Salomé destaca entre las santas mujeres que acompañaron a Jesucristo en el Calvario. Su presencia firme en la crucifixión, como madre de los apóstoles Santiago y Juan y fiel seguidora desde Galilea, constituye un testimonio fundamental de fe, lealtad y devoción evangélica.
- Introducción: Salomé en la crucifixión
- La identidad bíblica e histórica de Salomé
- Salomé y el grupo de las mujeres servidoras de Galilea
- La escena del Gólgota: Salomé al pie de la Cruz
- La dimensión teológica de la presencia de Salomé en la crucifixión
- La interpretación de Salomé en la tradición y la exégesis cristiana
- Del Calvario al Sepulcro: La continuidad de la devoción de Salomé
- Salomé en el arte, la iconografía y la tradición cultural cristiana
- Conclusión: El legado imperecedero de Salomé
- 📚 Bibliografía y Fuentes de Consulta
Introducción: Salomé en la crucifixión
La narración de la Pasión y Muerte de Jesucristo en los Evangelios no solo relata el juicio, las burlas y el martirio del Mesías, sino que también deja constancia de la fidelidad silenciosa pero inquebrantable de un pequeño grupo de seguidores. Entre ellos sobresale un núcleo de mujeres que, desafiando el peligro, el estigma social y la presencia de la guardia romana, permanecieron cerca de la Cruz hasta el último aliento de Jesús.
Una de las figuras centrales en este grupo es Salomé, identificada tradicionalmente en la exégesis cristiana como la madre de los hijos de Zebedeo (Santiago el Mayor y Juan el Evangelista) y una de las más abnegadas discípulas que sirvieron al Maestro desde los inicios de su ministerio público en Galilea.
La presencia de Salomé en el Gólgota no es un detalle anecdótico en el texto sagrado; posee un profundo significado teológico, histórico y testimonial. En un momento en que la mayoría de los discípulos varones se habían dispersado por temor a represalias, Salomé permaneció en el sitio del suplicio junto a María, la madre de Jesús, María Magdalena y otras piadosas mujeres. Comprender la identidad, el papel y el contexto histórico-religioso de Salomé en el evento crucial de la crucifixión permite profundizar en el conocimiento de la primitiva comunidad cristiana y en el valor del testimonio femenino en los momentos más trascendentales de la historia de la Salvación.
La identidad bíblica e histórica de Salomé

Para comprender plenamente el papel de Salomé en la crucifixión, es indispensable analizar cómo la identifican las fuentes neotestamentarias y cuál era su posición dentro del entorno familiar y apostólico de Jesús.
Salomé en las referencias de los Evangelios Sinópticos
El nombre de Salomé aparece de manera explícita en el Evangelio de Marcos. En el relato de la crucifixión, el evangelista escribe:
«Había también unas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, las cuales, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.» (Marcos 15,40-41)
Posteriormente, Marcos vuelve a mencionar a Salomé al inicio del capítulo 16, cuando relata la visita de las mujeres al sepulcro en la mañana del domingo de Resurrección para ungir el cuerpo de Jesús con perfumes y especias aromáticas (Marcos 16,1).
Por su parte, el Evangelio de Mateo, al describir la misma escena en el Calvario, utiliza una formulación complementaria:
«Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole; entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.» (Mateo 27,55-56)
La comparación armónica entre ambos relatos ha llevado a la exégesis clásica a identificar inequívocamente a la «Salomé» mencionada por Marcos con «la madre de los hijos de Zebedeo» mencionada por Mateo.
Parentesco y relación con la familia de Jesús

La tradición teológica e historiográfica ha analizado con detenimiento el posible parentesco entre Salomé y María, la madre de Jesús. Al cotejar el texto de Juan 19,25 —donde se menciona a la madre de Jesús, a la hermana de su madre, María la de Cleofás, y a María Magdalena— con los pasajes sinópticos de Mateo y Marcos, diversos teólogos y padres de la Iglesia han propuesto que Salomé podría haber sido la hermana de la Virgen María.
Si esta interpretación es correcta, Salomé habría sido tía materna de Jesús, y sus hijos, Santiago el Mayor y Juan el Evangelista, habrían sido primos hermanos del Señor. Esta vinculación familiar explicaría no solo el alto nivel de cercanía y confianza de Salomé con la Sagrada Familia, sino también la audacia de la petición relatada en Mateo 20,20-21, donde Salomé se acerca a Jesús para pedir que sus dos hijos se sienten a su derecha y a su izquierda en su Reino.
El significado del nombre Salomé en el contexto judío del siglo I

