La mujer con flujo de sangre aparece sin nombre en los tres Evangelios sinópticos. Durante doce años había padecido una hemorragia persistente. Se abrió paso entre la multitud, tocó el manto de Jesús y quedó curada. Jesús la hizo salir del anonimato, escuchó su historia y la llamó «hija». Después de ese encuentro desaparece por completo del Nuevo Testamento. Los nombres Berenice, Bernice o Verónica pertenecen a tradiciones cristianas posteriores y no deben confundirse con el dato bíblico.
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- ¿Quién fue la mujer con flujo de sangre en la Biblia?
- ¿Cuándo aparece por primera vez?
- Doce años de hemorragia: qué dice realmente el texto
- Marcos, Mateo y Lucas no cuentan exactamente lo mismo
- Los médicos y el dinero: qué podemos afirmar
- Levítico 15 y la impureza ritual
- ¿Estaba expulsada de la sociedad?
- Por qué toca el manto de Jesús
- “¿Quién me ha tocado?”: de lo oculto a lo público
- “Hija, tu fe te ha salvado”: curación y salvación
- La mujer y la hija de Jairo: dos historias entrelazadas
- ¿Cuándo desaparece de la historia bíblica?
- ¿Existe evidencia histórica externa sobre ella?
- Berenice, Bernice y Verónica: nombres de tradición posterior
- Cómo ha cambiado su interpretación
- El legado de la mujer con flujo de sangre en la actualidad
- Qué no sabemos de la mujer con flujo de sangre
- Preguntas frecuentes sobre la mujer con flujo de sangre
- Conclusión: una mujer anónima que dejó de permanecer oculta
- Fuentes y pasajes para profundizar
¿Quién fue la mujer con flujo de sangre en la Biblia?
La llamada mujer con flujo de sangre, también conocida tradicionalmente como la hemorroísa, es una mujer anónima que aparece en Marcos 5:25-34, Mateo 9:20-22 y Lucas 8:43-48. Los tres relatos coinciden en que llevaba doce años padeciendo un flujo de sangre y que quedó curada después de tocar la ropa de Jesús.
Los Evangelios no proporcionan su nombre, edad, lugar de nacimiento, estado civil, familia ni profesión. Tampoco identifican con precisión médica la causa de la hemorragia. Por eso no es riguroso llamarla Ana ni asignarle diagnósticos modernos concretos.
Su importancia narrativa reside en lo que hace: escucha hablar de Jesús, se acerca por detrás en medio de la multitud, toca su vestido y después, cuando comprende que no puede permanecer oculta, cuenta públicamente lo sucedido.
¿Cuándo aparece por primera vez?
En Marcos, la mujer entra en escena en Marcos 5:25. Jesús se dirige a la casa de Jairo, jefe de la sinagoga, cuya hija está gravemente enferma. La narración queda interrumpida por la aparición de una mujer que lleva doce años sufriendo hemorragias.
Mateo conserva el mismo episodio en 9:20-22 y Lucas en 8:43-48. La mayoría de los estudios sinópticos considera que Marcos es el relato escrito más antiguo de los tres, aunque la historia pudo circular oralmente antes. No poseemos una fuente anterior que identifique individualmente a esta mujer.
No existe ninguna aparición previa segura en el Antiguo Testamento ni en otro pasaje del Nuevo Testamento. La mujer entra en la historia bíblica ya marcada por una enfermedad de doce años.

Doce años de hemorragia: qué dice realmente el texto
Los tres sinópticos conservan el dato de los doce años. Marcos describe un «flujo de sangre» prolongado y afirma que la mujer había empeorado pese a los tratamientos. Lucas también habla de doce años de hemorragias y de una enfermedad que nadie había podido curar.
El lenguaje y el trasfondo de Levítico 15 hacen probable que el relato se refiera a una hemorragia genital o uterina anormal, pero el Evangelio no ofrece un diagnóstico. No sabemos si se trataba de menorragia, sangrado intermenstrual, una lesión, un trastorno hormonal, un tumor u otra condición.
Por eso las reconstrucciones médicas modernas pueden servir como posibilidades comparativas, pero no deben convertirse en biografía histórica.
Marcos, Mateo y Lucas no cuentan exactamente lo mismo
Marcos ofrece la versión más extensa. Dice que la mujer había sufrido mucho con numerosos médicos, había gastado todos sus bienes y, en lugar de mejorar, había empeorado. Describe además cómo ella siente físicamente que la hemorragia se ha detenido y cómo Jesús percibe que ha salido poder de él.
