Simeón en la Biblia:la Presentación del Señor, el Nunc dimittis y la profecía a María

Simeón aparece solo en unas pocas líneas de Lucas 2, pero sus palabras atraviesan toda la teología de la infancia de Jesús. Justo y piadoso, movido por el Espíritu Santo y en espera de la «consolación de Israel», reconoce al niño presentado en el Templo como la salvación de Dios, «luz para alumbrar a las naciones» y gloria de Israel. Su cántico —el Nunc dimittis—, su anuncio del «signo de contradicción» y la profecía de la espada dirigida a María convierten la Presentación del Señor en una de las escenas más densas del Evangelio de Lucas.

Quién fue Simeón en la Biblia

Simeón es un personaje del Evangelio de Lucas que aparece en el relato de la Presentación de Jesús en el Templo (Lc 2,25-35). Lucas lo describe como un hombre justo y piadoso, que esperaba la «consolación de Israel» y sobre quien estaba el Espíritu Santo.

El evangelista añade un dato decisivo: el Espíritu le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por ese mismo Espíritu, Simeón entra en el Templo precisamente cuando María y José llevan allí al niño Jesús.

El encuentro dura apenas unos versículos, pero Simeón reconoce en el niño algo que la mayoría de quienes se encuentran en el Templo no perciben. Lo toma en brazos, bendice a Dios y pronuncia un cántico que la tradición cristiana conoce por sus primeras palabras latinas: Nunc dimittis.

DatoQué dice Lucas 2
NombreSimeón
DescripciónJusto y piadoso
EsperanzaEsperaba la consolación de Israel
Relación con el EspírituEl Espíritu Santo estaba sobre él
Promesa recibidaNo moriría antes de ver al Mesías del Señor
EncuentroReconoce a Jesús en el Templo
CánticoNunc dimittis
ProfecíaJesús será signo de contradicción; una espada atravesará el alma de María
Compañera narrativaAna la profetisa

La Presentación del Señor: qué ocurrió en el Templo

La historia de Simeón no puede entenderse separada de la Presentación del Señor. Lucas cuenta que María y José llevan a Jesús a Jerusalén «según la Ley del Señor». El episodio reúne varias prescripciones de la Ley de Moisés relacionadas con el nacimiento, la purificación ritual y la condición del primogénito.

La tradición litúrgica sitúa esta escena cuarenta días después del nacimiento de Jesús. Benedicto XVI explicaba que María y José llevan al niño al Templo para ofrecerlo al Señor y cumplir las prescripciones rituales vinculadas al nacimiento del primogénito.

Lucas menciona también la ofrenda de un par de tórtolas o dos pichones. Esta ofrenda, prevista en Levítico para quienes no podían ofrecer un cordero, ha sido leída tradicionalmente como un indicio de la condición humilde de la familia de Jesús.

La escena, por tanto, no presenta a Jesús entrando en el Templo con señales visibles de poder. Entra como un niño de una familia humilde. Precisamente allí, Simeón y Ana perciben en él el cumplimiento de una espera mucho mayor.

María y José presentan a Jesús en el Templo de Jerusalén

¿Presentación de Jesús o purificación de María?

Históricamente, la fiesta del 2 de febrero ha recibido distintos acentos y nombres. El relato de Lucas relaciona tanto la presentación del primogénito como las prescripciones de purificación después del parto.

La liturgia romana actual la celebra como Fiesta de la Presentación del Señor, poniendo el centro en Cristo. Antiguamente fue conocida también como la Purificación de María. Ambas dimensiones proceden de elementos presentes en Lucas 2, pero el título litúrgico actual subraya la entrada de Cristo en el Templo.

Por qué la Presentación del Señor se celebra el 2 de febrero

La fiesta se celebra el 2 de febrero, cuarenta días después del 25 de diciembre. El número procede del periodo ritual asociado al nacimiento de un hijo varón en Levítico 12.

De ahí que la Presentación funcione litúrgicamente como una prolongación de los temas de Navidad y Epifanía: el niño nacido en Belén es reconocido en el Templo como luz para Israel y para las naciones.

¿Simeón era sacerdote?

La Biblia no dice que Simeón fuera sacerdote. Lucas lo llama hombre justo y piadoso, pero no le atribuye un cargo sacerdotal, levítico o institucional dentro del Templo.

El hecho de que aparezca en el Templo y tome al niño en brazos ha llevado al arte y a algunas tradiciones posteriores a representarlo con rasgos sacerdotales. Sin embargo, esa identificación no debe presentarse como dato del Evangelio.

¿Simeón era anciano?

