Mateo (Leví), el publicano:quién fue, su llamada y qué sabemos de su vida

Descubre quién fue Mateo, el publicano llamado por Jesús, por qué Marcos y Lucas lo presentan como Leví y qué sabemos realmente de su vida. Un recorrido por su oficio de recaudador, su conversión, el Evangelio que lleva su nombre, la tradición sobre su misión y las dudas históricas acerca de su muerte.

Mateo (Leví), el publicano: quién fue en la Biblia

Mateo fue uno de los Doce apóstoles de Jesús y el discípulo que el primer Evangelio presenta sentado en un puesto de recaudación de impuestos. Su historia comienza con una escena sorprendentemente breve: Jesús lo ve, le dice «Sígueme» y Mateo se levanta y lo sigue (Mateo 9,9). Marcos y Lucas narran un episodio prácticamente paralelo, pero llaman al recaudador Leví.

La aparente diferencia de nombres ha generado una de las preguntas más frecuentes sobre el personaje: ¿eran Mateo y Leví la misma persona? La tradición cristiana los ha identificado desde muy antiguo, y la estrecha semejanza entre los tres relatos sinópticos hace comprensible esa identificación. Sin embargo, los Evangelios nunca explican expresamente el cambio de nombre ni dicen que Jesús rebautizara a Leví como Mateo.

Mateo aparece en todas las listas de los Doce (Mateo 10,3; Marcos 3,18; Lucas 6,15; Hechos 1,13). El primer Evangelio añade un detalle que los otros no incluyen en sus listas: lo llama «Mateo el publicano». Esa designación resulta significativa porque el oficio de recaudador tenía una reputación social y religiosa muy negativa entre muchos judíos de la época.

DatoQué sabemos
NombreMateo; Marcos y Lucas llaman Leví al recaudador de la escena paralela
OficioPublicano o recaudador de impuestos
Lugar probable del puestoEntorno de Cafarnaúm, junto al mar de Galilea
GrupoUno de los Doce apóstoles
PadreMarcos llama a Leví «hijo de Alfeo»
EdadLa Biblia no la indica
EvangelioLa tradición antigua atribuye a Mateo el primer Evangelio; la autoría de su forma griega actual es debatida por los estudiosos
MuerteEl Nuevo Testamento no la relata; existen tradiciones posteriores divergentes
Fiesta21 de septiembre en el calendario romano

Qué significaba ser publicano en tiempos de Jesús

Para comprender la llamada de Mateo hay que entender primero su oficio. En el mundo romano, la recaudación fiscal podía implicar distintos niveles de funcionarios, contratistas y agentes locales. Los Evangelios utilizan el término «publicanos» para personas relacionadas con la percepción de impuestos y peajes. No todos desempeñaban exactamente la misma función administrativa, pero socialmente podían ser vistos como colaboradores de un sistema imperial opresivo.

En Galilea, además, la fiscalidad se cruzaba con el gobierno de Herodes Antipas y con los circuitos comerciales del lago. Un puesto cercano a Cafarnaúm podía controlar mercancías, tránsito y actividades económicas. Marcos sitúa la llamada de Leví junto al mar, inmediatamente después de una escena en Cafarnaúm, lo que hace razonable pensar en ese entorno.

La mala fama de los publicanos no procedía solo de que cobraran dinero. En la imaginación social de la época podían encarnar la colaboración con poderes extranjeros, la impureza moral y el enriquecimiento injusto. Por eso los Evangelios los agrupan repetidamente con «pecadores». Esa asociación explica el escándalo provocado cuando Jesús no solo llama a uno de ellos, sino que después comparte mesa con muchos publicanos.

Para ampliar el contexto económico y social del oficio, puede consultarse nuestro estudio sobre los oficios en tiempos de Jesús: pescadores, artesanos, pastores y publicanos.

La llamada de Mateo: «Sígueme»

Mateo 9,9 condensa la vocación del apóstol en pocas palabras. Jesús pasa, ve a Mateo sentado al mostrador de los impuestos y le dice «Sígueme». El relato no conserva una larga conversación ni una negociación. La respuesta también es inmediata: se levanta y lo sigue.