Mateo comprime la escena de forma notable. No menciona a los médicos, el gasto económico, la búsqueda de la mujer entre la multitud ni la pregunta «¿quién me ha tocado?». Jesús se vuelve, la ve y le dice que tenga ánimo porque su fe la ha salvado o curado.
Lucas conserva la búsqueda pública y la percepción de poder que sale de Jesús. Algunos manuscritos de Lucas contienen la frase sobre haber gastado en médicos; las ediciones modernas señalan variantes textuales en ese punto. En cualquier caso, Lucas afirma que nadie había podido curarla.
Estas diferencias importan. No debemos tomar cada detalle de Marcos, Mateo y Lucas y presentarlo como si los tres evangelistas lo hubieran formulado de la misma manera.
Los médicos y el dinero: qué podemos afirmar
Marcos presenta una experiencia especialmente dura: tratamientos costosos, sufrimiento y empeoramiento. Eso describe la experiencia de esta mujer dentro del relato; no demuestra que toda la medicina antigua fuera inútil o cruel.
Harold Remus ha recordado que el mundo grecorromano poseía una amplia tradición médica y tratados especializados en enfermedades femeninas. Marcos no explica qué tratamientos recibió ni quiénes fueron sus médicos.
El dato económico sí es narrativamente importante: según Marcos, la enfermedad había consumido no solo su salud sino también sus recursos.
Levítico 15 y la impureza ritual
Levítico 15:25-30 regula el caso de una mujer que tiene un flujo de sangre durante muchos días fuera del periodo ordinario o cuyo sangrado se prolonga. Mientras dura el flujo, la legislación sacerdotal la considera ritualmente impura.
Esto ayuda a comprender el trasfondo cultural del relato, pero exige una distinción fundamental: impureza ritual no equivale a pecado moral. En la Biblia, estados corporales como menstruación, parto, determinadas enfermedades o contacto con cadáveres podían generar impureza ritual sin convertir a la persona en moralmente culpable.
Susan Haber ha mostrado que la pureza forma parte del contexto de Marcos 5, pero sostiene que el centro del relato es la salud y la curación de la mujer, no una campaña explícita contra las leyes de pureza. La escena no debe transformarse en una caricatura del judaísmo.
¿Estaba expulsada de la sociedad?
Es frecuente leer que durante doce años la mujer no podía tocar a nadie, entrar en una sinagoga, acercarse a su familia o participar de ninguna vida social. El problema es que Marcos, Mateo y Lucas no dicen eso.
Su condición habría tenido consecuencias rituales según Levítico y pudo generar cargas sociales, económicas y religiosas. Sin embargo, las prácticas reales del judaísmo del siglo I eran diversas, y las fuentes rabínicas posteriores no pueden trasladarse automáticamente hacia atrás como una fotografía exacta de la vida cotidiana de esta mujer.
El propio relato la muestra físicamente dentro de una multitud. Por eso es mejor hablar de vulnerabilidad y posibles restricciones derivadas de su condición, no de un aislamiento total demostrado.
Por qué toca el manto de Jesús
La mujer piensa que si logra tocar la ropa de Jesús quedará sana. Marcos dice simplemente que tocó su vestido; Mateo y Lucas hablan del borde o fleco del manto.
No sabemos exactamente qué comprensión religiosa tenía del gesto. Puede reflejar la convicción de que el poder sanador de Jesús podía alcanzarla mediante el contacto, pero el texto no la acusa de superstición ni explica una teoría de cómo debía funcionar el milagro.
El punto decisivo para los evangelistas llega después: Jesús no permite que la curación quede como un episodio completamente anónimo.

“¿Quién me ha tocado?”: de lo oculto a lo público
En Marcos y Lucas, Jesús se detiene y pregunta quién lo ha tocado. La pregunta parece extraña porque la multitud lo está apretando por todas partes. Sin embargo, el relato distingue entre el contacto general de la multitud y el contacto de esta mujer.
Ella se acerca con temor y temblor. Marcos dice que le contó «toda la verdad»; Lucas explica que declaró delante de todos por qué lo había tocado y cómo había quedado curada.
Así, una mujer que había intentado actuar en secreto termina hablando públicamente de su cuerpo y de su curación. La investigación reciente ha prestado mucha atención a esta transición de anonimato a voz propia.
“Hija, tu fe te ha salvado”: curación y salvación
Jesús la llama «hija». No es una indicación de parentesco biológico, sino una forma de dirigirse a ella que en el relato resulta especialmente significativa.
