La mujer sorprendida en adulterio es uno de los personajes anónimos más conocidos de los Evangelios. Un grupo de escribas y fariseos la coloca ante Jesús en el Templo y convierte su vida en una prueba contra él. La escena termina sin lapidación: los acusadores se marchan y Jesús le dice que tampoco él la condena y que no peque más. Sin embargo, la historia tiene una particularidad decisiva: Juan 7:53–8:11 posee una transmisión manuscrita mucho más compleja que la mayor parte del Evangelio. Comprender a esta mujer exige distinguir el relato recibido por la tradición cristiana de la historia textual del pasaje.
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- ¿Quién fue la mujer sorprendida en adulterio?
- ¿Cuándo aparece por primera vez en el relato bíblico?
- El gran problema textual de Juan 7:53–8:11
- ¿Significa eso que la historia es medieval o una invención tardía?
- ¿Es canónico el pasaje?
- ¿Qué sabemos realmente de la acusación de adulterio?
- La Ley de Moisés castigaba también al hombre
- ¿Dónde está el hombre?
- La mujer es utilizada para poner a prueba a Jesús
- ¿Qué escribió Jesús en el suelo?
- “El que esté sin pecado”: qué hace Jesús con la acusación
- ¿Jesús perdona a la mujer?
- “No peques más”: misericordia sin negar el pecado
- ¿Era María Magdalena?
- ¿Cuándo desaparece de la historia bíblica?
- ¿Existe evidencia histórica externa sobre ella?
- Agustín, la Vulgata y la consolidación del relato
- Una historia que viajó dentro de los Evangelios
- El legado de la mujer sorprendida en adulterio
- La mujer adúltera en la actualidad
- Qué no sabemos de la mujer sorprendida en adulterio
- Preguntas frecuentes sobre la mujer sorprendida en adulterio
- Conclusión: una mujer anónima dentro de una historia que también viajó
- Fuentes y pasajes para profundizar
¿Quién fue la mujer sorprendida en adulterio?
La llamada mujer sorprendida en adulterio aparece en la forma tradicional del Evangelio de Juan en Juan 7:53–8:11. Es llevada ante Jesús mientras él enseña en el Templo de Jerusalén.
El relato no conserva su nombre, edad, procedencia, familia, profesión ni historia matrimonial. Tampoco la identifica como prostituta. La única acusación concreta es que habría sido sorprendida en adulterio.
No existe base textual para llamarla María Magdalena, María de Betania ni ninguna otra mujer conocida de los Evangelios. Las fusiones de personajes pertenecen a desarrollos posteriores de la recepción cristiana, no al texto.
¿Cuándo aparece por primera vez en el relato bíblico?
En la numeración tradicional, su primera aparición está en Juan 8:3. Jesús ha vuelto al Templo al amanecer y está enseñando. Entonces los escribas y fariseos llevan a la mujer, la colocan en medio y afirman que ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
Ella no aparece antes en Juan y no puede identificarse con seguridad con ningún personaje anterior. Entra en escena ya acusada y expuesta públicamente.

El gran problema textual de Juan 7:53–8:11
Este episodio, conocido en investigación como Pericope Adulterae, posee una historia manuscrita excepcional. La nota crítica de la USCCB explica que falta en los primeros manuscritos griegos y que en manuscritos posteriores aparece en posiciones diferentes: en su lugar actual, después de otros versículos de Juan, al final del Evangelio e incluso dentro de Lucas.
Su vocabulario y estilo también contienen rasgos que muchos especialistas consideran poco característicos de Juan. Por esas razones, la posición mayoritaria en la crítica textual moderna es que el pasaje no formaba parte de la primera edición del Evangelio de Juan.
Jennifer Knust y Tommy Wasserman, autores del estudio monográfico To Cast the First Stone, concluyen que la historia tuvo una larga transmisión propia y fue incorporada cuidadosamente a copias de Juan cuando el Evangelio ya circulaba.
¿Significa eso que la historia es medieval o una invención tardía?
No. Que el pasaje no perteneciera probablemente al texto inicial de Juan no significa que surgiera en la Edad Media. Su historia es bastante más antigua.
Knust y Wasserman sitúan la incorporación de una forma de la perícopa a un manuscrito griego de Juan probablemente en Occidente durante la primera mitad del siglo III. Para el siglo IV, la historia estaba ampliamente conocida en contextos latinos y fue incorporada a la tradición de la Vulgata.
Autores cristianos de la Antigüedad tardía, entre ellos Agustín, comentaron extensamente la escena. La transmisión no fue uniforme: durante siglos hubo iglesias y manuscritos que la incluían y otros que no.
