memoria de san Jerónimo, presbítero y Doctor de la Iglesia, en el Calendario Romano General
San Jerónimo: sacerdote, traductor de la Biblia y Doctor de la Iglesia
San Jerónimo fue uno de los grandes Padres de la Iglesia latina y uno de los estudiosos bíblicos más influyentes de la historia cristiana. Nacido en Estridón hacia el año 347, se formó en Roma, vivió como asceta, estudió griego y hebreo y acabó estableciéndose en Belén. A petición del papa Dámaso revisó y tradujo textos bíblicos al latín; su trabajo quedó unido a la tradición de la Vulgata. Fue sacerdote, exegeta, traductor, polemista y maestro espiritual, y la Iglesia lo venera como Doctor por su servicio a la Sagrada Escritura.

30 de septiembre
Santo o santa
14 min
El significado de su nombre
Su nombre completo era Sofronio Eusebio Jerónimo. Jerónimo procede del griego Hieronymos, formado por hieros, «sagrado», y onoma, «nombre», por lo que puede interpretarse como «nombre sagrado». En latín aparece como Hieronymus y en otras lenguas como Jerome, Jérôme o Girolamo. La Iglesia lo reconoce como presbítero, Padre y Doctor de la Iglesia.
El personaje en la Biblia
La Biblia fue el centro de la vida y obra de san Jerónimo. Estudió los textos hebreos y griegos, revisó antiguas versiones latinas y tradujo buena parte del Antiguo Testamento directamente del hebreo. Su célebre afirmación «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo» resume su espiritualidad bíblica y fue retomada por el Concilio Vaticano II. Para Jerónimo, estudiar la Escritura no era una actividad puramente intelectual: debía conducir a la conversión, la oración y la vida cristiana concreta. Pasajes como 2 Timoteo 3,14-17, sobre la utilidad de toda Escritura inspirada, y Lucas 24,27, donde Cristo interpreta las Escrituras a los discípulos, expresan bien el horizonte de su trabajo.
Vida y vocación
Sofronio Eusebio Jerónimo nació hacia el año 347 en Estridón, una localidad situada en la frontera de las antiguas provincias romanas de Dalmacia y Panonia. La ubicación exacta de su ciudad natal se perdió con las transformaciones y guerras de la Antigüedad tardía, pero el propio Jerónimo se identificó siempre con aquel mundo fronterizo entre el área latina y el entorno balcánico.
Pertenecía a una familia cristiana acomodada que pudo ofrecerle una educación excelente. Siendo joven fue enviado a Roma, donde estudió gramática, retórica, literatura clásica y filosofía. Allí recibió una formación que marcaría su estilo: dominaba la lengua latina con gran precisión, conocía profundamente a los autores clásicos y desarrolló un fuerte interés por los textos. También reconocería más tarde que durante su juventud se dejó atraer por ambientes mundanos de la ciudad.
Jerónimo recibió el bautismo hacia el año 366. A partir de entonces comenzó un proceso de conversión cada vez más radical hacia la vida ascética. Viajó a Tréveris y después a Aquileya, donde se integró en un círculo de cristianos dedicados al estudio, la oración y la vida austera. Las tensiones dentro del grupo lo llevaron nuevamente a viajar hacia Oriente.
En Antioquía profundizó en el conocimiento del griego y entró en contacto con la gran tradición cristiana oriental. Durante una enfermedad grave vivió una experiencia espiritual que relató años después como un sueño en el que se le acusaba de ser más «ciceroniano» que cristiano por su excesivo apego a los autores paganos. El relato tiene una clara intención espiritual y literaria y no debe leerse como si fuera un acta histórica externa, pero expresa bien el conflicto interior de Jerónimo entre su amor por la cultura clásica y su deseo de entregar toda su inteligencia al servicio de la fe.
Durante varios años se retiró al desierto de Calcis, al sur de Alepo, donde llevó una vida de ascetismo, estudio y oración. Allí comenzó a estudiar hebreo con maestros judíos o de tradición semítica. El aprendizaje fue difícil, pero acabaría siendo una de las claves de su obra futura. En una época en la que muchos autores cristianos occidentales dependían casi exclusivamente de traducciones griegas o latinas, Jerónimo hizo del acceso a las lenguas originales una prioridad.