La expresión griega que suele traducirse «tu fe te ha salvado» utiliza el verbo sōzō, que puede expresar salvar, sanar o poner a salvo según el contexto. Por eso distintas traducciones españolas dicen «te ha salvado», «te ha sanado» o «te ha curado».
Marcos añade: «vete en paz» y confirma que queda curada de su aflicción. La iniciativa de la mujer y la respuesta de Jesús quedan unidas: ella se acerca y toca; Jesús reconoce su fe y verbaliza públicamente su restauración.
La mujer y la hija de Jairo: dos historias entrelazadas
Marcos inserta la historia de la mujer dentro de la historia de la hija de Jairo. Este procedimiento literario suele llamarse intercalación o «sándwich» narrativo.
El número doce une las dos historias de manera llamativa: la mujer lleva doce años enferma y, según Marcos y Lucas, la hija de Jairo tiene aproximadamente doce años. Una ha vivido doce años bajo una enfermedad persistente; la otra ha vivido doce años y está al borde de la muerte.
También existen contrastes sociales. Jairo tiene nombre y cargo público; la mujer permanece anónima. Él solicita ayuda abiertamente; ella intenta obtenerla discretamente. Ambos, sin embargo, aparecen vinculados a la fe frente a una situación que humanamente parece fuera de control.
¿Cuándo desaparece de la historia bíblica?
La mujer desaparece inmediatamente después de la curación. En Marcos 5:34 Jesús la despide en paz. En Mateo 9:22 el episodio termina con la afirmación de que quedó sana. En Lucas 8:48 Jesús vuelve a decirle que su fe la ha salvado y que vaya en paz.
Después no vuelve a aparecer en el Nuevo Testamento. No sabemos si siguió a Jesús, si formó parte de alguna comunidad posterior, cuánto vivió, si tuvo familia o dónde murió.
Tampoco existe una identificación bíblica que permita unirla con otra mujer anónima de los Evangelios.

¿Existe evidencia histórica externa sobre ella?
No conocemos una inscripción del siglo I, una tumba identificada con seguridad ni un documento contemporáneo independiente que permita reconocer personalmente a la mujer de Marcos 5.
La primera recepción antigua de especial interés aparece siglos después. Eusebio de Cesarea, escribiendo a comienzos del siglo IV, cuenta que en Paneas o Cesarea de Filipo existía una tradición según la cual la mujer curada del flujo de sangre procedía de aquella ciudad. Eusebio afirma haber visto allí una estatua de bronce que los habitantes relacionaban con Jesús y la mujer.
El testimonio es valioso para conocer cómo se recordaba la historia en el siglo IV, pero no demuestra que aquella estatua fuera encargada realmente por la mujer del Evangelio ni que la tradición de Paneas se remontara históricamente al siglo I. El propio Eusebio formula parte del relato como algo que «decían» en el lugar.
Berenice, Bernice y Verónica: nombres de tradición posterior
La mujer permanece anónima en los Evangelios canónicos. Sin embargo, algunas versiones de los Hechos de Pilato o Evangelio de Nicodemo la hacen comparecer como testigo en el proceso de Jesús y le asignan nombres como Bernice/Berenice o Verónica.
J. K. Elliott explica que la tradición griega utilizó formas de Berenice y la latina desarrolló el nombre Verónica. Estos textos son posteriores y no conservan un dato biográfico procedente de Marcos, Mateo o Lucas.
Más adelante, la figura de Verónica se unió a otra leyenda: la mujer que habría secado el rostro de Jesús camino de la crucifixión y conservado su imagen en un paño. Esa historia pertenece a un desarrollo medieval posterior. No debe retroproyectarse sobre Marcos 5 como si el Evangelio la narrara.
Cómo ha cambiado su interpretación
Durante siglos, la mujer fue leída de manera alegórica, moral y devocional. Algunos autores cristianos antiguos interpretaron la mujer y la hija de Jairo como símbolos de distintos pueblos o etapas de la historia de la salvación.
La investigación contemporánea ha recuperado con mayor fuerza su experiencia corporal, su iniciativa y su voz. Susan Haber ha estudiado la relación entre la enfermedad y la pureza sin reducir el relato a un ataque contra el judaísmo. Christine Joynes ha mostrado cómo la mujer adquirió una extensa «vida posterior» en arte, literatura y teología.
Trabajos recientes continúan ampliando estas preguntas. Christiana Zenner ha relacionado la historia interpretativa del pasaje con género, menstruación, agua y salud pública, mientras Judith König ha analizado en 2025 las dinámicas de poder y la iniciativa de la mujer en Marcos 5.