La investigación actual, por tanto, distingue dos preguntas: ¿pertenecía al texto inicial de Juan? y ¿se convirtió en una tradición evangélica antigua y canónica?. No son la misma cuestión.
¿Es canónico el pasaje?
En la tradición católica, sí. La propia nota de la USCCB, después de describir los problemas textuales, señala expresamente que la Iglesia católica acepta el pasaje como Escritura canónica.
Muchas Biblias modernas lo imprimen entre corchetes, con una nota o con alguna marca editorial para informar al lector de su situación manuscrita. Ese recurso no pretende ocultar la historia, sino hacer visible la evidencia textual.
Por eso un estudio riguroso puede reconocer simultáneamente su importancia canónica y litúrgica dentro de una tradición cristiana y la conclusión crítica de que probablemente no perteneció a la redacción inicial de Juan.
¿Qué sabemos realmente de la acusación de adulterio?
Los acusadores dicen que la mujer fue sorprendida «en flagrante adulterio». El relato no explica cómo fue descubierta, quiénes fueron los testigos, cuánto tiempo había pasado ni cuál era exactamente su situación matrimonial.
Tampoco contiene una investigación judicial independiente que permita al lector reconstruir el caso. La función narrativa de la acusación es conducir a la pregunta dirigida a Jesús.
Por eso no podemos ampliar su biografía diciendo que llevaba una vida promiscua, que era prostituta o que había repetido el adulterio durante años. Nada de eso aparece en el pasaje.
La Ley de Moisés castigaba también al hombre
Este detalle es esencial. Levítico 20:10 prescribe la muerte tanto del hombre que comete adulterio con la mujer de su prójimo como de la mujer. Deuteronomio 22:22 también habla de la muerte de ambos cuando un hombre es descubierto con una mujer casada.
Deuteronomio 22:23-24 contempla además un caso concreto de una joven desposada y ordena la lapidación de ambos implicados si se cumplen las circunstancias descritas.
Por tanto, la frase de los acusadores —«Moisés nos mandó apedrear a mujeres como esta»— no reproduce literalmente una única norma legal. Resume de manera selectiva varios textos.
¿Dónde está el hombre?
El relato no lo dice. Si la mujer había sido sorprendida durante el acto, la ausencia del otro implicado resulta narrativamente llamativa, sobre todo porque las leyes citadas asignan responsabilidad también al varón.
Numerosos intérpretes han visto en esa ausencia una forma de doble rasero o utilización de la mujer. Es una lectura comprensible, pero debemos distinguirla del dato explícito: el texto simplemente no explica por qué él no está presente.
Juan Pablo II utilizó precisamente esta escena en Mulieris dignitatem para denunciar situaciones históricas en las que la responsabilidad sexual ha recaído de forma desigual sobre la mujer mientras se oculta o minimiza la del hombre.
La mujer es utilizada para poner a prueba a Jesús
El narrador revela que la pregunta legal tiene una segunda intención: los acusadores quieren poner a prueba a Jesús para encontrar de qué acusarlo.
Eso significa que la mujer no es únicamente la acusada. Dentro de la trama también se convierte en instrumento de una confrontación contra Jesús.
El texto no explica con precisión qué acusación esperaban formular dependiendo de su respuesta. Se han propuesto reconstrucciones jurídicas relacionadas con la Ley judía y con el poder romano, pero no todas pueden demostrarse con el mismo grado de seguridad.

¿Qué escribió Jesús en el suelo?
No lo sabemos. Jesús se inclina y escribe con el dedo en el suelo dos veces, pero el relato nunca dice qué escribió.
Se han propuesto conexiones con Jeremías 17, listas de pecados, los nombres de los acusadores, mandamientos de la Ley e incluso gestos judiciales. Ninguna propuesta puede presentarse como certeza textual.
Precisamente por eso este detalle merece tratarse como un misterio del relato y no rellenarse con una frase inventada. En nuestro artículo específico ¿Qué escribió Jesús en el suelo? se estudian con mayor amplitud las principales hipótesis.
“El que esté sin pecado”: qué hace Jesús con la acusación
Jesús no declara que el adulterio sea moralmente irrelevante. Su respuesta desplaza el foco hacia quienes pretenden ejecutar la condena.
Después de su frase sobre el primero que arroje la piedra, los acusadores comienzan a marcharse uno a uno. El texto no explica qué pecados concretos recuerdan ni afirma que ellos mismos fueran adúlteros.
Por eso tampoco debemos convertir la escena en una biografía secreta de los acusadores. El relato muestra que ninguno lleva finalmente la condena hasta su ejecución.
