5OCT

Témporas de acción de gracias y de petición, memoria obligatoria en el Calendario Propio de España

Témporas de acción de gracias y de petición: agradecer, pedir y convertirse

Las Témporas de acción de gracias y de petición son una celebración litúrgica propia de España que recoge una tradición cristiana muy antigua de dar gracias a Dios por los frutos de la tierra y del trabajo, pedir por las necesidades humanas y renovar la conversión personal y comunitaria. La Conferencia Episcopal Española fija actualmente esta celebración el 5 de octubre, al terminar el verano y reanudarse plenamente la actividad habitual.

Témporas de acción de gracias y de petición: agradecer, pedir y convertirse
Témporas de acción de gracias y de petición: agradecer, pedir y convertirse
Fiesta

5 de octubre

Tipo de ficha

Fiestas y celebraciones litúrgicas

Lectura

12 min

El significado de su nombre

«Témporas» procede del latín tempora, «tiempos» o «estaciones». Históricamente designó jornadas de oración, ayuno y acción de gracias vinculadas a distintos momentos del año. En la ordenación litúrgica actual de España la celebración se concentra especialmente el 5 de octubre y se denomina «Témporas de acción de gracias y de petición».

El personaje en la Biblia

La liturgia española de las Témporas reúne textos que expresan sus tres grandes dimensiones. Deuteronomio 8,7-18 recuerda que la tierra, los bienes y la capacidad de producir riqueza son dones que no deben llevar al olvido de Dios. El cántico de 1 Crónicas 29 proclama que todo procede del Señor. 2 Corintios 5,17-21 introduce la dimensión de reconciliación y conversión. Mateo 7,7-11 invita a pedir con confianza: «Pedid y se os dará». En conjunto, la celebración enseña a agradecer lo recibido, pedir por lo que falta y revisar la propia vida para volver a Dios.

Vida y vocación

Las Témporas son una de las tradiciones litúrgicas más antiguas relacionadas con el ritmo de las estaciones, el trabajo humano y la gratitud por los frutos de la tierra. Su nombre procede del latín tempora, «tiempos» o «estaciones», y durante siglos designó varias series de días distribuidos a lo largo del año en los que los cristianos intensificaban la oración, el ayuno y la acción de gracias.

Sus antecedentes se encuentran en la antigua liturgia romana. La Iglesia de Roma fue integrando jornadas de oración relacionadas con las cosechas, el comienzo de determinadas estaciones y la necesidad de pedir la bendición de Dios sobre los trabajos humanos. Las fuentes antiguas muestran que ya en la época de san León Magno, en el siglo V, estas jornadas poseían un significado penitencial y comunitario bien desarrollado.

Tradicionalmente las Témporas se celebraban en cuatro momentos del año. De ahí nació en muchas lenguas la expresión equivalente a «cuatro tiempos». En el rito romano anterior a la reforma litúrgica del siglo XX se vinculaban normalmente con miércoles, viernes y sábado de determinadas semanas del año, e incluían ayuno, oración y lecturas bíblicas especialmente abundantes.

Estas jornadas también llegaron a relacionarse con las ordenaciones sagradas. Durante siglos fue habitual conferir órdenes menores y mayores en las Témporas, de modo que la oración por los frutos de la tierra y por las necesidades de la comunidad terminó unida también a la petición por nuevos ministros de la Iglesia.

La reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II revisó esta estructura. Las Normas Universales sobre el Año Litúrgico y el Calendario mantuvieron el principio de las Rogativas y Témporas, pero concedieron a las Conferencias Episcopales una amplia capacidad para adaptar su forma, duración y fecha a las necesidades de cada país, precisamente porque las estaciones agrícolas y las circunstancias sociales no son iguales en todo el mundo.

En España, la Conferencia Episcopal conservó esta tradición y la adaptó a una fecha concreta. El Calendario Litúrgico-Pastoral fija las Témporas de acción de gracias y de petición el 5 de octubre. La elección responde al final del período vacacional y de la recolección de muchas cosechas, así como al regreso a la actividad laboral y pastoral ordinaria.

La celebración española no se reduce a dar gracias por el campo. La expresión «frutos de la tierra y trabajos de los hombres» permite integrar agricultura, industria, servicios, estudio, vida familiar, economía, ciencia y cualquier actividad humana legítima. La liturgia enseña que la capacidad de producir, organizar y transformar el mundo es un don que debe recibirse con gratitud y responsabilidad.

