Día 22 · Una pausa para leer, reflexionar y orar

«Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo, ayuda mi incredulidad.»
Marcos 9:24 · Reina-Valera 1909
🌅 Reflexión
El padre que se acerca a Jesús no presenta una fe impecable. Llega preocupado por su hijo, cansado de una situación que no puede resolver y con una confianza mezclada con dudas. Su oración es breve y profundamente sincera: cree, pero reconoce que su fe necesita ayuda.
A veces pensamos que para acercarnos a Dios primero debemos ordenar todas nuestras certezas. Sin embargo, este hombre hace lo contrario: lleva su contradicción directamente a Jesús. No disfraza la inseguridad ni se avergüenza de ella. La fe bíblica no siempre habla con voz firme; también puede temblar, preguntar y pedir auxilio.
Si hoy tu confianza es pequeña, no necesitas fabricarte una emoción que no tienes. Puedes empezar con lo que hay. Tal vez solo puedas decir: «Quiero creer, pero me cuesta». Esa oración ya abre un espacio de encuentro. Dios no necesita una actuación religiosa; recibe un corazón que se presenta con verdad. La fe puede crecer precisamente cuando dejamos de fingir que nunca dudamos.
💭 Pregunta para hoy
👣 Acción práctica
Escribe una frase que empiece por «Creo que…» y otra que empiece por «Me cuesta creer que…». Preséntalas juntas a Dios, sin corregir ninguna de las dos.
🙏 Oración
Jesús, hoy no quiero ocultarte mis dudas. Hay cosas que creo y otras que todavía me cuesta confiar. Recibe mi fe pequeña tal como está y ayúdame donde no alcanzo. Líbrame de fingir seguridad para parecer más espiritual. Dame paciencia para seguir caminando, sabiduría para hacer mi parte y un corazón abierto a tu presencia incluso cuando no entiendo lo que sucede. Creo; ayuda mi incredulidad. Amén.
📖 Profundiza en la lectura
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