Visitar a los presos: obra de misericordia corporal

«En la cárcel, y vinisteis a verme» (Mt 25,36). Hacerse presente junto a quien ha perdido la libertad es una de las obras que Jesús enumera en el juicio final, y la carta a los Hebreos la pide con una imagen muy fuerte: «Acordaos de los presos, como si estuvierais con ellos encarcelados» (Hb 13,3).

Visitar a los presos: obra de misericordia corporal
Visitar a los presos: obra de misericordia corporal
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Obra de misericordia

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Qué es

Visitar a los presos es acompañar a quien está privado de libertad, sin juzgarlo por lo que haya hecho y sin dejar de pedir justicia. El Catecismo la incluye entre las obras corporales: «visitar a los enfermos y a los presos» (n. 2447), y Francisco la nombra en la bula Misericordiae Vultus: «visitar a los presos» (n. 15).

Es una de las siete obras corporales de las catorce que enumera santo Tomás de Aquino (Suma Teológica, II-II, q. 32, a. 2).

En la Biblia

En el juicio final Jesús dice: «estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme» (Mt 25,36), y los identifica consigo: «cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).

La carta a los Hebreos dice: «Permaneced en el amor fraterno… Acordaos de los presos, como si estuvierais con ellos encarcelados, y de los maltratados, pensando que también vosotros tenéis un cuerpo» (Hb 13,1.3). Es decir, se pide una solidaridad real, que se ponga en el lugar del otro. Isaías habla además de «dar la libertad a los quebrantados» como parte del ayuno que Dios quiere (Is 58,6).

Cómo vivirla hoy

Visitar a un preso hoy puede ser acompañar a una persona recluida, apoyar a su familia, colaborar con la pastoral penitenciaria o rezar por quienes están en la cárcel, por las víctimas y por quienes trabajan en ella. No supone dar la razón a quien ha hecho daño, sino reconocer que sigue siendo una persona.

Quien visita a un preso suele ejercer a la vez obras espirituales: consolar al triste, aconsejar o ayudar a perdonar.

Qué dice la Iglesia

La Iglesia la considera una obra tan propia del Evangelio que el papa Francisco la recuerda en la bula del Jubileo: seremos preguntados si «dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero» (Misericordiae Vultus, n. 15). Y el Catecismo la agrupa con la visita a los enfermos: «visitar a los enfermos y a los presos» (n. 2447).

También advierte contra la indiferencia: el papa pide «romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo» (Misericordiae Vultus, n. 15).

Cómo ponerla en práctica

Algunas formas de vivirla: informarte sobre la pastoral penitenciaria de tu diócesis y ofrecerte como voluntario; escribir cartas a una persona presa si hay cauce para ello; apoyar a las familias de los presos; y rezar por ellos, por las víctimas y por quienes trabajan en los centros penitenciarios.

Todas las obras juntas, en la landing de las obras de misericordia.

Para profundizar

El Catecismo trata las obras de misericordia en el n. 2447. Santo Tomás de Aquino las enumera en la Suma Teológica, II-II, q. 32, a. 2. Los textos clave de la Escritura son Mt 25,31-46, Hb 13,1-3 e Is 58,6. El papa Francisco las presenta en la bula Misericordiae Vultus (n. 15).

Fuentes de consulta

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