El nombre Salomé proviene del hebreo Shalom (שָׁלוֹם), que significa «paz» o «la que es pacífica». En la Palestina del siglo I, bajo el dominio del Imperio Romano, Salomé era un nombre ampliamente difundido entre las mujeres judías de diversos estratos sociales. La presencia de este nombre en las fuentes bíblicas no solo conecta a la discípula con el entorno lingüístico y cultural de la Galilea del primer siglo, sino que evoca la vocación de paz y plenitud espiritual que caracterizó su itinerario de fe junto al Mesías.
Salomé y el grupo de las mujeres servidoras de Galilea
El papel de Salomé en la crucifixión no surge de forma espontánea; es el resultado y el punto culminante de un largo seguimiento caracterizado por el servicio, el discipulado activo y el sostenimiento material y espiritual de la misión de Jesús.
El concepto del «seguimiento» (akoloutheo) y el «servicio» (diakoneo)

En Marcos 15,41 se utilizan dos verbos griegos fundamentales para describir la actitud de Salomé y sus compañeras: akoloutheo (seguir) y diakoneo (servir o ministrar). En el contexto del Nuevo Testamento, estos dos verbos no describen una mera presencia casual o una simpatía superficial, sino las condiciones indispensables del verdadero discipulado.
- El seguimiento (akoloutheo): Salomé dejó su hogar y su entorno cotidiano en la región del lago de Genesaret para acompañar a Jesús en su itinerante predicación por las aldeas de Galilea y en el viaje definitivo hacia Jerusalén.
- El servicio (diakoneo): Las mujeres no eran solo espectadoras de los milagros y enseñanzas; ponían sus recursos económicos, bienes y trabajo personal al servicio del grupo apostólico, garantizando el sustento logístico del Maestro y de los Doce.
El estatus social y financiero de la familia de Zebedeo

El Evangelio de Marcos menciona en su primer capítulo que Zebedeo, el esposo de Salomé, poseía una empresa pesquera en el Mar de Galilea con jornaleros a su cargo (Marcos 1,20). Esto indica que la familia gozaba de una posición socioeconómica acomodada dentro del contexto rural galileo. Salomé disponía de medios propios para financiar el ministerio itinerantemente, lo que le permitió sufragar los gastos del viaje a Jerusalén y la posterior compra de los aromas para la sepultura.
La presencia constante junto a los apóstoles
A diferencia de otros personajes que aparecen de manera episódica en los Evangelios, Salomé forma parte de la comunidad permanente que rodea a Jesús. Su condición de madre de dos de los apóstoles más cercanos al Maestro —Santiago y Juan, quienes junto a Pedro integraban el círculo íntimo del Señor— sitúa a Salomé en una posición de testimonio directo frente a los acontecimientos más relevantes de la vida pública de Cristo, desde la Transfiguración hasta la agonía en Getsemaní y la posterior crucifixión en el Gólgota.
La escena del Gólgota: Salomé al pie de la Cruz
El momento cumbre de la presencia de Salomé en el texto bíblico se sitúa en la tarde del Viernes Santo, durante el martirio y la muerte de Jesús de Nazaret en el monte Calvario.
La distancia y la firmeza del testimonio

Tanto Mateo como Marcos señalan que las mujeres contemplaban la escena «de lejos» (apo makrothen). Esta precisión histórica refleja la realidad del cordón de seguridad establecido por la cohorte romana alrededor de la cruz para evitar altercados o intentos de rescate. A pesar de la distancia impuesta por las lanzas romanas y la agresividad de las autoridades religiosas, el hecho de mantenerse firmes en el lugar del suplicio constituye un acto de valentía sobresaliente.
Mientras que la mayoría de los apóstoles se habían escondido tras el arresto de Jesús en el Huerto de los Olivos por miedo a ser detenidos y ajusticiados, Salomé y las piadosas mujeres no ocultaron su afiliación con el condenado. Su presencia pública a la vista de los verdugos y de la multitud representaba un testimonio abierto de lealtad absoluta.
El contraste entre la dispersión masculina y la fidelidad femenina

