La mujer encorvada en la Biblia:Jesús, el sábado y su legado

La mujer encorvada aparece una sola vez en el Nuevo Testamento, en Lucas 13. Lleva dieciocho años sin poder enderezarse. Jesús la ve en una sinagoga, la llama, pone las manos sobre ella y la libera. La escena provoca una discusión sobre el sábado y culmina con una expresión única y poderosa: «hija de Abraham». Después de ese episodio, la mujer desaparece del relato bíblico. Su nombre, su familia y su vida posterior siguen siendo desconocidos.

¿Quién fue la mujer encorvada en la Biblia?

La mujer encorvada es una mujer anónima que aparece exclusivamente en Lucas 13:10-17. El evangelista la presenta dentro de una sinagoga, en sábado, con una condición que llevaba dieciocho años y que le impedía ponerse completamente erguida.

Lucas no da su nombre. Tampoco dice que se llamara Ana. No conocemos su edad, estado civil, familia, profesión, lugar de nacimiento ni la ciudad concreta en la que ocurrió el episodio.

La historia es breve, pero Lucas ofrece varios detalles decisivos: Jesús la ve, la llama hacia él, declara que queda libre de su enfermedad, pone las manos sobre ella y la mujer se endereza inmediatamente y glorifica a Dios.

¿Cuándo aparece por primera vez?

La primera aparición está en Lucas 13:11. El versículo anterior sitúa a Jesús enseñando en «una de las sinagogas» durante el sábado. Lucas no identifica la localidad.

No existe una historia anterior sobre esta mujer en los Evangelios. Tampoco puede identificarse con seguridad con otra mujer enferma o curada por Jesús.

El episodio pertenece al material propio de Lucas: Marcos y Mateo no narran esta curación. Eso significa que no disponemos de una segunda versión canónica paralela que amplíe su biografía.

La mujer encorvada participa en la sinagoga antes de que Jesús la llame

Dieciocho años encorvada: qué dice realmente Lucas

Lucas describe a la mujer como alguien que tenía un «espíritu de enfermedad» durante dieciocho años. Añade que estaba encorvada y que no podía enderezarse completamente.

El texto no ofrece un diagnóstico médico. A lo largo del tiempo se han propuesto enfermedades de la columna, artritis, osteoporosis, espondilitis y otras posibilidades. Ninguna puede demostrarse a partir de Lucas.

Un antiguo estudio médico llegó a proponer espondilitis anquilosante, pero M. Dennis Hamm advirtió ya en 1987 que reducir el episodio a un diagnóstico puede distraer del sentido narrativo y teológico que Lucas construye alrededor de la liberación.

¿Era una posesión demoníaca?

Este punto requiere especial cautela. Lucas dice que la mujer tenía un «espíritu de enfermedad», y en Lucas 13:16 Jesús afirma que Satanás la había mantenido atada durante dieciocho años.

Sin embargo, la escena no está narrada exactamente como otros exorcismos. Jesús no ordena a un demonio salir, no aparece una voz demoníaca, no se describe una confrontación con un espíritu y no hay transferencia del demonio a otro lugar.

La investigación ha interpretado el pasaje de distintas maneras. Algunos comentaristas consideran que Lucas atribuye directamente la dolencia a una fuerza demoníaca; otros hablan de una enfermedad física descrita dentro del lenguaje religioso del mundo antiguo. Un estudio de 2024 resume precisamente esta diversidad de interpretaciones.

Por tanto, lo más riguroso es mantener ambas observaciones: Lucas vincula la situación con Satanás, pero no debemos convertir sin más a la mujer en un caso clínico moderno de «posesión» ni utilizar el episodio para afirmar que las discapacidades actuales tienen origen demoníaco.

La mujer estaba dentro de una sinagoga

El episodio aporta un dato histórico importante: Lucas sitúa a una mujer dentro de una sinagoga mientras Jesús enseña.

En ocasiones se ha afirmado que las mujeres no podían asistir a las sinagogas del siglo I o que necesariamente estaban separadas en una galería. La evidencia no permite sostener eso con seguridad. Bernadette Brooten reunió inscripciones que documentan participación femenina e incluso títulos de liderazgo en sinagogas antiguas.

Hamm señala además que no existe evidencia documental o arquitectónica firme que permita asumir que las mujeres del siglo I estuvieran excluidas de los servicios sinagogales. Lucas, de hecho, presupone la presencia de esta mujer dentro de la asamblea.

Jesús la ve y la llama

La mujer no pide la curación. Lucas dice que Jesús la vio y la llamó. Esa iniciativa es narrativa y teológicamente importante.

No sabemos si ella había acudido esperando encontrar a Jesús o simplemente estaba participando en la vida habitual de la sinagoga. El Evangelio no registra una petición previa, una confesión de fe ni la intervención de un familiar.