¿Jesús perdona a la mujer?
El lenguaje popular suele hablar de «la adúltera perdonada». La expresión resume bien una larga recepción cristiana de la escena, pero conviene observar las palabras concretas de la forma tradicional del pasaje.
Jesús pregunta si alguien la ha condenado. Cuando ella responde que nadie, él afirma que tampoco la condena y añade que siga su camino y no peque más.
La palabra «perdón» no aparece explícitamente en esa frase final del mismo modo que en otros relatos evangélicos. Sin embargo, la tradición cristiana ha entendido ampliamente la no condena y la llamada a una vida distinta dentro del horizonte de la misericordia y el perdón.
“No peques más”: misericordia sin negar el pecado
La escena no termina con una afirmación de que no haya sucedido nada. La última instrucción de Jesús reconoce que existe una conducta que debe abandonarse.
Por eso la recepción cristiana clásica suele leer la escena como una unión de misericordia y conversión: la persona no queda reducida a su falta, pero la falta tampoco se redefine como irrelevante.
Agustín hizo de este episodio uno de sus grandes ejemplos de la relación entre justicia y misericordia. Siglos después, el pasaje siguió ocupando un lugar importante en la predicación penitencial.
¿Era María Magdalena?
No existe fundamento bíblico para identificar a esta mujer con María Magdalena. Juan 8 no proporciona ningún nombre y María Magdalena posee una tradición evangélica propia.
La confusión surgió dentro de una historia más amplia en la que varias mujeres de los Evangelios —la pecadora de Lucas 7, María de Betania, María Magdalena y la mujer sorprendida en adulterio— fueron a veces acercadas o fusionadas en arte, predicación y literatura.
La investigación histórica moderna las mantiene separadas salvo que exista evidencia textual que permita identificarlas, y en este caso no la hay.
¿Cuándo desaparece de la historia bíblica?
La última intervención de la mujer está en Juan 8:11. Después de responder a Jesús, recibe sus palabras finales y sale de la narración.
No vuelve a aparecer en Juan ni en ningún otro libro del Nuevo Testamento. No sabemos si se hizo discípula, si permaneció en Jerusalén, si tuvo familia, cuánto vivió ni dónde murió.
Tampoco existe una tradición histórica temprana y firme que permita reconstruir su vida posterior con nombre y genealogía.

¿Existe evidencia histórica externa sobre ella?
No conocemos una inscripción, tumba, documento administrativo o fuente independiente del siglo I que permita identificar personalmente a esta mujer.
La investigación histórica se concentra, por tanto, en la transmisión de la historia, no en una biografía externa de su protagonista. En ese terreno sí poseemos abundante evidencia: manuscritos, traducciones antiguas, comentarios patrísticos, liturgia y arte.
El estudio de Knust y Wasserman muestra precisamente que la «vida histórica» más documentable del personaje empieza como historia transmitida por comunidades cristianas y escribas, no como una persona identificable fuera del relato.
Agustín, la Vulgata y la consolidación del relato
Para finales del siglo IV y comienzos del V, la historia estaba firmemente asentada en buena parte del cristianismo latino. Jerónimo la incorporó a la tradición de la Vulgata y Agustín la comentó dentro de su lectura del Evangelio de Juan.
Knust y Wasserman muestran que aproximadamente dos tercios de los manuscritos conservados de la tradición latina antigua incluyen la historia, aunque con variaciones. Ese éxito occidental fue decisivo para su posterior difusión litúrgica y artística.
Agustín también transmitió la idea de que algunos habrían eliminado el episodio por temor a que pareciera conceder excesiva indulgencia al adulterio. La investigación moderna, sin embargo, considera improbable que una campaña general de supresión explique por sí sola toda la historia manuscrita.
Una historia que viajó dentro de los Evangelios
Uno de los hechos más llamativos es que el relato no siempre aparece en el mismo lugar. Algunos manuscritos lo sitúan donde hoy lo conocemos; otros lo colocan en diferentes puntos de Juan y algunos después de pasajes de Lucas.
Esa movilidad llevó a hablar de una perícopa «nómada». Más recientemente, los especialistas prefieren reconstruir de manera detallada cómo distintas comunidades y copistas transmitieron y acomodaron una historia muy apreciada.
La investigación de 2026 de Mina Monier ha mostrado que esta diversidad continuó incluso en manuscritos medievales árabes, coptos, griegos y siríacos, donde la presencia del pasaje podía variar considerablemente.
El legado de la mujer sorprendida en adulterio
Pocas escenas evangélicas han dejado expresiones tan reconocibles en la cultura. La imagen de «arrojar la primera piedra» ha pasado a la literatura, el cine, la pintura y el lenguaje cotidiano como símbolo contra el juicio hipócrita.