La presencia de Salomé en la crucifixión pone de relieve una de las paradojas más significativas de los Evangelios: el contraste entre la conducta de los discípulos varones y la de las discípulas mujeres durante la Pasión.
| Grupo de discípulos | Actitud durante la Pasión y Crucifixión | Pasajes evangélicos de referencia |
| Los Doce Apóstoles (Varones) | Dispersión, huida, negación (Pedro) y ocultamiento por temor a las autoridades. | Mateo 26,56; Marcos 14,50; Juan 18,25-27 |
| Las Santas Mujeres (Salomé, María, Magdalena) | Acompañamiento continuo, presencia firme en el Calvario, observación de la sepultura y preparación de aromas. | Mateo 27,55-56; Marcos 15,40-47; Lucas 23,49 |
Salomé no solo representaba su propia devoción personal, sino también el amor maternal que acompañaba el dolor de la Virgen María y el testimonio vivo de la Iglesia naciente que no abandona al Redentor en el momento de la prueba suprema.
La dimensión teológica de la presencia de Salomé en la crucifixión
La presencia de Salomé en el Calvario no responde únicamente a un impulso afectivo o a una mera lealtad familiar, sino que guarda un profundo significado dentro de la teología de la Redención y la eclesiología primitiva.
La transformación de la petición materna

Uno de los episodios más recordados en los que interviene Salomé antes de la Pasión es la petición referida en Mateo 20,20-23. En aquel pasaje, Salomé se presenta ante Jesús junto con sus dos hijos (Santiago y Juan) para suplicar que ambos ocupen los lugares de honor —uno a su derecha y otro a su izquierda— en su Reino.
En la cultura judía del primer siglo, marcada por las expectativas mesiánicas de un restablecimiento político de la dinastía davídica, Salomé concebía el Reino de Dios bajo parámetros de soberanía terrenal y gloria manifiesta. La respuesta de Jesús en aquel momento fue profética y pedagógica: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?» (Mateo 20,22).
Al pie de la Cruz, la perspectiva de Salomé experimenta una purificación completa:
- Comprensión de la naturaleza del Reino: En el Calvario, Salomé contempla la verdadera «entronización» del Mesías, cuya corona no es de oro sino de espinas, y cuyo trono es el madero del suplicio.
- Reconocimiento de los lugares a la derecha y a la izquierda: Aquellos lugares que ella había solicitado para sus hijos están ocupados en el Gólgota por dos ladrones crucificados junto a Jesús (Marcos 15,27).
- Aceptación del cáliz del sufrimiento: Al no huir y permanecer junto al Señor crucificado, Salomé comienza a beber, en la dimensión del dolor y la fidelidad, el cáliz que Jesús había anunciado a su familia.
Salomé como testigo de la Nueva Alianza
En el pensamiento patrístico y en los comentarios teológicos sobre los Evangelios, las mujeres presentes en la crucifixión son reconocidas como las verdaderas albaceas del testimonio de la Nueva Alianza. Mientras que el Sanedrín y las autoridades romanas proclamaban la ejecución de un ajusticiado más, y la multitud se dispersaba tras la agonía del Señor, Salomé permanece como testigo ocular de los acontecimientos cósmicos y teológicos que acompañaron la muerte de Jesús: las tinieblas sobre la tierra, el rasgado del velo del Templo y la confesión del centurión romano (Marcos 15,33-39).
La mirada de Salomé, fijada en el Crucificado, conecta la predicación a orillas del Mar de Galilea con el acto supremo de la Redención. Su testimonio garantizó a la primitiva comunidad cristiana que la fe no se sustentaba en elaboraciones teóricas, sino en la contemplación directa de la entrega de la vida del Hijo de Dios.
La interpretación de Salomé en la tradición y la exégesis cristiana

