Juana y Susana en la Biblia:discípulas de Jesús, apoyo y legado

Juana y Susana aparecen juntas en apenas unos versículos de Lucas, pero su presencia abre una ventana extraordinaria sobre el movimiento de Jesús. No están descritas como espectadoras ocasionales: forman parte de un grupo de mujeres que lo acompañan y sostienen la misión con sus propios bienes. Juana, además, reaparece al final del Evangelio entre las mujeres que comunican a los apóstoles lo ocurrido en el sepulcro. Susana, en cambio, desaparece de nuestras fuentes después de Lucas 8:3. Entre ambas encontramos apoyo económico, seguimiento, memoria y también grandes silencios históricos.

¿Quiénes fueron Juana y Susana en la Biblia?

Juana y Susana son dos mujeres nombradas por Lucas entre quienes acompañaban a Jesús durante su ministerio itinerante. Aparecen junto a María Magdalena y a «muchas otras» mujeres en Lucas 8:1-3.

Lucas presenta al grupo como mujeres que habían sido sanadas de malos espíritus y enfermedades y que ayudaban a Jesús y a los Doce con sus propios bienes. El texto especifica el caso de María Magdalena, pero no dice qué enfermedad o dolencia concreta había tenido Juana ni Susana.

De las dos, Juana recibe una identificación adicional: es la mujer de Cusa, administrador de Herodes. Susana, en cambio, es nombrada sin relación familiar, geográfica o profesional.

¿Cuándo aparecen por primera vez?

La primera mención conservada de ambas está en Lucas 8:3. El contexto describe a Jesús recorriendo ciudades y pueblos para anunciar el Reino de Dios, acompañado por los Doce y por varias mujeres.

No aparecen antes con otros nombres y no existe una referencia bíblica que permita identificarlas con seguridad con mujeres mencionadas previamente.

Lucas es el único evangelista que conserva los nombres de Juana y Susana. Esto convierte su breve lista en una fuente especialmente importante para reconstruir la participación femenina en la misión itinerante de Jesús.

Juana y Susana siguen a Jesús junto a otras mujeres y los discípulos en Lucas 8

Mujeres que acompañaban a Jesús

Lucas no presenta a estas mujeres únicamente como donantes distantes. La construcción de Lucas 8:1-3 las sitúa dentro del grupo que acompaña el desplazamiento de Jesús de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo.

Maria Lucia C. Natividad ha estudiado este pasaje como una descripción de discipulado femenino: mujeres cuya relación con Jesús se expresa mediante seguimiento, servicio y disponibilidad de sus recursos.

No obstante, el Evangelio no describe con detalle qué tareas realizaban diariamente, dónde dormían, cómo se organizaba el grupo ni si todas recorrían siempre las mismas distancias. Es preferible no rellenar esos silencios con escenas imaginadas.

¿Qué significa que ayudaban “con sus bienes”?

Lucas afirma que estas mujeres servían o sostenían al grupo «con sus bienes». El lenguaje indica que disponían de recursos propios que podían poner al servicio de la misión.

Eso podía incluir dinero, alimentos, hospedaje u otros medios materiales, pero Lucas no ofrece un inventario. Tampoco especifica cuánto aportó cada una ni con qué frecuencia.

Amanda C. Miller ha estudiado Lucas 8:1-3 dentro del contexto del patronazgo y benefacción femeninos en el Imperio romano. Su análisis sostiene que lectores antiguos podían reconocer en mujeres como María Magdalena, Juana y Susana figuras capaces de contribuir materialmente y de ocupar una posición significativa dentro de una red social y religiosa.

¿Eran ricas Juana y Susana?

El texto demuestra que disponían de recursos, pero no permite afirmar que las dos fueran ricas en el sentido moderno.

Juana probablemente pertenecía a un entorno social con conexiones importantes debido al cargo de su marido, pero eso no nos permite calcular su patrimonio personal. En el caso de Susana, Lucas no ofrece ninguna pista sobre su nivel social más allá de su participación en el apoyo material al grupo.

