La Reina de Sabá aparece en la Biblia como una soberana extranjera capaz de atravesar una enorme distancia para comprobar por sí misma la fama de Salomón. Llegó a Jerusalén con una gran caravana, habló con el rey de todo lo que llevaba en su corazón, puso a prueba su sabiduría y terminó reconociendo que la realidad superaba cuanto había oído. Detrás de este breve relato hay una historia de poder, comercio, diplomacia y búsqueda de sabiduría que siglos de tradiciones ampliaron hasta convertir a la reina en Makeda, Bilqis e incluso madre de una dinastía. Pero ¿qué dice realmente la Biblia y qué podemos saber históricamente sobre ella?
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- ¿Quién fue la Reina de Sabá en la Biblia?
- ¿Cómo se llamaba la Reina de Sabá?
- ¿Dónde estaba el reino de Sabá?
- ¿La Reina de Sabá era de Yemen o de Etiopía?
- El contexto histórico: Sabá, el incienso y las grandes rutas comerciales
- ¿Por qué la Reina de Sabá fue a ver a Salomón?
- El viaje de la Reina de Sabá a Jerusalén
- ¿Qué le preguntó la Reina de Sabá a Salomón?
- El encuentro entre la Reina de Sabá y Salomón
- La Reina de Sabá bendijo al Dios de Israel
- ¿Qué regalos llevó la Reina de Sabá a Salomón?
- ¿Qué le dio Salomón a la Reina de Sabá?
- ¿Salomón y la Reina de Sabá fueron amantes o se casaron?
- ¿La Reina de Sabá tuvo un hijo con Salomón?
- Makeda y el Kebra Nagast: la gran tradición etíope
- Bilqis y la Reina de Sabá en la tradición islámica
- ¿Qué pasó con la Reina de Sabá después de visitar a Salomón?
- Jesús recordó a la Reina de Sabá como “la reina del Sur”
- ¿Existió realmente la Reina de Sabá?
- Qué revela el relato sobre la propia Reina de Sabá
- Qué enseña la historia de la Reina de Sabá
- Preguntas frecuentes sobre la Reina de Sabá en la Biblia
- Conclusión: una reina entre la Biblia, la historia y la tradición
- Fuentes y pasajes para profundizar
La Reina de Sabá en la Biblia aparece principalmente en 1 Reyes 10:1-13 y 2 Crónicas 9:1-12. El relato no proporciona su nombre personal, no describe su aspecto físico y tampoco afirma que se casara con Salomón. La presenta como una reina de un territorio llamado Sabá que oyó hablar de la fama y la sabiduría del rey de Israel, viajó a Jerusalén para ponerlo a prueba y regresó después a su propio país.
Siglos después, su figura creció en las tradiciones judías, cristianas, etíopes e islámicas. En Etiopía fue conocida como Makeda; en la tradición islámica posterior, como Bilqis o Balkis. Algunas narraciones la convierten en amante de Salomón y madre de Menelik I. Esas historias son culturalmente importantes, pero no pertenecen al relato bíblico de Reyes y Crónicas.
¿Quién fue la Reina de Sabá en la Biblia?
La Biblia presenta a la Reina de Sabá como una soberana extranjera que gobernaba un territorio rico y conectado con las grandes rutas comerciales del sur. Su aparición es breve, pero extraordinariamente significativa: entra en Jerusalén con autoridad propia, una numerosa comitiva y bienes de enorme valor. No llega como cautiva, esposa ofrecida en matrimonio ni subordinada política, sino como gobernante que busca comprobar personalmente la reputación de otro monarca.
1 Reyes 10:1 afirma que había oído la fama de Salomón y que vino a probarlo con “enigmas” o “preguntas difíciles”. El término hebreo utilizado puede referirse a acertijos, cuestiones complejas o expresiones cuyo significado debía ser desentrañado. El texto no conserva las preguntas concretas. Lo importante para el narrador es el resultado: Salomón respondió a todo y nada le quedó oculto.
La reina no se limita a escuchar las respuestas. Observa la organización de la corte, el palacio, la mesa real, la posición de los servidores, sus vestidos, los coperos y el culto relacionado con el templo. Su evaluación incluye tanto la sabiduría verbal de Salomón como la manera en que esa sabiduría se refleja en el funcionamiento del reino.
¿Cómo se llamaba la Reina de Sabá?