En la tradición cristiana, la mujer se convirtió además en una figura de misericordia, conversión y dignidad de la persona frente a la reducción de alguien a su pecado.
Su recepción también ha servido para reflexionar sobre la desigualdad con que hombres y mujeres han sido juzgados por conductas sexuales semejantes. Esa lectura encuentra un punto de apoyo real en la escena: la Ley menciona responsabilidad masculina y femenina, pero ante Jesús solo aparece la mujer.

La mujer adúltera en la actualidad
Hoy el relato sigue planteando preguntas sobre justicia, vergüenza pública, castigo, responsabilidad, arrepentimiento y posibilidad de comenzar de nuevo.
También es un excelente ejemplo de por qué la lectura bíblica responsable necesita crítica textual. Saber que un pasaje tiene una historia manuscrita compleja no destruye automáticamente su valor religioso; permite entender cómo las comunidades cristianas conservaron, debatieron y transmitieron sus textos.
En contextos contemporáneos, la escena debería utilizarse con especial cuidado para no justificar violencia contra mujeres acusadas de conducta sexual ni convertir la misericordia en indiferencia ante el daño. El propio relato evita ambos extremos: detiene la ejecución y mantiene una llamada a no continuar pecando.
Qué no sabemos de la mujer sorprendida en adulterio
No sabemos su nombre, edad, lugar de origen, familia, situación económica ni qué ocurrió con ella antes o después de la escena.
No sabemos por qué el hombre implicado no fue llevado ante Jesús. Tampoco sabemos qué escribió Jesús en el suelo.
No podemos identificarla con María Magdalena ni con otra mujer conocida del Nuevo Testamento.
Y aunque la investigación puede reconstruir con bastante precisión la historia manuscrita del pasaje, no puede demostrar históricamente la identidad personal de la mujer.
Preguntas frecuentes sobre la mujer sorprendida en adulterio
Conclusión: una mujer anónima dentro de una historia que también viajó
La mujer sorprendida en adulterio permanece anónima desde el momento en que es colocada en medio de la multitud hasta que sale del relato. No conocemos su vida antes ni después.
Lo excepcional es que también la propia historia tuvo una trayectoria compleja: circuló, fue copiada en lugares distintos, se integró con fuerza en el cristianismo latino y terminó convirtiéndose en una de las escenas más reconocibles de los Evangelios.
Su legado descansa en una tensión que ha atravesado siglos de interpretación: una acusación real no tiene por qué destruir para siempre la dignidad de una persona; la misericordia puede detener la condena sin llamar bueno al mal. Y para leer esa escena con responsabilidad también debemos aceptar la verdad histórica de su compleja transmisión manuscrita.
Fuentes y pasajes para profundizar
- Biblia del Vaticano, Juan 8 — texto del relato en su ubicación tradicional.
- USCCB, Juan 8 — texto y nota crítica sobre la ausencia del pasaje en los primeros manuscritos griegos, sus distintas ubicaciones y su recepción canónica católica.
- USCCB, Levítico 20:10 — legislación que asigna la pena a los dos participantes en adulterio.
- USCCB, Deuteronomio 22:22-27 — legislación matrimonial y casos de adulterio, incluidos pasajes que contemplan la muerte de ambos implicados.
- Jennifer Knust y Tommy Wasserman, To Cast the First Stone — estudio monográfico de referencia sobre la transmisión textual y recepción de la Pericope Adulterae.
- Knust y Wasserman, “The Strange Case of the Missing Adulteress” — estudio de la ausencia del pasaje en las primeras copias de los Evangelios y de su posterior incorporación.
- Knust y Wasserman, “In Many Copies” — análisis de la amplia transmisión de la historia en el cristianismo latino antiguo.
- Knust y Wasserman, “Was the Pericope Adulterae Suppressed?” — evaluación crítica de la hipótesis de una supresión deliberada del relato.
- Mina Monier, “A Quest for the Pericope Adulterae” (Harvard Theological Review, 2026) — investigación reciente sobre la transmisión medieval árabe, copta, griega y siríaca.
- Agustín, Tratados sobre el Evangelio de Juan — fuente patrística para la recepción antigua de la escena.
- H. A. G. Houghton, Augustine’s Text of John — estudio de la forma del texto de Juan utilizada por Agustín, incluido Juan 7:53–8:11.
- Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, 14 — recepción contemporánea del episodio en relación con responsabilidad moral y desigualdad entre hombres y mujeres.
MUJERES QUE CAMINARON CON DIOS
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