A lo largo de los siglos, la figura de Salomé en el entorno de la crucifixión ha sido objeto de estudio, veneración y profundización teológica por parte de los Padres de la Iglesia y la historiografía cristiana.
La identificación con la «madre de los hijos de Zebedeo»
La identificación de Salomé con la madre de Santiago y Juan no es una mera conjetura histórica, sino una constante en la tradición bíblica respaldada por los principales exegetas antiguos y modernos:
- San Juan Crisóstomo (Siglo IV): En sus Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, destaca la figura de la madre de los hijos de Zebedeo como un modelo de fe que, tras haber demostrado una ambición imperfecta al inicio, se transforma en un ejemplo de fortaleza inquebrantable durante la Pasión.
- San Jerónimo (Siglo IV-V): En sus comentarios bíblicos y sus escritos sobre la geografía de la Tierra Santa, reafirma la equivalencia entre la Salomé de Marcos y la madre de los apóstoles mencionada por Mateo, subrayando su papel preeminente entre las mujeres piadosas de Galilea.
- Teofilacto de Bulgaria (Siglo XI): Analiza cómo la presencia de Salomé en la Cruz redime su pretensión inicial, demostrando que su amor por Cristo no dependía del triunfo terrenal, sino de la adhesión a su persona divina.
Salomé en los escritos apócrifos y la tradición patrística
Además de las fuentes canónicas del Nuevo Testamento, la literatura cristiana antigua dedicó considerable atención a Salomé. Aunque los escritos apócrifos (como el Protoevangelio de Santiago o el Evangelio de Tomás) deben ser leídos con cautela crítica por no formar parte del canon inspirado, demuestran la enorme relevancia de Salomé en la memoria colectiva del cristianismo primitivo.
En muchos de estos textos apócrifos, Salomé es retratada como una mujer de profunda búsqueda espiritual que hace preguntas cruciales sobre la identidad del Salvador y la naturaleza de la salvación. Aunque algunos pasajes de los apócrifos le atribuyen roles simbólicos o diálogos filosóficos ajenos al sobrio estilo evangélico, la tradición ortodoxa y católica ha preservado la imagen de Salomé que emana estrictamente de los evangelios canónicos: la discípula humilde, generosa y valiente que acompañó al Señor hasta la sepultura.
Del Calvario al Sepulcro: La continuidad de la devoción de Salomé
La misión de Salomé no concluyó cuando Jesús expiró en la Cruz. El texto sagrado demuestra una continuidad absoluta en el servicio de las mujeres que abarca desde la crucifixión hasta la mañana de la Resurrección.
La observación del enterramiento
El Evangelio de Marcos relata que, tras la muerte de Jesús, José de Arimatea solicitó el cuerpo a Poncio Pilato, lo bajó de la cruz, lo envolvió en un lienzo fino y lo depositó en un sepulcro excavado en la roca. Tanto Marcos (15,47) como Mateo (27,61) señalan expresamente que las mujeres —entre las que se encontraba Salomé— estuvieron observando atentamente dónde y cómo era colocado el cuerpo del Señor.
Esta observación meticulosa no era un simple gesto de duelo emotivo, sino una previsión práctica y religiosa. Debido a la inminencia del descanso sabático (el Sabbat), el embalsamamiento de Jesús tuvo que realizarse de manera apresurada. Salomé y sus compañeras memorizaron el lugar exacto para regresar tan pronto como concluyera el reposo preceptivo de la Ley mosaica.
La compra de los perfumes y especias aromáticas

Una vez pasado el día de reposo, en la tarde del sábado, Salomé demostró nuevamente su devoción práctica y su generosidad económica:
«Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Santiago, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.» (Marcos 16,1)
El acto de comprar especias finas (mirra, áloe y aceites perfumados) implicaba un gasto considerable y un esfuerzo logístico en una ciudad convulsa tras las ejecuciones de la Pascua. Para Salomé, rendir honores fúnebres al cuerpo de Jesús era la última expresión de amor filial y espiritual que podía ofrecer a quien había sido su Maestro y Señor.
El anuncio de la Resurrección