La Biblia no revela el nombre de la Reina de Sabá. En 1 Reyes y 2 Crónicas aparece únicamente por su título y su lugar de procedencia: “la reina de Sabá”. Por eso no es correcto presentar Makeda o Bilqis como si fueran nombres proporcionados por el texto bíblico.
Makeda es el nombre con el que la identifica la tradición etíope, especialmente la desarrollada en el Kebra Nagast, una obra medieval fundamental para la tradición dinástica de Etiopía. Bilqis, también escrito Balkis o Balqis, pertenece a la tradición islámica posterior. El Corán narra un encuentro entre Salomón y una reina de Sabá en la sura 27, pero tampoco proporciona su nombre.
Esta distinción ayuda a leer su historia con precisión: existe un núcleo bíblico antiguo y, alrededor de él, una enorme recepción posterior que añadió nombres, diálogos, pruebas, romances y genealogías.
¿Dónde estaba el reino de Sabá?
Sabá no es un reino inventado únicamente por el relato bíblico. Las fuentes arqueológicas y epigráficas documentan una importante civilización sabea en el sur de la península arábiga, con su centro político y económico en la región de Marib, en el actual Yemen. Sus ciudades, templos, sistemas de irrigación e inscripciones muestran una sociedad compleja y organizada.
La riqueza de Sabá estuvo estrechamente vinculada a las rutas comerciales que atravesaban Arabia. El sur arábigo ocupaba una posición estratégica en el tráfico de incienso y otras mercancías de lujo hacia el Mediterráneo, Egipto y el Próximo Oriente. Oro, piedras preciosas, aromas, maderas y otros productos circulaban por redes que conectaban Arabia con África Oriental y regiones mucho más lejanas.
Esto encaja llamativamente con los regalos que 1 Reyes atribuye a la reina: perfumes o especias aromáticas, oro y piedras preciosas. El relato bíblico la sitúa, por tanto, en un mundo donde las relaciones entre reinos podían desarrollarse mediante caravanas, intercambios de lujo, audiencias diplomáticas y competencia por rutas comerciales.

¿La Reina de Sabá era de Yemen o de Etiopía?
La identificación histórica más habitual del Sabá bíblico apunta al sur de Arabia, especialmente al actual Yemen. Allí se encuentra Marib, centro del reino sabeo y uno de los grandes nodos de la antigua ruta del incienso. La UNESCO reconoce precisamente en Marib los principales monumentos del antiguo reino de Sabá.
Sin embargo, la relación con Etiopía no nació de la nada. El mar Rojo unía, más que separaba, las costas de Arabia y el Cuerno de África. Hubo contactos, intercambios y movimientos de población entre ambas orillas durante la Antigüedad, y la cultura sabea dejó huellas en el norte del actual territorio etíope y eritreo. Con el tiempo, la tradición etíope hizo de la Reina de Sabá una figura central de su propia historia sagrada y monárquica.
Por eso conviene distinguir dos preguntas. Si preguntamos dónde se localiza mejor el reino de Sabá descrito en el contexto histórico del relato bíblico, la respuesta más sólida es Arabia meridional, principalmente Yemen. Si preguntamos dónde adquirió la reina una de sus tradiciones posteriores más influyentes, Etiopía ocupa un lugar fundamental.
El contexto histórico: Sabá, el incienso y las grandes rutas comerciales
El reino sabeo prosperó gracias a una combinación excepcional de organización política, agricultura irrigada y comercio. Marib se levantó en una región árida, pero sus sistemas hidráulicos permitieron cultivar una gran extensión y sostener una población urbana. Al mismo tiempo, su posición dentro de las rutas de Arabia convirtió al reino en participante destacado del comercio de productos aromáticos.
El incienso y la mirra eran bienes de alto valor en el mundo antiguo. Se utilizaban en cultos religiosos, ceremonias, perfumes, medicina y prácticas funerarias. Las caravanas transportaban estas resinas y otros productos hacia el norte, atravesando largas distancias hasta los mercados del Levante y del Mediterráneo.
La cronología requiere prudencia. La narración bíblica sitúa a Salomón tradicionalmente en el siglo X a. C., mientras que la evidencia monumental y epigráfica más segura del poder sabeo se vuelve especialmente abundante a partir de los siglos posteriores. La arqueología confirma con claridad la existencia y riqueza del reino de Sabá, pero no ha identificado hasta ahora a una reina concreta que pueda equipararse con la visitante de Salomón.
