Bienaventurados los pacificadores: la séptima bienaventuranza

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9) no bendice a los pacíficos que evitan el conflicto, sino a los que construyen la paz. Quien hace paz se parece a Dios, y por eso recibe su nombre: hijo.

Bienaventurados los pacificadores: la séptima bienaventuranza
Bienaventurados los pacificadores: la séptima bienaventuranza
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Bienaventuranza

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El significado de las palabras

El griego eirēnopoioi, «hacedores de paz», es una palabra compuesta: eirēnē, «paz», y poiéō, «hacer». Solo aparece aquí en todo el Nuevo Testamento. No dice «pacíficos», que es el que no molesta, sino «los que hacen la paz».

Detrás está el hebreo shalom, que no es solo ausencia de guerra: significa plenitud, bienestar y una relación recta con Dios, con los demás y con uno mismo. «Hijos de Dios» (huioi theoû) expresa semejanza: el hijo se parece al padre.

En la Biblia

Isaías anuncia al «Príncipe de Paz» (Is 9,5) y sueña con un tiempo en que «forjarán de sus espadas azadones» (Is 2,4). Cristo cumple esa promesa: «él es nuestra paz» (Ef 2,14), y por su cruz reconcilió todas las cosas (Col 1,20). Jesús dice: «mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo» (Jn 14,27).

Pablo lo traduce en actitud: «en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres» (Rom 12,18). Santiago añade: «Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz» (Sant 3,18). Y Jesús enseña un primer paso práctico: ir a reconciliarse con el hermano antes de llevar la ofrenda al altar (Mt 5,23-24).

Qué enseña

El Catecismo explica que la paz no es solo ausencia de guerra: exige proteger los bienes de las personas, la libre comunicación, el respeto a la dignidad y la práctica constante de la fraternidad (n. 2304). Añade que la paz terrena es imagen y fruto de la paz de Cristo, y llama bienaventurados a quienes la construyen (n. 2305).

La paz que Jesús bendice cuesta: obliga a salir al encuentro, a escuchar y a ceder. Por eso viene después de la limpieza de corazón: es difícil hacer paz fuera cuando no se tiene dentro.

Un testigo que la vivió

El beato Marino de Cava fue monje benedictino y séptimo abad de la Santísima Trinidad de Cava, en Campania. Se distinguió por su fidelidad a la Sede Apostólica, su gobierno prudente y su labor de mediación en tiempos de tensión política. Su ficha en esta web recoge su historia.

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Cómo se vive hoy

Algunas maneras de vivirla: ser el primero en pedir perdón; no repetir lo que divide; mediar sin tomar partido por orgullo; defender al débil sin atacar al otro.

Francisco lo resume así: «Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad» (Gaudete et exsultate, nn. 87-89).

Voces de la Iglesia

El Catecismo de la Iglesia Católica trata la paz en los nn. 2304-2306 y cita la bienaventuranza de los que construyen la paz en el n. 2305.

San Juan XXIII dedicó a la paz la encíclica Pacem in terris (1963), dirigida a todos los hombres de buena voluntad.

Fuentes de consulta

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