Al dirigirse al sepulcro en las primeras horas del domingo, Salomé y sus compañeras se convirtieron en las primeras destinatarias de la noticia más trascendental de la historia humana. Ante la tumba vacía, el ángel les anunció:
«No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde le pusieron.» (Marcos 16,6)
De este modo, Salomé, que había sido testigo ocular del sufrimiento y la muerte en la Cruz, fue constituida también en testigo de la tumba vacía, uniendo indiscutiblemente la verdad del sacrificio del Calvario con la victoria de la Resurrección.
Salomé en el arte, la iconografía y la tradición cultural cristiana

El impacto de la presencia de Salomé en la crucifixión trasciende las páginas del texto bíblico y se proyecta con fuerza en la historia del arte sacro, la liturgia y la piedad popular.
La iconografía de Salomé en el Calvario
A lo largo de los siglos, la pintura y la escultura cristianas han representado la escena del Gólgota apoyándose en los relatos evangélicos. Salomé aparece representada frecuentemente formando grupo con las Santas Mujeres al pie de la Cruz:
- Arte Bizantino y Medieval: En los frescos y miniaturas medievales, Salomé suele figurar sosteniendo a la Virgen María en el momento de la desolación o con el rostro vuelto hacia la Cruz en actitud de oración.
- El Renacimiento y el Barroco: Pintores de la talla de Giotto, Fra Angelico y posteriormente maestros del Barroco como Caravaggio o Zurbarán encarnaron la figura de Salomé resaltando la dignidad, el dolor contenido y la devoción maternal. Salomé es distinguida a menudo por sus vestiduras de época y por llevar consigo el frasco de perfumes que utilizaría en el embalsamamiento.
La devoción popular y las tradiciones locales
En diversas partes de la Cristiandad, la memoria de Salomé ha sido preservada con especial fervor:
- Las Santas Marías en la Provenza (Francia): Una arraigada tradición mediterránea sostiene que, tras las primeras persecuciones en Jerusalén, Salomé, María de Cleofás y María Magdalena desembarcaron en las costas del sur de Francia (Saintes-Maries-de-la-Mer), llevando consigo la fe cristiana al continente europeo.
- Veneración Litúrgica: En el martirologio romano y en las Iglesias de Oriente, Santa Salomé es conmemorada como una de las Mirofóras (las mujeres portadoras de aromas), reconociendo su papel crucial como testigo ininterrumpido de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
Conclusión: El legado imperecedero de Salomé
La figura de Salomé en el contexto de la crucifixión representa el triunfo de la fe amorosa sobre la fuerza del miedo. Cuando las estructuras políticas y militares aplastaban la causa de Jesús, y cuando el círculo más cercano de los discípulos varones se dispersaba vacilante, Salomé permaneció en pie cerca de la Cruz.
Su vida y testimonio enseñan que el discipulado cristiano no depende del poder terrenal ni de las expectativas humanas de triunfo inmediato, sino del compromiso incondicional con la verdad y la persona de Jesucristo. Como madre, discípula y servidora, Salomé se erige en un pilar fundamental sobre el que se fundamenta la memoria histórica de la Pasión y el primer anuncio de la Esperanza Pascual.
📚 Bibliografía y Fuentes de Consulta
Para la elaboración de este análisis integral sobre Salomé en la crucifixión, se han contrastado y consultado diversas fuentes académicas, teológicas y científicas de referencia internacional:
- Análisis Lingüístico y Exégesis: Consulta sobre el texto griego y la traducción evangélica en Vatican.va.
- Tradición y Pensamiento: Comentarios exegéticos y patrísticos sobre las mujeres en la Pasión disponibles en Mercaba.org.
- Textos y Literatura Histórica: Edición digital de los textos patrísticos sobre San Juan Crisóstomo y San Jerónimo en Biblioteca Electrónica Cristiana.
- Evidencia y Estudios Técnicos: Análisis histórico y cultural del siglo I en Tierra Santa documentado en Bible Gateway.
- Contexto Arqueológico: Archivo y fuentes sobre la geografía bíblica e iconografía de las Santas Mujeres en Enciclopedia Católica (ACIPrensa).
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“Estaban también allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole; entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.”