Por tanto, es más preciso hablar de mujeres con capacidad de poner recursos a disposición de la misión que asignarles automáticamente una clase económica concreta.

Juana, mujer de Cusa: una conexión con la casa de Herodes

Juana es presentada como «mujer de Cusa, administrador de Herodes». En este contexto, Herodes es Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea.

El término griego aplicado a Cusa es epitropos. Puede referirse a un administrador o encargado de una casa o propiedad, y algunas fuentes léxicas permiten también una función administrativa de carácter más público. Por eso no es prudente convertir a Cusa en «ministro de finanzas», «primer ministro» o cargo equivalente sin matices.

Lo seguro es que la identificación conecta a Juana con un hombre que desempeñaba una función de confianza en el entorno de Herodes Antipas.

¿Qué sabemos de Cusa?

Muy poco. Lucas lo menciona únicamente para identificar a Juana. No dice si Cusa compartía su seguimiento de Jesús, si aprobaba el uso de sus recursos, si conoció personalmente a Jesús ni qué ocurrió con su matrimonio durante esos viajes.

Tampoco podemos identificarlo con seguridad con otros funcionarios o cortesanos anónimos de los Evangelios.

El hecho de que Lucas nombre a Cusa demuestra que su relación con la administración herodiana era relevante para identificar a Juana, pero no autoriza una biografía más detallada.

Susana: una mujer nombrada y casi completamente desconocida

De Susana sabemos todavía menos. Lucas conserva su nombre en 8:3 y nada más.

No menciona marido, hijos, ciudad de origen, profesión, edad ni condición médica concreta. Tampoco existe una segunda aparición suya en el Nuevo Testamento.

Su presencia en la lista es, sin embargo, significativa: Lucas consideró importante conservar su nombre entre un grupo más amplio de mujeres que permanecen anónimas.

No debe confundirse con Susana del libro de Daniel. Comparten nombre, pero pertenecen a relatos, épocas y contextos completamente diferentes.

Juana y Susana colaboran con sus bienes para sostener la misión de Jesús según Lucas 8

¿Habían sido curadas por Jesús?

Lucas introduce a las mujeres como personas que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades. Después nombra a María Magdalena, Juana y Susana.

Es razonable entender que Juana y Susana pertenecen a ese grupo de mujeres beneficiadas por la acción sanadora de Jesús, pero Lucas no dice de qué había sido curada cada una.

No podemos atribuir a Juana una enfermedad concreta ni afirmar que Susana hubiera estado poseída por un demonio. La única descripción individual específica es la de María Magdalena, de quien Lucas dice que habían salido siete demonios.

Juana reaparece en la mañana del sepulcro vacío

A diferencia de Susana, Juana vuelve a ser nombrada. En Lucas 24:10 aparece junto a María Magdalena, María la madre de Santiago y otras mujeres que regresan del sepulcro y cuentan a los apóstoles lo sucedido.

Lucas 24 relata que las mujeres encuentran la piedra retirada, no hallan el cuerpo y reciben de dos hombres con vestiduras resplandecientes el anuncio de que Jesús ha resucitado. Después transmiten ese mensaje.

Por tanto, en la narrativa de Lucas, Juana pasa de sostener y acompañar la misión en Galilea a estar entre las mujeres que comunican el anuncio del sepulcro vacío a los Once y a los demás.

¿Fue Juana testigo de una aparición de Jesús resucitado?

Lucas 24:10 no dice que Jesús se apareciera personalmente a Juana en el sepulcro. Lo que afirma es que ella estaba entre las mujeres que comunicaron a los apóstoles lo que habían encontrado y el mensaje recibido.

Esto es importante porque algunas biografías populares mezclan los distintos relatos evangélicos y atribuyen automáticamente a cada mujer todos los acontecimientos narrados en Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Si queremos mantenernos en Lucas, podemos llamar a Juana testigo del sepulcro vacío y transmisora del anuncio recibido, sin añadir una aparición individual que el evangelista no narra.