La tradición cristiana suele representar a Simeón como un hombre anciano, y numerosos textos litúrgicos y homiléticos lo describen así. El propio sentido de su cántico —estar preparado para morir después de haber visto al Mesías— favoreció esa interpretación.

Sin embargo, Lucas 2 no proporciona su edad. El texto afirma que no moriría antes de ver al Mesías, pero no dice cuántos años tenía. Por eso es prudente distinguir entre la imagen tradicional del «anciano Simeón» y el dato estrictamente bíblico.

«Esperaba la consolación de Israel»: qué significa

Lucas define a Simeón como alguien que esperaba la «consolación de Israel». La expresión pertenece al lenguaje de la esperanza profética y mesiánica de Israel.

No significa simplemente que Simeón buscara consuelo personal antes de morir. Esperaba la intervención salvadora de Dios en favor de su pueblo. Benedicto XVI lo describió como portador de una esperanza antigua, capaz de reconocer en el niño aquello que generaciones de profetas habían deseado contemplar.

El Espíritu Santo y Simeón

La breve presentación de Simeón contiene una concentración extraordinaria de referencias al Espíritu Santo. Lucas dice que el Espíritu estaba sobre él, que el Espíritu le había hecho una revelación y que vino al Templo movido por el Espíritu.

Esto convierte a Simeón en una figura profética. No reconoce a Jesús por información exterior, posición social o señales de poder, sino porque el Espíritu le permite interpretar el acontecimiento.

La escena anticipa además un tema fundamental de Lucas-Hechos: el Espíritu Santo guía a personas y comunidades para reconocer la acción de Dios y dar testimonio de ella.

El Nunc dimittis: el cántico de Simeón

Cuando Simeón toma a Jesús en brazos, bendice a Dios con unas palabras que comienzan en latín Nunc dimittis servum tuum, Domine: «Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz».

El cántico ocupa Lucas 2,29-32 y se ha convertido en una de las oraciones bíblicas más importantes de la liturgia cristiana. En la Liturgia de las Horas se reza diariamente en Completas, la oración nocturna de la Iglesia.

Simeón puede irse en paz porque sus ojos han visto la salvación prometida. La paz no procede de que haya desaparecido todo conflicto, sino de haber reconocido que la promesa de Dios está cumpliéndose.

Simeón pronuncia el Nunc dimittis con el niño Jesús en brazos

«Luz para alumbrar a las naciones»: por qué esta frase es tan importante

Simeón no limita la misión del niño a Israel. Habla de una salvación preparada ante todos los pueblos y llama a Jesús «luz para alumbrar a las naciones» y gloria de Israel.

Juan Pablo II subrayó que esta frase reúne la esperanza de Israel y, al mismo tiempo, abre explícitamente el horizonte hacia los gentiles. En el conjunto de Lucas-Hechos, esta universalidad llegará a ser uno de los grandes temas de la misión cristiana.

La imagen de la luz está también detrás de la tradición de las velas en la fiesta del 2 de febrero.

La Candelaria: por qué se bendicen velas el 2 de febrero

La Presentación del Señor es conocida popularmente como la Candelaria o Candlemas. La celebración comienza tradicionalmente con la bendición de las velas y una procesión.

La USCCB explica que las velas simbolizan a Cristo como luz del mundo, en conexión directa con las palabras de Simeón. León XIV abrió la celebración de 2026 con la bendición de las velas y una procesión antes de la Eucaristía.

Por tanto, las candelas no son un elemento folclórico añadido sin relación con el Evangelio: hacen visible litúrgicamente la proclamación de Simeón sobre la luz destinada a todas las naciones.

Candelaria y velas como símbolo de Cristo luz para las naciones

«Este niño está puesto para caída y levantamiento de muchos»

Después del cántico, el tono cambia. Simeón bendice a María y José y anuncia que Jesús está destinado a ser causa de caída y levantamiento de muchos en Israel.

La expresión evita una imagen sentimental de la infancia de Jesús. El niño reconocido como salvación y luz será también un punto de decisión. Su presencia revelará posiciones, resistencias y respuestas opuestas.

La vida pública de Jesús confirmará ese patrón: algunas personas lo seguirán, otras lo rechazarán y sus palabras provocarán controversia.

Qué significa que Jesús sea «signo de contradicción»

Simeón llama a Jesús un «signo de contradicción». La frase señala que su misión no producirá una aceptación uniforme.

Juan Pablo II relacionó esta profecía con la futura cruz: la luz será rechazada y el camino del Mesías incluirá oposición y sufrimiento. La Presentación, por tanto, proyecta una primera sombra de la Pasión dentro de los relatos de la infancia.