Fue ordenado sacerdote en Antioquía, aunque aceptó la ordenación con la condición de conservar una amplia libertad para su vida ascética y sus estudios. Después pasó por Constantinopla, donde conoció a san Gregorio Nacianceno y continuó perfeccionando su conocimiento de la exégesis griega.
Hacia el año 382 regresó a Roma para participar en asuntos eclesiales durante el pontificado de san Dámaso I. El papa reconoció su extraordinaria preparación y lo utilizó como colaborador y secretario en cuestiones bíblicas y doctrinales. En ese contexto recibió el encargo de revisar los textos latinos de los Evangelios, que circulaban en distintas versiones con numerosas diferencias.
Jerónimo comenzó revisando el Nuevo Testamento latino a partir del griego. Su proyecto creció progresivamente. Después trabajó sobre los Salmos y, una vez instalado en Tierra Santa, emprendió una traducción mucho más amplia del Antiguo Testamento directamente desde el hebreo. No fue una tarea realizada en un solo momento ni una traducción uniforme de todos los libros, sino un proceso largo que incluyó revisiones, traducciones nuevas, prefacios y decisiones filológicas complejas.
El conjunto de textos bíblicos latinos revisados o traducidos por Jerónimo acabó integrándose, junto con otros materiales latinos que no eran obra suya, en lo que posteriormente recibió el nombre de Vulgata. Es importante precisar este punto: Jerónimo no produjo por sí solo una «Biblia Vulgata» idéntica a las ediciones posteriores. Su trabajo fue el núcleo más influyente del proceso, pero la forma final de la Vulgata se consolidó gradualmente durante siglos.
Su estancia romana fue también muy importante por el grupo de mujeres cristianas de la aristocracia que buscaban una vida ascética más intensa. Jerónimo acompañó espiritualmente a Marcela, Paula, Eustoquia y otras discípulas, alentándolas al estudio de la Escritura, la oración, la virginidad consagrada y la caridad. Paula y Eustoquia llegarían a dominar elementos de griego y hebreo y colaboraron estrechamente con su obra intelectual y monástica.
La personalidad de Jerónimo era brillante, apasionada y difícil. Sus escritos muestran una capacidad extraordinaria para la amistad y el afecto, pero también una polémica muy agresiva contra quienes consideraba equivocados. Tras la muerte del papa Dámaso en 384 perdió a su principal protector en Roma y aumentaron las críticas contra él y contra el círculo ascético que dirigía. En 385 abandonó la ciudad.
Junto con Paula y otros compañeros emprendió una peregrinación hacia Tierra Santa y Egipto. Visitó lugares bíblicos y centros monásticos, y finalmente en 386 se estableció en Belén. Gracias a los recursos de Paula se construyeron allí monasterios para hombres y mujeres y una hospedería destinada a peregrinos. Jerónimo permanecería en Belén hasta el final de su vida.
La elección de Belén era profundamente simbólica. Vivía junto a la gruta venerada como lugar del nacimiento de Cristo y podía estudiar las Escrituras en el territorio donde se habían desarrollado muchos de sus relatos. Desde allí mantuvo una extensa correspondencia con obispos, monjes, aristócratas, estudiosos y amigos de todo el mundo cristiano.
Su trabajo bíblico fue inmenso. Tradujo desde el hebreo libros del Antiguo Testamento, revisó textos, comparó variantes y escribió comentarios sobre numerosos libros bíblicos. Defendió lo que llamaba la hebraica veritas, es decir, la importancia de acudir al texto hebreo para resolver problemas de traducción del Antiguo Testamento. Esta decisión fue polémica porque muchos cristianos consideraban casi intocable la versión griega de los Setenta.
Jerónimo no trabajó con los instrumentos críticos modernos, pero su método representó un avance extraordinario para su época. Comparaba manuscritos, lenguas y traducciones, explicaba sus decisiones y consultaba a personas capaces de ayudarle con el hebreo. Su obra muestra tanto una enorme erudición como las limitaciones propias de la filología antigua.