El legado de la mujer con flujo de sangre en la actualidad
Su legado bíblico comienza con una paradoja: el personaje no tiene nombre, pero su acción ocupa un lugar central en uno de los relatos de curación más conocidos de los Evangelios.
Hoy su historia se utiliza para reflexionar sobre enfermedad crónica, pérdida económica provocada por problemas de salud, vergüenza corporal, menstruación, acceso a atención médica, agencia femenina, fe y dignidad.
Estas aplicaciones pueden ser valiosas siempre que no proyectemos automáticamente experiencias contemporáneas sobre una mujer del siglo I. El texto permite hablar de doce años de enfermedad, gasto económico, búsqueda de curación, temor, iniciativa y reconocimiento público. Otros detalles siguen siendo desconocidos.

Qué no sabemos de la mujer con flujo de sangre
No sabemos su nombre histórico. No hay base bíblica para llamarla Ana. Berenice y Verónica proceden de tradiciones posteriores.
No sabemos su edad, estado civil, procedencia, familia, profesión ni diagnóstico médico exacto.
No sabemos que estuviera completamente aislada de la sociedad, expulsada de la sinagoga o sin poder tocar jamás a otra persona. La legislación de pureza es relevante, pero esos detalles biográficos concretos no aparecen en los Evangelios.
Tampoco sabemos qué ocurrió con ella después de su curación. El Nuevo Testamento guarda silencio completo sobre su vida posterior.
Preguntas frecuentes sobre la mujer con flujo de sangre
Conclusión: una mujer anónima que dejó de permanecer oculta
La mujer con flujo de sangre entra en los Evangelios sin nombre y desaparece pocos versículos después. Entre ambos momentos sucede algo decisivo: pasa de intentar tocar a Jesús en secreto a contar públicamente «toda la verdad» sobre lo que le ha ocurrido.
Los doce años de enfermedad, el agotamiento económico descrito por Marcos, el trasfondo de pureza ritual y la estructura junto a la hija de Jairo hacen de esta escena mucho más que una breve curación.
Su historia posterior pertenece a la recepción cristiana: Paneas, Berenice, Verónica y otras tradiciones muestran cuánto impacto tuvo el personaje. Pero el punto de partida sigue siendo más sobrio: una mujer anónima se acerca, toca, es curada, habla y escucha de Jesús una palabra de paz.
Fuentes y pasajes para profundizar
- USCCB, Marcos 5 — relato más desarrollado de la mujer con hemorragias y la hija de Jairo.
- USCCB, Mateo 9 — versión breve del encuentro y de la frase «tu fe te ha sanado».
- USCCB, Lucas 8 — versión lucana del relato y testimonio público de la mujer.
- Biblia del Vaticano, Levítico 15:19-30 — legislación sobre menstruación y flujos prolongados de sangre.
- Susan Haber, “A Woman’s Touch” (Journal for the Study of the New Testament) — estudio fundamental sobre Marcos 5, salud y pureza ritual.
- Arie W. Zwiep, “Jairus, His Daughter and the Haemorrhaging Woman” — revisión amplia de la investigación sobre los tres relatos sinópticos.
- Judith König, “The Woman Who Took the Initiative” (Religions, 2025) — análisis narrativo reciente de iniciativa y dinámicas de poder.
- Christiana Zenner, “Pericopes in the Present” (Interpretation, 2024) — lectura contemporánea sobre género, sangre, cuerpos, agua y salud.
- Christine E. Joynes, “Still at the Margins?: Gospel Women and their Afterlives” — historia de la recepción de la hemorroísa y la hija de Jairo.
- J. K. Elliott, “Veronica”, en The Apocryphal Jesus — estudio de los nombres Berenice/Verónica y del desarrollo de la leyenda posterior.
- Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica 7.18 — fuente antigua sobre la tradición de Paneas y la estatua asociada con la mujer.
- Evangelio de Nicodemo, Hechos de Pilato, forma griega II — fuente apócrifa posterior que llama Verónica a la mujer.
- Jonathan Klawans, Impurity and Sin in Ancient Judaism — obra de referencia para distinguir impureza ritual y pecado moral.
MUJERES QUE CAMINARON CON DIOS
LOS EVANGELIOS · Libro IV
Esta historia forma parte de Mujeres que caminaron con Dios · Los Evangelios, un recorrido por las mujeres que atraviesan los Evangelios y acompañan la historia de Jesús. La web profundiza en el texto, su contexto y sus interpretaciones; el libro invita a contemplar, meditar y caminar con cada historia.