Jesús declara que queda libre de su enfermedad y después pone las manos sobre ella. La respuesta de la mujer es inmediata: se endereza y glorifica a Dios.

Jesús pone las manos sobre la mujer encorvada y la libera de su enfermedad

“Mujer, quedas libre de tu enfermedad”

La frase de Jesús utiliza lenguaje de liberación. Ese vocabulario se vuelve todavía más importante cuando, pocos versículos después, compara la situación con un animal que es desatado para beber agua.

Lucas organiza el relato alrededor de una oposición: atar y desatar. La mujer ha estado «atada» durante dieciocho años y el sábado se convierte precisamente en el día en que debe ser «desatada».

M. Dennis Hamm interpreta esta estructura como parte de la teología narrativa de Lucas: la curación individual se convierte en imagen de la restauración que Dios realiza en su pueblo.

La controversia por sanar en sábado

El responsable de la sinagoga se indigna porque la curación ocurre en sábado. Curiosamente, no se dirige directamente a Jesús, sino a la multitud: recuerda que existen seis días para trabajar y sostiene que las curaciones deberían producirse entonces.

No conviene presentar esta reacción como prueba de que «el judaísmo prohibía ayudar a los enfermos». Las discusiones sobre qué actividades estaban permitidas en sábado formaban parte del debate jurídico y religioso judío, y las fuentes conservan posiciones diversas.

Lucas construye la respuesta de Jesús mediante una comparación práctica: si en sábado se desata a un buey o a un asno para llevarlo a beber, con mucha más razón debe ser liberada una persona que lleva dieciocho años atada.

“Hija de Abraham”: una expresión extraordinaria

Jesús no se refiere a ella únicamente como «esta mujer». La llama «hija de Abraham».

La expresión reconoce explícitamente su pertenencia al pueblo de Israel y su dignidad dentro de la descendencia de Abraham. Juan Pablo II llamó la atención sobre este título en Mulieris dignitatem, precisamente por la fuerza con que Jesús lo aplica a una mujer.

No debemos entenderlo como si antes de la curación ella hubiera dejado de pertenecer a Israel. El argumento de Jesús es justamente el contrario: porque es hija de Abraham, su liberación no debe aplazarse.

La expresión también conecta este episodio con Lucas 19:9, donde Zaqueo es llamado «hijo de Abraham». En ambos casos Lucas utiliza el lenguaje de pertenencia a Abraham dentro de escenas de restauración.

¿Por qué aparecen exactamente dieciocho años?

Lucas repite el número dieciocho dos veces: al presentar la enfermedad y en las palabras de Jesús.

Se han propuesto lecturas simbólicas. Hamm recuerda que en Jueces aparecen periodos de dieciocho años de opresión de Israel, y algunos intérpretes han visto una posible resonancia narrativa.

Sin embargo, Lucas no explica que el número tenga ese significado. Puede ser simplemente la duración tradicionalmente recordada de la enfermedad. Por eso cualquier conexión simbólica debe presentarse como posibilidad literaria, no como dato seguro.

La mujer glorifica a Dios

Después de enderezarse, la mujer glorifica a Dios. Es su única acción explícita después de la curación y la única respuesta que Lucas conserva de ella.

No se registra un discurso largo ni una conversación posterior con Jesús. El énfasis está en la transformación física y en la alabanza.

En Lucas, glorificar a Dios es una reacción frecuente ante acciones de restauración y curación. El relato individual termina así vinculado a una respuesta pública de reconocimiento religioso.

¿Cuándo desaparece la mujer encorvada de la Biblia?

La última acción propia de la mujer está en Lucas 13:13, cuando se endereza y glorifica a Dios. Sin embargo, Jesús vuelve a referirse expresamente a ella en Lucas 13:16 como «esta hija de Abraham».

A partir de Lucas 13:17 el foco pasa a los adversarios de Jesús y a la multitud. La mujer no vuelve a aparecer en el Nuevo Testamento.

No sabemos si siguió a Jesús, si perteneció después a una comunidad cristiana, cuánto vivió, dónde murió ni si tuvo familia.

La mujer encorvada se endereza y glorifica a Dios en Lucas 13

¿Existe evidencia histórica externa sobre ella?

No se conoce una inscripción, tumba, documento administrativo o fuente independiente del siglo I que permita identificar personalmente a la mujer de Lucas 13.

El contexto general sí es históricamente reconocible. La arqueología y las fuentes del siglo I muestran que las sinagogas funcionaban como espacios comunitarios para la lectura y explicación de la Torá. Yonatan Adler ha sintetizado recientemente la evidencia textual y arqueológica sobre esa función educativa y comunitaria.

Ese contexto ayuda a comprender el escenario del relato, pero no verifica individualmente a la mujer.

¿La tradición posterior le dio un nombre?