Jesús llama a Mateo en el banco de los impuestos según Mateo 9

Marcos 2,14 narra la misma estructura con Leví, hijo de Alfeo. Lucas 5,27-28 introduce un matiz aún más fuerte: afirma que Leví, «dejándolo todo», se levantó y lo siguió. La llamada convierte así un puesto de recaudación —símbolo de seguridad económica y de una posición social muy concreta— en el lugar donde comienza una vida nueva.

Mateo Leví deja el puesto de impuestos para seguir a Jesús

El contraste narrativo es poderoso. Jesús no espera a que el publicano deje de ser socialmente sospechoso para acercarse a él. La llamada ocurre mientras Mateo sigue sentado precisamente en el lugar que lo identifica con su oficio. El cambio comienza con la iniciativa de Jesús.

La comida con publicanos y pecadores

Después de la llamada, los tres Evangelios sinópticos describen una comida en la que participan Jesús, sus discípulos, publicanos y otras personas calificadas como pecadoras. Lucas especifica que Leví ofreció un gran banquete en su casa. La escena provoca la crítica de escribas y fariseos: ¿por qué Jesús come con ese tipo de personas?

La respuesta de Jesús utiliza una imagen médica: no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Mateo añade además una cita de Oseas 6,6: «Misericordia quiero y no sacrificio». El episodio convierte la vocación de Mateo en una declaración sobre el alcance de la misión de Jesús. La mesa deja de ser solo un espacio doméstico y se transforma en un signo de reintegración.

Jesús comparte la mesa con Mateo, publicanos y pecadores

Es importante no confundir este lenguaje evangélico con una descripción sociológica neutral. Cuando el texto habla de «pecadores» está reflejando categorías religiosas y sociales del relato. El objetivo teológico es mostrar que Jesús se acerca a personas marginadas moralmente por otros y las llama al discipulado.

¿Quién era Mateo el publicano?

El dato más firme es sencillo: Mateo fue uno de los Doce y el Evangelio que lleva su nombre lo identifica con un recaudador de impuestos llamado por Jesús. Su pasado profesional lo diferencia de varios compañeros asociados a la pesca, como Pedro, Andrés, Santiago y Juan.

Esa diversidad interna resulta relevante. Entre los Doce encontramos hombres con trayectorias que social y políticamente podían ser difíciles de conciliar. Mateo representa el mundo de la recaudación; Simón el Zelote aparece identificado por un sobrenombre que ha provocado debates sobre su relación con corrientes de resistencia. El Evangelio no dramatiza un conflicto entre ambos, pero su convivencia dentro del mismo grupo ilustra la capacidad del movimiento de Jesús para reunir perfiles muy distintos.

¿Por qué Mateo es llamado Leví?

Mateo 9,9 llama Mateo al hombre sentado en el puesto de impuestos. Marcos 2,14 y Lucas 5,27 llaman Leví al recaudador de la escena paralela. Los tres relatos coinciden en la estructura: un cobrador está sentado, Jesús le dice «Sígueme», el hombre se levanta y después se celebra una comida con publicanos y pecadores.

Por esa coincidencia, la tradición cristiana ha identificado a Mateo y Leví como la misma persona. Es posible que utilizara dos nombres, algo que no sería extraño en un ambiente judío y grecorromano. También se ha propuesto que «Mateo» fuera un nombre adoptado posteriormente. Sin embargo, ningún Evangelio explica el motivo. Por eso no debemos presentar como hecho lo que el texto deja abierto.

La cuestión es especialmente interesante porque Marcos añade que Leví era «hijo de Alfeo». Mateo, al enumerar a los Doce, no da el nombre de su padre. Tampoco relaciona explícitamente a Mateo con Santiago, hijo de Alfeo. Que ambos tengan un padre llamado Alfeo no basta para demostrar que fueran hermanos, ya que el nombre podía repetirse.