El primer eje de las Témporas es la acción de gracias. En una cultura que tiende a considerar normales los alimentos, la energía, el trabajo, la tecnología o la estabilidad cotidiana, la liturgia invita a reconocer que muchos bienes recibidos no dependen únicamente del esfuerzo individual. La gratitud cristiana no elimina el mérito del trabajo humano, pero recuerda que la vida, la tierra, las capacidades, las relaciones y las oportunidades son dones que no pueden darse por supuestos.

El segundo eje es la petición. La Iglesia reza por las necesidades de la humanidad, por los frutos de la tierra, por el trabajo, por quienes carecen de empleo, por las personas afectadas por catástrofes naturales, por quienes dependen de cosechas inciertas y por todos los que viven en situaciones de precariedad. La oración no sustituye la acción social o política; la acompaña y recuerda que el creyente presenta también ante Dios necesidades que requieren responsabilidad humana concreta.

El tercer eje es la conversión. El calendario español indica que, cuando la celebración se concentra en un solo día, conviene que los formularios abarquen acción de gracias, petición y conversión. Esta tercera dimensión evita que la fiesta se convierta únicamente en una ceremonia de gratitud por la prosperidad. Agradecer de verdad lleva a revisar el uso de los bienes, la justicia de las relaciones laborales, la solidaridad con quienes tienen menos y la responsabilidad frente a la creación.

La primera lectura propuesta para 2026, Deuteronomio 8,7-18, expresa precisamente ese peligro: el pueblo puede entrar en una tierra fértil, enriquecerse y acabar pensando que todo lo ha conseguido únicamente por sus propias fuerzas. El texto recuerda que incluso la capacidad de adquirir bienes es un don. La liturgia utiliza este pasaje para educar una memoria agradecida que no se convierta en autosuficiencia.

El salmo responsorial procede de 1 Crónicas 29 y proclama que la riqueza, el poder y la grandeza pertenecen a Dios. La segunda lectura, 2 Corintios 5,17-21, orienta la jornada hacia la reconciliación, mientras el Evangelio de Mateo 7,7-11 invita a pedir con confianza al Padre. Así, la estructura bíblica de la celebración une gratitud, conversión y petición sin reducir las Témporas a un simple recuerdo folclórico del mundo rural.

El Calendario Litúrgico-Pastoral de España establece que la celebración debe realizarse al menos el 5 de octubre y añade que, cuando sea posible, es aconsejable prolongar sus dimensiones en otros dos días de la misma semana. De esta manera conserva, aunque de forma adaptada, la antigua estructura de varios días de oración.

La Conferencia Episcopal señala también que en la jornada penitencial resulta apropiado celebrar comunitariamente el sacramento de la reconciliación. Esto muestra que la penitencia forma parte de la identidad de las Témporas y no es un añadido secundario.

Desde una perspectiva histórica, las Témporas muestran cómo la liturgia cristiana ha dialogado con los ritmos concretos de la vida social. En sociedades agrícolas, las cosechas determinaban la supervivencia de comunidades enteras. Hoy muchas personas viven alejadas del trabajo del campo, pero continúan dependiendo de cadenas de producción, agua, clima, transporte, energía y trabajo humano. La celebración conserva por tanto una sorprendente actualidad.

También puede relacionarse con el cuidado de la creación. Dar gracias por los frutos de la tierra implica reconocer límites y responsabilidades. La gratitud cristiana por la naturaleza no convierte la creación en algo divino, pero sí impide tratarla como un objeto sin valor. La tierra es recibida como don y confiada al cuidado humano.

En España las Témporas poseen una particular importancia porque el 5 de octubre no es simplemente una feria litúrgica. En 2026 la Conferencia Episcopal Española las señala expresamente como memoria obligatoria. Esto significa que, para una web española que quiere reflejar la precedencia litúrgica real, la celebración debe considerarse el destacado principal del día por encima de memorias que puedan aparecer en calendarios universales o extranjeros.

Este punto afecta especialmente a santa Faustina Kowalska. En el Calendario Romano General su memoria facultativa figura el 5 de octubre. Sin embargo, la Santa Sede concedió que en el Calendario Propio de España esa memoria se trasladase al 8 de octubre, precisamente porque el día 5 está ocupado por las Témporas. Por tanto, en España el 5 de octubre el destacado litúrgico correcto es la celebración de acción de gracias y petición, mientras santa Faustina se celebra litúrgicamente el día 8.