Además de traductor, fue un escritor prolífico. Compuso comentarios bíblicos, homilías, biografías de ascetas, tratados polémicos y centenares de cartas. Su obra De viris illustribus presentó biografías breves de escritores cristianos y constituye una fuente importante para la historia de la literatura cristiana antigua.
Sus polémicas fueron numerosas. Discutió sobre Orígenes, el ascetismo, la virginidad, el matrimonio, la interpretación bíblica y diferentes controversias doctrinales. Algunas expresiones de Jerónimo resultan hoy excesivamente duras y deben entenderse dentro del estilo polémico de la Antigüedad tardía, sin convertirlas automáticamente en modelo de diálogo cristiano.
Su relación con san Agustín de Hipona es especialmente interesante. Ambos intercambiaron cartas y no siempre estuvieron de acuerdo, sobre todo en cuestiones de interpretación bíblica y traducción. Sin embargo, el diálogo entre dos de las mayores figuras intelectuales del cristianismo latino muestra la vitalidad de la teología de aquel tiempo y la posibilidad de mantener comunión incluso en medio de desacuerdos fuertes.
Jerónimo fue también un gran promotor de la vida monástica. En sus cartas ofrece consejos sobre educación cristiana, virginidad, disciplina, oración y lectura bíblica. Su ascetismo podía ser exigente, pero insistía en combinar estudio, trabajo y oración. La comunidad de Belén acogía peregrinos y daba formación a quienes buscaban una vida cristiana más intensa.
Las últimas décadas de su vida fueron difíciles. La muerte de Paula en 404 fue un golpe profundo. A ello se sumaron disputas teológicas, tensiones locales y la violencia que acompañó a las invasiones y conflictos del Imperio romano. Jerónimo recibió noticias de la caída de Roma ante los visigodos en 410 con enorme conmoción y escribió sobre el sufrimiento de refugiados y comunidades devastadas.
Murió en Belén el 30 de septiembre del año 419 o 420. Fue enterrado allí, cerca de la gruta de la Natividad. Una tradición posterior sostiene que sus restos fueron trasladados a Roma y venerados en la basílica de Santa María la Mayor, aunque la historia exacta de las reliquias presenta dificultades documentales y debe exponerse como tradición.
La influencia de Jerónimo fue inmensa. La Vulgata dominó durante siglos la vida bíblica, litúrgica y teológica de Occidente. El Concilio de Trento reconoció la autoridad de la Vulgata en la Iglesia latina y, siglos después, la Nova Vulgata se convirtió en la edición latina oficial moderna de referencia de la Santa Sede.
Benedicto XVI recordó que el mérito de Jerónimo no estuvo sólo en traducir la Biblia, sino en colocarla realmente en el centro de su vida. Su famosa frase «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo» resume una convicción que el Concilio Vaticano II retomó en Dei Verbum. Para Jerónimo, conocer la Biblia debía conducir al conocimiento personal de Cristo.
En 2020, al cumplirse aproximadamente mil seiscientos años de su muerte, el papa Francisco publicó la carta apostólica Scripturae Sacrae Affectus, dedicada al «afecto por la Sagrada Escritura» de san Jerónimo. Allí destacó su pasión por la Biblia, su trabajo como traductor y la importancia de la traducción como puente entre culturas.
San Jerónimo es también una figura emblemática para traductores, biblistas, estudiosos y amantes de los libros. Sus patronazgos modernos reflejan la tarea que ocupó toda su vida: comprender un texto, penetrar en su lengua y transmitirlo de modo que otros puedan acceder a él.
Su iconografía suele combinar dos imágenes distintas. Una lo presenta como erudito, vestido como cardenal aunque ese cargo no existía aún en su forma medieval, rodeado de libros y escribiendo. Otra lo muestra como penitente en el desierto, semidesnudo, con una piedra y un crucifijo. El león que aparece a su lado procede de una leyenda medieval según la cual Jerónimo habría curado la pata herida del animal; esta historia no pertenece a las fuentes históricas de su vida.