¿Son Leví y Mateo la misma persona en la Biblia?

La respuesta más equilibrada es: la tradición cristiana y la lectura sinóptica habitual los identifican, pero el texto bíblico no contiene una frase explícita del tipo «Leví, que después fue llamado Mateo». La identificación se apoya en el paralelismo casi completo de Mateo 9, Marcos 2 y Lucas 5.

La propia introducción de la Conferencia Episcopal estadounidense al Evangelio de Mateo señala la diferencia de nombres y reconoce que la tradición atribuye el Evangelio al apóstol Mateo, mientras que la investigación moderna debate la relación exacta entre el apóstol y la forma actual del texto.

¿Cuál era el nombre de Mateo antes de ser apóstol?

Si aceptamos la identificación tradicional de los relatos sinópticos, Leví sería el otro nombre con el que aparece el futuro apóstol. Pero no tenemos base para afirmar que «Leví» fuera necesariamente su nombre «antes» y «Mateo» el nombre que recibió después.

A diferencia de Simón, a quien Jesús llama Pedro/Cefas en los Evangelios, no se conserva una escena donde Jesús cambie formalmente el nombre de Leví a Mateo. Por tanto, expresiones populares como «Jesús le cambió el nombre de Leví por Mateo» van más allá de lo que dicen las fuentes canónicas.

¿Quién fue el padre de Mateo?

Marcos 2,14 llama al recaudador «Leví, el de Alfeo» o «Leví, hijo de Alfeo». Si Leví y Mateo son la misma persona, Alfeo sería el nombre de su padre. Ese es el fundamento bíblico de la afirmación.

No obstante, el Nuevo Testamento también llama a Santiago «hijo de Alfeo». No podemos concluir automáticamente que Mateo y Santiago fueran hermanos: el texto nunca lo afirma y Alfeo podía ser el nombre de más de una persona.

¿Cuántos años tenía Mateo cuando siguió a Jesús?

No lo sabemos. Ninguno de los Evangelios proporciona la edad de Mateo cuando fue llamado. El hecho de que trabajara como recaudador y pudiera estar vinculado con una casa donde se celebró un banquete permite imaginar a un adulto con cierta autonomía económica, pero no autoriza a calcular una edad concreta.

Las cifras que a veces circulan en internet —veinte, treinta, cuarenta años o cualquier otra— son reconstrucciones modernas sin apoyo textual directo. En un artículo histórico conviene dejar el dato como desconocido.

¿Qué milagro hizo Mateo?

Los Evangelios canónicos no atribuyen a Mateo un milagro individual concreto. Jesús da autoridad a los Doce para predicar y realizar obras de sanación, pero los relatos no conservan una escena en la que se diga: «Mateo hizo este milagro».

Las tradiciones apócrifas y hagiográficas posteriores sí desarrollaron relatos milagrosos relacionados con su misión. Esos textos forman parte de la recepción cristiana del apóstol, pero no deben confundirse con la información del Nuevo Testamento.

Mateo entre los Doce y después de la Pascua

Después de la escena de su llamada, Mateo casi no vuelve a aparecer de forma individual en los Evangelios. Su importancia está garantizada por su pertenencia a los Doce. Figura en las listas apostólicas de Mateo, Marcos y Lucas, y Hechos 1,13 lo incluye entre los discípulos reunidos en Jerusalén después de la Ascensión.

Ese silencio es importante. A diferencia de Pedro, Juan o Tomás, Mateo no protagoniza largas conversaciones posteriores. Por tanto, buena parte de su biografía misionera pertenece a la tradición cristiana posterior, no a la narración neotestamentaria.

¿Mateo escribió el Evangelio de Mateo?

La tradición de la Iglesia atribuyó desde muy temprano el primer Evangelio al apóstol Mateo. Uno de los testimonios más antiguos conservados es el de Papías de Hierápolis, conocido gracias a Eusebio de Cesarea. Papías afirmaba que Mateo recopiló los «logia» —palabra que puede traducirse como dichos u oráculos— en «lengua hebrea», y que cada uno los interpretaba o traducía como podía.

