Avaricia y generosidad

Jesús avisa: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes» (Lc 12,15). La avaricia es uno de los siete pecados capitales (Catecismo, n. 1866). Su virtud contraria es la generosidad, que santo Tomás llama liberalidad. Pablo lo resume así: «Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7).

Avaricia y generosidad
Avaricia y generosidad
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Pecados capitales

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Qué es

La avaricia es, según el Catecismo, «el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos»: el «deseo desordenado nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y de su poder» (n. 2536). Santo Tomás dedica a ella la q. 118 de la Suma Teológica, titulada «Los vicios opuestos a la liberalidad, y en primer lugar la codicia». Explica por qué es capital: las riquezas prometen bastarse a uno mismo, y por ese fin tan deseado el hombre se pone a hacer muchas cosas, buenas o malas (II-II, q. 118, a. 7).

La virtud contraria es la generosidad, que la tradición llama liberalidad. Santo Tomás la estudia en la q. 117, justo antes de los vicios que se le oponen.

En la Biblia

«No podéis servir a Dios y al Dinero» (Mt 6,24). Jesús avisa: «Mirad y guardaos de toda codicia» (Lc 12,15), y cuenta la parábola del hombre rico cuyos campos dieron mucho fruto, que piensa demoler sus graneros para edificar otros más grandes y oye: «¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?» (Lc 12,16-20). La conclusión: «Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios» (Lc 12,21).

Pablo escribe a Timoteo: «la raíz de todos los males es el afán de dinero» (1 Tm 6,10), y a los colosenses: «la codicia, que es una idolatría» (Col 3,5). Frente a ello, la generosidad: «Cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7). Y las palabras del Señor Jesús que Pablo recuerda: «Mayor felicidad hay en dar que en recibir» (Hch 20,35).

Cómo se manifiesta

Santo Tomás enumera lo que nace de la avaricia: la dureza de corazón ante la misericordia, que no ayuda al necesitado con lo que posee; la inquietud, por el exceso de ansiedad y cuidado; la violencia; el engaño con palabras (falsedad y perjurio) o con obras (fraude); y la traición, de la que pone como ejemplo a Judas, que traicionó a Cristo por codicia (II-II, q. 118, a. 8).

El Catecismo recuerda que el décimo mandamiento «prohíbe la codicia del bien ajeno, raíz del robo, de la rapiña y del fraude» (n. 2534). Y, aunque desear cosas buenas no es pecado, advierte que esos deseos «con frecuencia no guardan la medida de la razón» (n. 2535).

Qué dice la Iglesia

El Catecismo enumera la avaricia entre los pecados capitales (n. 1866) y la prohíbe en el décimo mandamiento (n. 2536). Sobre el remedio dice: «El precepto del desprendimiento de las riquezas es obligatorio para entrar en el Reino de los cielos» (n. 2544). Y: «Todos los cristianos han de intentar orientar rectamente sus deseos para que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto» (n. 2545, citando Lumen gentium 42).

También recuerda que «el abandono en la providencia del Padre del cielo libera de la inquietud por el mañana» (n. 2547).

La virtud que lo vence

Algunas formas de vivir la generosidad: dar con alegría y sin dar de mala gana (2 Co 9,7); dar de lo que uno necesita y no solo de lo que sobra, como la viuda pobre, de quien Jesús dice que «ha echado más que todos» (Lc 21,1-4); contentarse con lo que se tiene, como Pablo: «he aprendido a contentarme con lo que tengo» (Flp 4,11); y confiar en la providencia del Padre.

Las obras de misericordia corporales (dar de comer, dar de beber, vestir al desnudo) son la práctica concreta de la generosidad. Todas, en la landing de las obras de misericordia, y el conjunto de los pecados capitales y sus virtudes, en la landing de los siete pecados capitales.

Para profundizar

Catecismo de la Iglesia Católica: n. 1866 (los pecados capitales), nn. 2534-2536 (el décimo mandamiento y la avaricia), nn. 2544-2547 (el desprendimiento y la pobreza de espíritu). Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 117 (liberalidad) y q. 118 (la codicia y sus hijas). Textos clave de la Escritura: Lc 12,13-21, Mt 6,24, 1 Tm 6,6-10 y 2 Co 9,6-8.

Fuentes de consulta

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