La grandeza de Jerónimo reside en haber unido cultura, lenguas, ascetismo y fe. Fue un hombre de carácter difícil y no una figura idealizada sin defectos. Precisamente por eso su trayectoria resulta especialmente humana: puso un talento intelectual extraordinario al servicio de una búsqueda que nunca consideró terminada, la de escuchar con mayor fidelidad la Palabra de Dios.
Patronazgos y lugares
San Jerónimo es ampliamente venerado como patrono de traductores, biblistas y estudiosos de la Sagrada Escritura. Diversas tradiciones lo relacionan también con bibliotecarios, libreros y quienes trabajan con libros y lenguas, aunque estos patronazgos pueden ser devocionales o profesionales más que territoriales. Belén es el gran lugar de su memoria biográfica: allí vivió durante décadas, trabajó sobre los textos bíblicos y murió junto a la gruta de la Natividad. Roma está igualmente vinculada a su vida por sus años de formación, su colaboración con el papa Dámaso y la tradición sobre el traslado posterior de sus reliquias a Santa María la Mayor. En Croacia y otras regiones balcánicas es especialmente venerado por la tradición que sitúa su nacimiento en Estridón, aunque la localización exacta de la ciudad antigua no es segura. Su figura tiene enorme importancia para facultades de teología, institutos bíblicos y comunidades dedicadas al estudio y traducción de la Biblia.
Atributos e iconografía
San Jerónimo se representa habitualmente con una Biblia o códice abierto, pluma, escritorio y libros, como traductor y exegeta.
Devoción y legado
La devoción a san Jerónimo está especialmente unida al amor por la Sagrada Escritura. Su memoria invita a leer la Biblia con constancia, estudiar las lenguas y contextos cuando sea posible y evitar interpretaciones superficiales. También es un intercesor muy apropiado para traductores, estudiantes, biblistas, profesores y personas que trabajan con libros. Belén recuerda su deseo de permanecer cerca de los lugares bíblicos y Roma su servicio a la Iglesia universal. Una devoción equilibrada no idealiza su carácter ni imita su dureza polémica, sino que aprende de su pasión por la verdad, su disciplina intelectual y su convicción de que conocer las Escrituras conduce a conocer a Cristo.
Oraciones o escritos
San Jerónimo dejó una obra inmensa. Su legado principal está en sus revisiones y traducciones bíblicas latinas, que serían fundamentales para la Vulgata. Escribió comentarios sobre numerosos libros de la Escritura, centenares de cartas, tratados polémicos, homilías y obras históricas. Entre sus textos más conocidos se encuentra De viris illustribus, una colección de biografías de autores cristianos. Sus prefacios bíblicos son especialmente valiosos porque explican criterios de traducción, problemas textuales y su defensa del recurso a las lenguas originales. Su correspondencia constituye además una fuente esencial para conocer la vida cristiana, el monacato, las controversias teológicas y las relaciones intelectuales de la Antigüedad tardía.
Fuentes de consulta
- Vatican News, santoral del 30 de septiembre: https://www.vaticannews.va/es/santos/09/30.html
- Vatican News, «San Jerónimo, sacerdote y Doctor de la Iglesia»: https://www.vaticannews.va/es/santos/09/30/s--jeronimo--sacerdote-y-doctor-de-la-iglesia.html
- Benedicto XVI, Audiencia general sobre san Jerónimo, 7 noviembre 2007: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2007/documents/hf_ben-xvi_aud_20071107.html
- Benedicto XVI, Audiencia general sobre san Jerónimo, 14 noviembre 2007: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2007/documents/hf_ben-xvi_aud_20071114.html
- Francisco, carta apostólica Scripturae Sacrae Affectus, 30 septiembre 2020: https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco-lettera-ap_20200930_scripturae-sacrae-affectus.html
- USCCB, memoria de san Jerónimo, 30 septiembre 2026: https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/093026.cfm
- Vatican News, «San Jerónimo y su cercanía con las Sagradas Escrituras»: https://www.vaticannews.va/pt/igreja/news/2022-09/sao-jeronimo-sagradas-escrituras-dom-vital-corbellini.html