Esta diferencia no obliga a reducir el relato a una simple fábula, pero sí impide presentar como probado lo que las fuentes no permiten probar. El escenario comercial es históricamente verosímil; la identidad individual de la reina sigue sin confirmación epigráfica.
¿Por qué la Reina de Sabá fue a ver a Salomón?
Según 1 Reyes 10, la razón explícita fue la fama de Salomón. Había oído hablar de su sabiduría y decidió comprobarla personalmente. El relato une esa reputación con el nombre del Señor, de modo que la sabiduría del rey no aparece como una cualidad aislada, sino vinculada a la bendición que Dios había concedido al reino.
Pero una visita de semejante magnitud difícilmente puede entenderse solo como curiosidad intelectual. Una reina no se desplazaba con una gran caravana, bienes valiosos y numerosos servidores como quien realiza una visita privada. El encuentro tiene todas las características de una audiencia entre dos cortes: exhibición de riqueza, intercambio de regalos, conversación directa entre soberanos y reconocimiento mutuo.
Por eso es razonable considerar que la sabiduría y la diplomacia se entrelazan en la escena. Salomón gobernaba un reino situado entre el Mediterráneo y las rutas hacia el mar Rojo. Sabá dependía de corredores comerciales que llevaban los productos del sur hacia mercados septentrionales. Aunque la Biblia no describe un tratado comercial, el contexto permite entender por qué ambos reinos podían tener interés en conocerse y medirse.
El viaje de la Reina de Sabá a Jerusalén
Si la reina partió del área de Marib, su viaje hasta Jerusalén habría sido una expedición de gran escala. No conocemos su itinerario exacto ni cuánto duró. Las antiguas rutas de caravanas no formaban una única carretera fija, sino una red de trayectos condicionados por pozos, oasis, seguridad, estaciones y acuerdos locales.
El texto bíblico subraya el tamaño de la comitiva. La reina llegó con un “séquito muy grande” y camellos cargados de productos aromáticos, oro y piedras preciosas. Una caravana así necesitaba personal de seguridad, cuidadores de animales, sirvientes, funcionarios y provisiones. La escena comunica poder antes de que la reina pronuncie una sola palabra.
También ayuda a comprender por qué Jesús, siglos después, podía decir que la “reina del Sur” vino “desde los confines de la tierra” para escuchar la sabiduría de Salomón. Desde la perspectiva de Judea, el extremo meridional de Arabia representaba una distancia extraordinaria.

¿Qué le preguntó la Reina de Sabá a Salomón?
La Biblia no conserva ninguna de las preguntas concretas de la Reina de Sabá. 1 Reyes 10:1 dice que vino a probar a Salomón con preguntas difíciles, enigmas o acertijos, y el versículo siguiente añade que habló con él de todo lo que tenía en su corazón.
Esta última expresión amplía la escena. No parece tratarse únicamente de un concurso de adivinanzas. La reina expone ante Salomón aquello que desea plantear y el rey responde a todas sus cuestiones. El narrador no necesita reproducir el examen; le interesa demostrar que la fama de la sabiduría de Salomón resistió una prueba extranjera de alto nivel.
Tradiciones posteriores inventaron numerosos acertijos: preguntas sobre hombres y mujeres, flores, agua, objetos idénticos o problemas lógicos. Son relatos interesantes para estudiar cómo fue creciendo la leyenda, pero no deben atribuirse directamente a 1 Reyes o 2 Crónicas.
El encuentro entre la Reina de Sabá y Salomón
El centro de la historia no es un romance, sino un encuentro de sabiduría y autoridad. La reina llega preparada para examinar a Salomón. El rey responde. Después ella observa con atención la corte y descubre que la reputación que había llegado hasta su país se quedaba corta.
1 Reyes enumera lo que llamó su atención: la sabiduría de Salomón, la casa que había construido, los alimentos de su mesa, la organización de los servidores, sus vestiduras, los coperos y el culto en el templo. No es una lista accidental. Para un visitante real, la mesa, los funcionarios, los protocolos y la arquitectura eran señales visibles de la capacidad de un monarca para sostener y ordenar su reino.