«Una espada atravesará tu alma»: la profecía de Simeón a María

Las palabras más conocidas de Simeón dirigidas a María anuncian que una espada atravesará su alma. Lucas no describe una espada física; se trata de una imagen profética de dolor y prueba.

La tradición cristiana ha relacionado estas palabras con la participación de María en el sufrimiento de su hijo, especialmente con la Pasión. Benedicto XVI interpretó la profecía como anuncio de una fe probada y de la participación dolorosa de María en el camino de Cristo.

La escena une así Navidad y Pascua. Jesús es proclamado luz, pero esa luz avanzará hacia la contradicción, la cruz y la resurrección.

Simeón anuncia a María que una espada atravesará su alma

Simeón y Ana: dos testigos en el Templo

Después de Simeón aparece Ana la profetisa. Lucas presenta a ambos como figuras que representan la espera fiel de Israel.

Simeón toma al niño en brazos y pronuncia el cántico; Ana da gracias a Dios y habla del niño a quienes esperaban la redención de Jerusalén. La escena se construye así con dos testigos, un hombre y una mujer, ambos vinculados a la oración, la espera y el reconocimiento del Mesías.

Puedes ampliar la segunda figura en nuestro artículo sobre Ana la profetisa en la Biblia.

Simeón y Ana reconocen a Jesús en el Templo de Jerusalén

¿Simeón fue profeta?

Lucas no le da formalmente el título de «profeta» como sí hace con Ana, a quien llama expresamente profetisa. Sin embargo, Simeón realiza una función claramente profética: habla movido por el Espíritu, interpreta el significado de Jesús y anuncia acontecimientos futuros.

Por eso es legítimo hablar de su carácter profético, siempre que no se confunda con un título que Lucas no utiliza de manera explícita.

¿Qué pasó con Simeón después de la Presentación?

El Nuevo Testamento no vuelve a mencionar a Simeón. No sabemos cuándo murió, dónde fue enterrado ni qué ocurrió con él después de aquel encuentro.

Las tradiciones posteriores desarrollaron relatos sobre su edad, su identidad y sus reliquias, pero no pueden tratarse como información biográfica procedente de Lucas.

¿Es Simeón el mismo personaje que otros Simeones de la Biblia?

No debe confundirse con Simeón, hijo de Jacob, antepasado de una de las tribus de Israel, ni con Simeón llamado Níger, mencionado en Hechos 13,1.

El Simeón de Lucas 2 es una figura distinta cuya aparición está limitada al episodio de la Presentación de Jesús en el Templo.

La Presentación del Señor y la Jornada de la Vida Consagrada

Desde 1997, la Iglesia católica vincula el 2 de febrero con la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, instituida por san Juan Pablo II.

La conexión parte del tema de la consagración de Cristo y de la luz. La USCCB recuerda que la fiesta de la Presentación, conocida también como Candelaria, utiliza las velas como símbolo de Cristo luz del mundo, mientras la vida consagrada está llamada a reflejar esa luz.

Qué enseña la historia de Simeón

Esperar no es pasividad. Simeón espera la consolación de Israel, pero permanece atento al Espíritu y se mueve cuando llega el momento.

Lo decisivo puede llegar de forma humilde. El Mesías aparece como un niño llevado por una familia pobre, no en una manifestación política espectacular.

La salvación tiene horizonte universal. Simeón ve en Jesús una luz destinada también a las naciones.

La luz no elimina la contradicción. El mismo niño es proclamado salvación y signo que provocará oposición.

La esperanza cristiana mira más allá de la muerte. Simeón puede hablar de partir «en paz» porque interpreta su vida desde el cumplimiento de la promesa recibida.

Preguntas frecuentes sobre Simeón y la Presentación del Señor

Conclusión: Simeón reconoce en un niño la luz que esperaba

La importancia de Simeón no depende de una larga biografía. Lucas no cuenta dónde nació, qué profesión tenía ni cómo terminó su vida. Lo esencial es el instante en que reconoce a Jesús.

En un niño llevado al Templo por una familia humilde, Simeón contempla el cumplimiento de la promesa: salvación, luz y gloria. Pero su profecía introduce también la cruz. Jesús será signo de contradicción y María conocerá el dolor.

Por eso la Presentación del Señor es mucho más que una escena tierna de la infancia. Une Navidad y Pascua, Israel y las naciones, promesa y cumplimiento, luz y contradicción. Simeón aparece durante unos minutos y desaparece del relato, pero sus palabras continúan rezándose cada noche en la liturgia de la Iglesia.

Fuentes y bibliografía para profundizar

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