Ese testimonio es históricamente valioso, pero su relación con nuestro Evangelio griego actual es objeto de debate. El Mateo canónico que conservamos está escrito en griego y muestra una relación literaria estrecha con Marcos. Por eso muchos especialistas actuales distinguen entre la antigua tradición que vincula a Mateo con una colección o tradición de dichos de Jesús y la composición final del Evangelio tal como hoy lo conocemos.

La cuestión no se resuelve correctamente con un «sí» o un «no» simplista. Históricamente podemos afirmar dos cosas a la vez: la atribución a Mateo es muy antigua, y la autoría literaria exacta de la forma griega actual continúa siendo discutida.

San Mateo representado como evangelista escribiendo un manuscrito

El testimonio de Papías y Eusebio

Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesiástica, conserva el fragmento de Papías sobre Mateo. La noticia pertenece a comienzos del siglo II o a una tradición muy cercana a ese periodo, y demuestra que el nombre del apóstol ya estaba vinculado tempranamente con la transmisión escrita de las palabras de Jesús.

Más adelante, otros autores cristianos antiguos repitieron y desarrollaron esta atribución. Sin embargo, como la obra original de Papías se perdió y solo conocemos el fragmento citado por Eusebio, no podemos preguntar directamente al autor qué entendía exactamente por «logia», qué extensión tenía aquella obra ni cómo se relacionaba con nuestro Evangelio.

El Evangelio de Mateo: rasgos que explican su influencia

Independientemente del debate sobre su autoría final, el Evangelio según Mateo ejerció una enorme influencia en el cristianismo antiguo. Presenta a Jesús en estrecha relación con las Escrituras de Israel, organiza amplios bloques de enseñanza y contiene textos decisivos como el Sermón del Monte, las Bienaventuranzas, el Padrenuestro, numerosas parábolas y la gran comisión final.

También insiste de manera particular en la relación entre misericordia, justicia y cumplimiento de la voluntad de Dios. En ese sentido resulta sugestivo que el Evangelio que lleva el nombre de un antiguo publicano sea precisamente el que conserva la llamada de Mateo unida a «Misericordia quiero y no sacrificio».

¿Cuál fue el apóstol que no conoció a Jesús?

Esta pregunta suele aparecer junto a las búsquedas sobre Mateo. Si hablamos estrictamente de los Doce elegidos durante el ministerio público, todos fueron discípulos directos de Jesús. Mateo, por tanto, sí conoció a Jesús y fue llamado por él según los Evangelios.

La confusión suele surgir por Pablo de Tarso. Pablo se autodenomina apóstol y desempeñó un papel fundamental en el cristianismo primitivo, pero no perteneció al grupo original de los Doce ni acompañó a Jesús durante su ministerio en Galilea y Judea. Su experiencia de Cristo se sitúa después de la Pascua. Puedes ampliar esta diferencia en nuestro estudio sobre Pablo de Tarso, apóstol de los gentiles.

La misión posterior de Mateo: qué sabemos y qué pertenece a la tradición

El Nuevo Testamento no describe los viajes misioneros de Mateo después de Pentecostés. A partir de ese silencio surgieron diversas tradiciones cristianas que lo sitúan predicando en regiones diferentes: Judea, Siria, Persia, Etiopía u otras zonas del Oriente cristiano.

La variedad geográfica es una señal de cautela. Cuando varias tradiciones tardías sitúan a una misma figura en escenarios distintos, no es posible combinarlas todas como si fueran un itinerario único y perfectamente documentado. Lo seguro es que la memoria cristiana antigua consideró a Mateo misionero y evangelizador; los detalles concretos son mucho menos firmes.

San Mateo Apóstol en la tradición de su misión hacia Oriente

Cómo murió Mateo el apóstol

El Nuevo Testamento no narra la muerte de Mateo. Las fuentes cristianas posteriores no ofrecen una tradición única. Algunas lo presentan como mártir; otras tradiciones antiguas sugieren que murió de manera natural. También varían el lugar y el instrumento de su muerte.