El texto dice que quedó “sin respiración” o profundamente asombrada. Entonces reconoce que los informes recibidos eran ciertos y que ni siquiera le habían contado la mitad. La prueba termina, por tanto, con una inversión: quien había llegado para examinar acaba confesando que lo visto supera sus expectativas.

La Reina de Sabá bendijo al Dios de Israel
Uno de los momentos más importantes del relato ocurre cuando la reina declara: “Bendito sea el Señor, tu Dios”. Reconoce que el Dios de Israel se complació en Salomón y lo colocó en el trono por amor a Israel, para ejercer derecho y justicia.
Estas palabras tienen un fuerte valor teológico. Una soberana extranjera reconoce que la sabiduría, el gobierno y la justicia de Salomón están vinculados al Dios de Israel. El relato transforma así la fama internacional del rey en una ocasión para que el nombre del Señor sea reconocido fuera de las fronteras del reino.
¿Significa esto que la Reina de Sabá se convirtió formalmente a la religión de Israel? La Biblia no lo afirma. El texto registra una bendición y un reconocimiento del Dios de Salomón, pero no describe un rito de conversión, un abandono explícito de sus cultos anteriores ni su incorporación a Israel. Algunas tradiciones posteriores desarrollaron precisamente esa idea, pero conviene mantener separada la afirmación bíblica de las interpretaciones posteriores.
¿Qué regalos llevó la Reina de Sabá a Salomón?
1 Reyes 10:10 afirma que la reina entregó a Salomón 120 talentos de oro, además de una enorme cantidad de perfumes y piedras preciosas. El talento era una unidad de peso, no una moneda de valor fijo, y su equivalencia exacta podía variar. En cualquier cálculo, la cantidad descrita por el texto representa varias toneladas de oro.
Los aromas tienen también una importancia especial. El narrador señala que nunca había llegado a Jerusalén una cantidad semejante de perfumes o especias aromáticas. Ese detalle encaja con la asociación histórica del sur de Arabia con el comercio del incienso y otros productos fragantes de gran valor.
Los regalos reales no deben entenderse como simples recuerdos de viaje. En la diplomacia antigua, el intercambio de objetos preciosos expresaba prestigio, reconocimiento y relación entre soberanos. La riqueza ofrecida por la reina muestra que ella misma procede de una corte capaz de movilizar recursos excepcionales.
¿Qué le dio Salomón a la Reina de Sabá?
El intercambio fue recíproco. 1 Reyes 10:13 dice que Salomón concedió a la reina cuanto ella quiso y pidió, además de los regalos que el propio rey le hizo con generosidad. El texto no enumera esos bienes ni explica qué había solicitado.
Esta ausencia de detalles ha alimentado muchas leyendas. Sin embargo, el relato bíblico cierra la visita de manera sobria: después del intercambio, la reina y sus servidores regresaron a su país. No se menciona boda, permanencia en Jerusalén ni descendencia.
¿Salomón y la Reina de Sabá fueron amantes o se casaron?
La Biblia no dice que Salomón y la Reina de Sabá mantuvieran una relación amorosa, tuvieran relaciones sexuales ni se casaran. El relato de 1 Reyes 10 termina con el regreso de la reina a su tierra. 2 Crónicas 9 conserva el mismo desenlace.
La idea de una unión entre ambos pertenece a tradiciones posteriores. Es especialmente importante en Etiopía, donde el Kebra Nagast desarrolla una extensa narración sobre Makeda y Salomón. Esa tradición tuvo un enorme impacto religioso y político, pero fue escrita muchos siglos después de la época en la que tradicionalmente se sitúa a Salomón.
Por tanto, presentar el romance como si estuviera narrado en la Biblia mezcla dos niveles distintos de tradición. El texto bíblico describe admiración, conversación, intercambio diplomático y reconocimiento religioso; no describe una relación matrimonial.
¿La Reina de Sabá tuvo un hijo con Salomón?
La Biblia no menciona ningún hijo de la Reina de Sabá y Salomón. El personaje llamado Menelik I pertenece a la tradición etíope, no a 1 Reyes ni a 2 Crónicas.
Según el Kebra Nagast, Makeda regresó a su reino después de su encuentro con Salomón y dio a luz a un hijo que más tarde viajaría a Jerusalén. Esta narración convirtió a Menelik en antepasado de la monarquía salomónica etíope y vinculó la historia de Etiopía con Israel y con el Arca de la Alianza.
