esperar unos segundos y rezar una frase breve; leer St 5,7-11 cuando algo se retrase; aceptar los ritmos de los demás sin empujar; ofrecer una espera concreta del día (una cola, un atasco, una conversación larga); y pedirla expresamente al Espíritu, porque es un fruto que se recibe, no solo un esfuerzo.

Voces de la Iglesia

El Catecismo cita la paciencia en la lista de frutos (n. 1832) y como primer rasgo de la caridad (n. 1825, con 1 Co 13,4). Santo Tomás de Aquino la estudia en la Suma Teológica, II-II, q. 136. En la Escritura, los textos clave son Rm 5,3-5, St 5,7-11 y 1 Co 13,4.

Fuentes de consulta

Scroll al inicio