Por ello no es históricamente riguroso afirmar con total seguridad que Mateo murió decapitado, atravesado por una espada o asesinado en Etiopía. Esas versiones pertenecen a tradiciones hagiográficas posteriores. Para comparar el grado de evidencia de las distintas tradiciones apostólicas puede consultarse nuestro estudio sobre el martirio de los apóstoles.

La iconografía de San Mateo: libro, ángel y bolsa de monedas

La tradición artística cristiana identifica a Mateo mediante varios atributos. El más frecuente es el libro o rollo, por su asociación con el Evangelio que lleva su nombre. También puede aparecer con una bolsa de monedas o elementos relacionados con su antiguo oficio de recaudador.

En la iconografía de los cuatro evangelistas, Mateo se asocia tradicionalmente con una figura humana o angélica. Esta identificación procede de la interpretación cristiana de los cuatro seres vivientes de Ezequiel 1 y Apocalipsis 4. La figura humana se vinculó con Mateo porque su Evangelio comienza con la genealogía humana de Jesús.

San Mateo Apóstol: cuándo se celebra

En el calendario romano, la fiesta de San Mateo, apóstol y evangelista, se celebra el 21 de septiembre. La liturgia recuerda tanto su vocación como su misión apostólica y evangelizadora.

Qué podemos aprender de Mateo

La llamada puede irrumpir en medio de una vida ya organizada. Mateo no aparece buscando un cambio espiritual cuando Jesús lo encuentra; está trabajando. La iniciativa parte de Jesús.

El pasado no desaparece, pero puede adquirir otro significado. El primer Evangelio sigue recordándolo como «el publicano». La identidad transformada no exige fingir que el pasado nunca existió.

La mesa puede ser un lugar de reconciliación. La primera gran escena después de la llamada no es un discurso, sino una comida donde se reúnen personas que otros preferían mantener a distancia.

La misericordia ocupa el centro. La frase de Oseas que Mateo conserva en el relato de su vocación resume una parte esencial del mensaje: la fidelidad religiosa no puede reducirse a mecanismos externos si falta misericordia.

Qué no sabemos de Mateo

No sabemos su edad al ser llamado, ni si estaba casado, ni cuánto tiempo llevaba trabajando como recaudador.

No sabemos por qué los relatos paralelos lo llaman Leví y Mateo, ni poseemos una escena donde Jesús le cambie formalmente el nombre.

No sabemos con certeza si Alfeo, padre de Leví, era el mismo Alfeo mencionado como padre de Santiago.

No podemos reconstruir con seguridad sus viajes misioneros ni la forma exacta de su muerte a partir de las fuentes disponibles.

Tampoco podemos demostrar de manera simple que el apóstol redactara personalmente, en su forma griega actual, cada línea del Evangelio canónico que lleva su nombre. La tradición de atribución es antigua, pero la historia literaria del texto es más compleja.

Preguntas frecuentes sobre Mateo (Leví), el publicano

Conclusión: del banco de los impuestos a la mesa de Jesús

La historia bíblica de Mateo es breve, pero está construida alrededor de una transición radical. Comienza sentado en un puesto de impuestos y continúa caminando detrás de Jesús. Entre ambos momentos solo aparece una palabra: «Sígueme».

Su pasado como publicano no es un detalle ornamental. Explica el escándalo de la comida posterior, ilumina la fuerza de la frase «Misericordia quiero y no sacrificio» y muestra hasta qué punto el círculo de Jesús podía incluir personas procedentes de mundos socialmente enfrentados.

Después, la historia se vuelve menos segura. La tradición lo vincula con el Evangelio que lleva su nombre y con distintas misiones fuera de Palestina, pero las fuentes no permiten reconstruir cada etapa con la misma confianza. Precisamente por eso Mateo resulta una figura especialmente útil para distinguir entre texto bíblico, tradición antigua e interpretación posterior.

Fuentes y bibliografía para profundizar

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