La adaptación española no resta importancia a santa Faustina ni a la devoción a la Divina Misericordia. Simplemente aplica el principio de los calendarios particulares: una Iglesia local puede organizar determinadas memorias para armonizarlas con celebraciones propias. Para JHV, que trabaja desde España pero llega también a lectores de otros países, conviene explicar esta diferencia claramente.

En Latinoamérica las Témporas pueden organizarse de manera distinta o no ocupar esta misma fecha, porque las Conferencias Episcopales tienen competencias para adaptar las Rogativas y Témporas según el clima, las estaciones y las necesidades pastorales. Por eso no debe afirmarse que el 5 de octubre sea universalmente la fecha de las Témporas en toda la Iglesia.

La celebración carece de una iconografía única comparable a la de un santo. Sus símbolos más apropiados son pan, uvas, espigas, frutos, herramientas de trabajo, manos que ofrecen los dones de la tierra, un libro abierto de la Escritura y una comunidad en oración. Conviene evitar reducir la imagen a una escena exclusivamente agrícola, porque el sentido litúrgico actual incluye también los trabajos humanos en general.

Las Témporas ofrecen además una oportunidad pastoral para orar por desempleados, agricultores y ganaderos, trabajadores precarios, autónomos, empresarios, estudiantes, científicos, cuidadores y todas las personas cuya actividad sostiene la vida social. La acción de gracias no debe idealizar las condiciones laborales injustas; precisamente la conversión pide revisar cómo se producen, distribuyen y utilizan los bienes.

Su mensaje puede resumirse en tres verbos: agradecer, pedir y convertirse. Agradecer impide la autosuficiencia; pedir reconoce la fragilidad humana; convertirse exige que la gratitud produzca justicia, reconciliación y responsabilidad. Por eso las Témporas siguen siendo una celebración plenamente actual aunque procedan de una tradición muy antigua.

Para el calendario de JHV del 5 de octubre de 2026, esta ficha debe ser considerada la celebración principal en España. Otros santos del día pueden aparecer en el santoral secundario, pero no deben desplazar la memoria obligatoria de las Témporas cuando la web pretenda reflejar el calendario litúrgico español.

Patronazgos y lugares

Las Témporas no poseen patronazgos personales porque no conmemoran a un santo, sino una celebración litúrgica. Su ámbito principal en esta fecha es España: la Conferencia Episcopal Española fija el 5 de octubre como memoria obligatoria de acción de gracias y de petición. En otras Conferencias Episcopales las Rogativas y Témporas pueden celebrarse en fechas, formas o estaciones distintas según las necesidades locales. En España la jornada permite encomendar especialmente a agricultores, ganaderos, trabajadores, desempleados, familias, estudiantes y todas las actividades humanas, pero no debe presentarse como un patronazgo formal sobre esas profesiones.

Atributos e iconografía

Al tratarse de una celebración litúrgica y no de una persona, sus atributos visuales deben expresar acción de gracias, trabajo, petición y conversión. Son apropiados el pan, espigas, uvas, frutos de temporada, una jarra de agua o vino, herramientas de trabajo, manos que presentan ofrendas, un libro abierto de la Escritura y una comunidad en oración. Puede añadirse una cruz sencilla o un cirio. Conviene evitar limitar la imagen exclusivamente al mundo agrícola, porque la liturgia incluye también los trabajos humanos en sentido amplio.

Devoción y legado

Las Témporas se viven mejor como una jornada de oración agradecida y concreta. Pueden prepararse presentando ante Dios los bienes recibidos durante el año, las necesidades de la familia y del trabajo, y aquellas áreas de la propia vida que necesitan conversión. Es especialmente apropiado rezar por quienes trabajan la tierra, por quienes han perdido el empleo, por situaciones de sequía o inundación, por la justicia en el mundo laboral y por el uso responsable de los recursos. La celebración puede unirse también al sacramento de la reconciliación, tal como recomienda el calendario español para su dimensión penitencial.

Oraciones o escritos

Las Témporas no poseen escritos propios. Sus fuentes son las Normas Universales sobre el Año Litúrgico y el Calendario, el Misal Romano, el Calendario Litúrgico-Pastoral de la Conferencia Episcopal Española y la antigua tradición litúrgica romana. Los sermones de san León Magno son una fuente histórica importante para comprender el sentido penitencial y agradecido de las antiguas Témporas. En la forma actual española resultan esenciales las indicaciones de la Conferencia Episcopal sobre acción de gracias, petición y conversión.

Fuentes de consulta

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