La fuerza de esta tradición explica por qué tantas representaciones modernas presentan a Makeda y Menelik como si fueran parte de la biografía bíblica. Históricamente, sin embargo, debemos decirlo con precisión: es una tradición medieval etíope de enorme importancia cultural, no un dato confirmado por los libros bíblicos ni por una inscripción contemporánea a Salomón.

Makeda y el Kebra Nagast: la gran tradición etíope
La versión etíope es una de las transformaciones más influyentes de la historia de la Reina de Sabá. En el Kebra Nagast —“La gloria de los reyes”— la reina recibe el nombre de Makeda y su visita a Salomón adquiere una dimensión mucho mayor que en la Biblia.
La obra conecta a Makeda con Salomón, con el nacimiento de Menelik y con la llegada del Arca de la Alianza a Etiopía. Así, la reina deja de ser una visitante extranjera para convertirse en figura fundacional de la identidad religiosa y dinástica etíope.
Esta tradición merece ser estudiada en sus propios términos, no descartada simplemente como “leyenda”. Durante siglos desempeñó una función política, teológica e identitaria. Pero precisamente por su importancia conviene fecharla y diferenciarla del texto bíblico más antiguo.
Bilqis y la Reina de Sabá en la tradición islámica
El Corán también recoge una historia de la soberana de Sabá, especialmente en la sura 27. Allí el relato es muy diferente: Salomón conoce la existencia de un pueblo gobernado por una mujer, se produce un intercambio de mensajes y la reina termina reconociendo al Dios de Salomón.
El nombre Bilqis no aparece en el Corán; procede de la tradición islámica posterior. Con el tiempo, comentaristas y narradores ampliaron la historia con episodios y detalles propios. Este desarrollo muestra hasta qué punto la figura de la reina se convirtió en un puente narrativo entre judaísmo, cristianismo, islam y las tradiciones del Cuerno de África.
¿Qué pasó con la Reina de Sabá después de visitar a Salomón?
Desde el punto de vista bíblico, la respuesta es sencilla: regresó a su país con sus servidores. Después de 1 Reyes 10:13 y 2 Crónicas 9:12, el Antiguo Testamento no continúa su biografía.
Ese silencio dejó un enorme espacio para la imaginación posterior. Las tradiciones quisieron saber quién era, cómo gobernó, si se convirtió, si tuvo descendencia y qué ocurrió cuando volvió a su reino. Pero ninguna de esas continuaciones puede presentarse como información proporcionada por el relato de Reyes.
Jesús recordó a la Reina de Sabá como “la reina del Sur”
La historia de la reina vuelve a aparecer muchos siglos después en palabras de Jesús. Mateo 12:42 y Lucas 11:31 hablan de la “reina del Sur” que vino desde lejos para escuchar la sabiduría de Salomón.
Jesús utiliza su viaje como contraste. Aquella soberana extranjera estuvo dispuesta a recorrer una gran distancia para escuchar a un rey sabio; quienes escuchaban a Jesús tenían delante de sí a alguien mayor que Salomón y, sin embargo, muchos se negaban a reconocerlo.
La referencia del Nuevo Testamento demuestra la fuerza que la historia había adquirido en la memoria bíblica. La Reina de Sabá ya no es solo ejemplo de riqueza o diplomacia: se convierte en imagen de quien busca la sabiduría con suficiente determinación como para abandonar la comodidad de su propio reino.
¿Existió realmente la Reina de Sabá?
La respuesta histórica debe formularse con cuidado. El reino de Sabá fue real y está ampliamente documentado por la arqueología y las inscripciones del sur de Arabia. Marib fue un importante centro político, religioso y económico, y la prosperidad sabea asociada al comercio del incienso está bien atestiguada.
Lo que no tenemos es una inscripción antigua que identifique a una reina concreta como la mujer que visitó a Salomón. De hecho, los registros epigráficos sabeos conocidos no han proporcionado hasta ahora una confirmación directa del personaje bíblico. Tampoco poseemos un documento contemporáneo de Jerusalén que registre la visita.
Eso significa que la arqueología puede reconstruir el mundo de Sabá y mostrar que un reino rico del sur de Arabia encaja en el tipo de escenario descrito por la Biblia, pero no puede poner nombre, fecha y rostro histórico a la reina del relato. La distinción entre contexto históricamente documentado e identificación personal no demostrada es esencial.