La mujer siguió siendo conocida sobre todo por su condición narrativa: «la mujer encorvada» o expresiones equivalentes.

Un estudio de Harvard Theological Review sobre la recepción bizantina señala que la expresión griega que describe a la mujer como encorvada terminó funcionando prácticamente como un nombre tradicional del personaje, aunque en Lucas originalmente es solo una descripción.

No existe una tradición antigua suficientemente sólida que permita afirmar que su nombre histórico fuera Ana. Cuando una recreación moderna le asigna un nombre, debe considerarse dramatización, no información bíblica.

La mujer encorvada en el arte y la recepción cristiana

El episodio fue representado en manuscritos, homilías y arte cristiano. La recepción bizantina llegó a utilizar la postura corporal de la mujer como recurso visual y teológico para comentar la liberación narrada por Lucas.

Autores antiguos como Ambrosio también interpretaron el episodio alegóricamente. Esas lecturas forman parte de la historia de recepción del texto, pero no añaden datos biográficos fiables sobre la mujer.

La fuerza de la escena está precisamente en que un personaje sin nombre se convierte en figura reconocible durante siglos por una sola experiencia narrativa.

La mujer encorvada en la investigación actual

La investigación reciente se mueve en varias direcciones: género, autoridad religiosa, sábado, discapacidad, lenguaje de liberación y relación entre enfermedad y mundo espiritual.

Un estudio de 2024 en HTS Theological Studies utiliza el episodio para reflexionar sobre sufrimiento femenino y muestra al mismo tiempo que los comentaristas discrepan sobre si la descripción debe leerse principalmente como dolencia física o como afección atribuida a fuerzas espirituales.

La teología contemporánea de la discapacidad ha añadido otra cautela importante. Hannah Lewis y otros autores advierten que los personajes discapacitados no deben reducirse a objetos pasivos cuya única importancia consiste en dejar de ser discapacitados.

En 2025, una revisión en el Journal of Religious Ethics destacó críticas de Julia Watts Belser a la utilización de relatos de curación de forma que personas con discapacidad reciban toques, oraciones o explicaciones no solicitadas. Esa recepción contemporánea obliga a diferenciar entre lo que ocurre dentro del relato de Lucas y la forma ética de aplicarlo hoy.

El legado de la mujer encorvada en la actualidad

Su legado puede leerse desde varios ángulos: la duración del sufrimiento, la dignidad reconocida en el título «hija de Abraham», la iniciativa de Jesús, el conflicto sobre el sábado y el lenguaje de liberación.

También plantea preguntas actuales sobre cómo miramos los cuerpos diferentes. El relato puede inspirar compasión y oposición a la marginación, pero no debería utilizarse para insinuar que una persona con discapacidad carece de plenitud humana hasta ser curada.

Tampoco debe emplearse para afirmar que una enfermedad o discapacidad actual demuestra pecado, falta de fe o actividad demoníaca. Lucas describe el caso particular de esta mujer dentro de su propia narrativa; no formula una etiología universal de la discapacidad.

La mujer encorvada reconocida como hija de Abraham después de su liberación

Qué no sabemos de la mujer encorvada

No sabemos su nombre. No existe base bíblica para llamarla Ana.

No sabemos su edad, familia, estado civil, ocupación ni ciudad de residencia. Lucas solo dice que Jesús estaba en una de las sinagogas.

No conocemos el diagnóstico médico exacto. Tampoco podemos afirmar de manera simplista que estuviera «poseída por un demonio» en el sentido que el término tiene hoy.

No sabemos qué ocurrió con ella después de Lucas 13:16. Cualquier historia posterior sobre su vida debe identificarse como tradición, interpretación o ficción, no como información del Evangelio.

Preguntas frecuentes sobre la mujer encorvada

Conclusión: una hija de Abraham que dejó de estar atada

La mujer encorvada entra en la historia bíblica sin nombre y con dieciocho años de sufrimiento a sus espaldas. No pide nada. Jesús la ve, la llama y la libera.

La controversia que sigue transforma una curación individual en una discusión sobre el sentido del sábado, la compasión y la pertenencia al pueblo de Abraham. La mujer deja de ser solamente «la encorvada»: Jesús la nombra como hija de Abraham.

Después desaparece del relato. Su legado no depende de una biografía posterior inventada, sino de esos pocos versículos en los que una mujer anónima pasa de estar atada a ser públicamente reconocida, restaurada y capaz de glorificar a Dios.

Fuentes y pasajes para profundizar

MUJERES QUE CAMINARON CON DIOS

LOS EVANGELIOS · Libro IV

Esta historia forma parte de Mujeres que caminaron con Dios · Los Evangelios, un recorrido por las mujeres que atraviesan los Evangelios y acompañan la historia de Jesús. La web profundiza en el texto, su contexto y sus interpretaciones; el libro invita a contemplar, meditar y caminar con cada historia.

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