¿Dónde estaba Susana en la pasión y la resurrección?

No lo sabemos. Lucas habla de mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea durante los acontecimientos de la pasión, pero no vuelve a nombrar a Susana.

Es posible imaginar que continuara con el grupo, pero el texto no permite demostrarlo. La ausencia de su nombre en Lucas 24 no significa necesariamente que hubiera abandonado a Jesús; simplemente significa que nuestras fuentes ya no permiten seguir su trayectoria personal.

¿Cuándo desaparece Juana de la Biblia?

La última mención inequívoca de Juana está en Lucas 24:10.

Después de ese versículo, el Nuevo Testamento no vuelve a identificarla por su nombre. No sabemos dónde vivió después, si participó en una comunidad cristiana concreta, cuándo murió o dónde fue enterrada.

Hechos 1:14 menciona a mujeres reunidas con los discípulos, pero no las nombra individualmente salvo María, la madre de Jesús. Por eso no podemos afirmar que Juana estuviera allí basándonos únicamente en ese versículo.

¿Cuándo desaparece Susana de la Biblia?

Susana desaparece mucho antes: Lucas 8:3 es su única mención canónica.

No tenemos una despedida narrativa, muerte, viaje o cambio de situación. Simplemente deja de ser mencionada.

Esta diferencia entre Juana y Susana es importante: aunque aparecen juntas al inicio, las fuentes permiten reconstruir dos trayectorias muy desiguales.

Juana regresa del sepulcro vacío junto a las mujeres mencionadas en Lucas 24

¿Existe evidencia histórica externa sobre Juana o Susana?

No disponemos de una inscripción, tumba o documento contemporáneo que pueda identificarse de manera segura con estas dos mujeres concretas.

Existen inscripciones y restos arqueológicos con nombres semejantes, pero la coincidencia de un nombre no basta para identificar a una persona del Evangelio.

En consecuencia, la base histórica individual para Juana y Susana sigue siendo el texto de Lucas, complementado por el estudio del contexto social, económico y político del siglo I.

¿Juana era también Junia de Romanos 16:7?

Richard Bauckham propuso una hipótesis sugerente: que Juana de Lucas pudiera ser la misma mujer que Junia de Romanos 16:7, utilizando un nombre judío y otro latino.

La propuesta intenta explicar cómo una mujer vinculada muy pronto al movimiento de Jesús podría aparecer más tarde en una red misionera asociada a Pablo. Bauckham desarrolla esta reconstrucción en Gospel Women.

Pero no existe ningún texto antiguo que diga que Juana y Junia eran la misma persona. Además, Esther Yue L. Ng revisó la hipótesis en 2022 y concluyó que la identificación era muy improbable, especialmente a la luz de la evidencia sobre nombres romanos y prácticas onomásticas.

Por tanto, Juana = Junia debe permanecer en el terreno de la hipótesis académica discutida, no de la biografía establecida.

La tradición posterior sobre Juana

La memoria cristiana posterior conservó a Juana con mucha más fuerza que a Susana. En las Iglesias orientales es venerada como una de las mujeres portadoras de mirra.

La Orthodox Church in America, reflejando una tradición eclesial posterior, también cuenta que Juana habría recuperado y escondido la cabeza de Juan el Bautista después de su ejecución.

Ese episodio no aparece en los Evangelios ni en el Nuevo Testamento. Debe presentarse como tradición devocional posterior, no como un acontecimiento históricamente demostrado.

La misma fuente ortodoxa la conmemora litúrgicamente como «Juana la portadora de mirra», lo que muestra la permanencia de su memoria en la vida cristiana actual.

¿Existe una tradición semejante sobre Susana?

Susana no desarrolló una biografía posterior comparable y ampliamente documentada. Su nombre quedó fundamentalmente ligado a Lucas 8:3.

Eso no permite concluir que fuera menos importante históricamente. Solo refleja una diferencia en la conservación de la memoria: algunas figuras reciben narraciones y cultos posteriores; otras permanecen casi exclusivamente dentro de su versículo bíblico.