Qué revela el relato sobre la propia Reina de Sabá
Aunque la narración está construida para exaltar la sabiduría de Salomón, la reina no aparece como personaje pasivo. Toma la iniciativa de viajar, organiza una gran expedición, formula preguntas, observa, evalúa y finalmente pronuncia su propio juicio sobre lo que ha visto.
Su poder económico es evidente por la magnitud de los regalos. Su posición política se deduce del trato directo entre ambos soberanos. Y su inteligencia queda implícita en el propósito mismo del viaje: es ella quien pone a prueba a uno de los reyes más famosos de la tradición bíblica.
También destaca su disposición a cambiar de opinión. La reina admite que inicialmente no creyó todo lo que se decía de Salomón. Va a comprobarlo, observa con sus propios ojos y reconoce que la realidad supera los rumores. El relato la presenta así como una mujer que no se conforma con noticias de segunda mano.
Qué enseña la historia de la Reina de Sabá
La historia puede leerse en varios niveles. En el contexto de Reyes, confirma la fama internacional de Salomón y presenta su sabiduría como un don que atrae incluso a gobernantes extranjeros. En el plano político, muestra un mundo de contactos entre cortes y rutas comerciales. En el plano narrativo, ofrece el retrato de una reina que busca comprobar la verdad por sí misma.
También contiene una idea que el Nuevo Testamento recuperará: la sabiduría merece ser buscada incluso cuando exige desplazamiento, esfuerzo y apertura. La “reina del Sur” se convierte en testigo de esa búsqueda.
Y hay una última lección metodológica para el lector moderno: distinguir la Biblia de sus tradiciones posteriores no empobrece la historia. Al contrario, permite apreciar mejor cada capa. El relato de Reyes, el Kebra Nagast, la tradición islámica y la arqueología de Marib son fuentes distintas que responden a preguntas diferentes.
Preguntas frecuentes sobre la Reina de Sabá en la Biblia
Conclusión: una reina entre la Biblia, la historia y la tradición
La Reina de Sabá ocupa apenas unos versículos en la Biblia, pero dejó una huella extraordinaria. El texto la presenta como una soberana poderosa que escucha la fama de Salomón, emprende un viaje excepcional, pone a prueba su sabiduría, observa el funcionamiento de su reino y reconoce que lo que ha visto supera todo lo que le habían contado.
Su historia bíblica es más sobria que las leyendas posteriores. No conocemos su nombre, no sabemos cuáles fueron sus preguntas, no se dice que se casara con Salomón y no se menciona ningún hijo. Lo que sí aparece con claridad es una mujer con recursos, autoridad, curiosidad intelectual y capacidad para formular su propio juicio.
La arqueología confirma que Sabá fue un reino real y próspero del sur de Arabia, estrechamente ligado a las rutas del incienso, aunque todavía no ha identificado a la reina de la narración bíblica. Etiopía, el islam y la tradición cristiana ampliaron después su figura hasta convertirla en Makeda, Bilqis y símbolo de una búsqueda que atravesó fronteras.
Quizá por eso su breve visita sigue resultando tan poderosa: la Reina de Sabá no fue a Jerusalén para repetir lo que otros decían, sino para ver, preguntar y escuchar por sí misma.
Fuentes y pasajes para profundizar
- 1 Reyes 10:1-13 — relato principal de la visita de la Reina de Sabá a Salomón.
- 2 Crónicas 9:1-12 — relato paralelo de la visita.
- Mateo 12:42 — Jesús recuerda a la “reina del Sur”.
- Lucas 11:31 — referencia paralela a su viaje para escuchar la sabiduría de Salomón.
- UNESCO, Landmarks of the Ancient Kingdom of Saba, Marib — contexto arqueológico del reino sabeo y la ruta del incienso.
- Ministère de la Culture de Francia, Yemen: the land of the Queen of Sheba — arqueología e inscripciones del antiguo Yemen y ausencia de confirmación epigráfica de la reina.
- Metropolitan Museum of Art, Trade between Arabia and the Empires of Rome and Asia — comercio de incienso, mirra y bienes de lujo en Arabia.
- Kebra Nagast — fuente principal para la tradición etíope de Makeda y Menelik.
- Corán, sura 27:20-44 — versión coránica del encuentro de Salomón con la soberana de Sabá.