Juana y Susana en la investigación actual

La investigación contemporánea presta especial atención a Lucas 8:1-3 porque el pasaje muestra que mujeres con recursos participaron de manera material en la sostenibilidad de una misión itinerante.

Amanda C. Miller utiliza el contexto de las benefactoras del Imperio romano para mostrar que el apoyo económico femenino podía implicar influencia social y participación real, no una función meramente decorativa.

Estudios más recientes continúan examinando la relación entre género, economía y discipulado en Lucas. El punto común más sólido no es que sepamos todos los detalles de sus vidas, sino que Lucas reconoce explícitamente que mujeres sostenían con sus recursos el movimiento de Jesús.

El legado de Juana y Susana

Su legado obliga a ampliar la imagen del grupo de Jesús. Los Doce forman parte central del relato, pero no constituyen por sí solos toda la red humana que hizo posible la misión itinerante.

Juana y Susana representan a mujeres que ponen recursos, tiempo y presencia al servicio de un proyecto religioso. Juana añade además la dimensión del testimonio del sepulcro vacío en Lucas.

Susana recuerda algo distinto: una persona puede ser importante para una historia aunque nuestras fuentes solo hayan conservado una línea sobre ella.

Juana y Susana en la actualidad

Hoy sus historias se utilizan para reflexionar sobre el trabajo material que sostiene comunidades, proyectos religiosos y obras sociales. Ese trabajo suele quedar menos visible que la predicación pública, aunque sea indispensable.

También ayudan a reconocer que el apoyo económico no convierte automáticamente a una persona en personaje secundario. En Lucas 8, quienes aportan bienes son nombradas dentro del grupo de seguimiento.

Al mismo tiempo, su historia no debería utilizarse para afirmar que todas las mujeres cristianas deben financiar ministerios ni para deducir vocaciones o funciones modernas concretas que Lucas no formula. La aplicación actual debe partir del dato histórico y narrativo, no sustituirlo.

Juana y Susana como mujeres que acompañaron y sostuvieron con sus recursos la misión de Jesús

Qué no sabemos de Juana y Susana

No sabemos sus edades, aspecto físico, lugar exacto de nacimiento ni qué enfermedad había padecido cada una.

No sabemos cuánto dinero aportaban, si los bienes eran exclusivamente personales o cómo se administraban dentro del grupo.

No sabemos qué pensaba Cusa sobre la participación de Juana, ni podemos afirmar que él fuera discípulo de Jesús.

No sabemos qué ocurrió con Susana después de Lucas 8:3 ni con Juana después de Lucas 24:10. Las biografías que llenen esos vacíos deben identificarse claramente como tradición, hipótesis o ficción.

Preguntas frecuentes sobre Juana y Susana

Conclusión: dos nombres que revelan una red mucho más amplia

Juana y Susana aparecen juntas cuando Lucas abre brevemente la puerta a una realidad que los relatos evangélicos no siempre describen con detalle: detrás de la predicación itinerante había una red de personas que acompañaban, servían y aportaban recursos.

Sus caminos documentados son diferentes. Susana desaparece después de una sola mención. Juana reaparece al final del Evangelio entre las mujeres que llevan a los apóstoles el anuncio del sepulcro vacío.

Su legado no necesita biografías inventadas. Basta con tomar en serio lo que Lucas sí conserva: dos mujeres con nombre propio dentro del movimiento de Jesús, capaces de poner sus bienes al servicio de la misión y, en el caso de Juana, de formar parte de la cadena de testigos que abre el relato pascual.

Fuentes y pasajes para profundizar

MUJERES QUE CAMINARON CON DIOS

LOS EVANGELIOS · Libro IV

Esta historia forma parte de Mujeres que caminaron con Dios · Los Evangelios, un recorrido por las mujeres que atraviesan los Evangelios y acompañan la historia de Jesús. La web profundiza en el texto, su contexto y sus interpretaciones; el libro invita a contemplar, meditar y caminar con cada historia.

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