Soberbia y humildad
La soberbia es el pecado que la tradición cristiana pone a la cabeza de todos: santo Tomás de Aquino recuerda que san Gregorio Magno no la contaba entre los siete capitales, sino por encima de ellos, como «reina» de los vicios. El Catecismo la incluye entre los siete (n. 1866). Su virtud contraria es la humildad, que «es la base de la oración» (n. 2559).

Pecados capitales
5 min
Qué es
La soberbia es el deseo desordenado de la propia grandeza. Santo Tomás la distingue de la vanagloria: la soberbia ansía la excelencia sin medida; la vanagloria, solo su apariencia exterior (Suma Teológica, II-II, q. 162, a. 8, ad 2). Según san Gregorio Magno, el primer retoño de la soberbia es la vanagloria, y esta engendra la envidia (Moralia in Job, 31, 45, citado por santo Tomás).
Los pecados capitales «son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios» (Catecismo, n. 1866). La virtud que se les opone es la humildad: santo Tomás dice que la soberbia se opone directamente a ella (II-II, q. 162, a. 2, ad 3). El Catecismo la describe como «una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios» (n. 2559).
En la Biblia
El libro de los Proverbios lo resume: «La arrogancia precede a la ruina; el espíritu altivo a la caída» (Pr 16,18). Santiago y Pedro repiten la misma frase: «Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes» (St 4,6; 1 P 5,5). Y María canta en el Magníficat que Dios «dispersó a los que son soberbios en su propio corazón» y «exaltó a los humildes» (Lc 1,51-52).
Jesús lo muestra en la parábola del fariseo y el publicano, que cuenta «a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás» (Lc 18,9). El fariseo reza: «¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres». El publicano, a distancia, dice: «¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!». Y Jesús concluye: «todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado» (Lc 18,10-14).
La humildad tiene rostro: «aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Pablo pide a los filipenses «los mismos sentimientos que Cristo», que «se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2,5-8).
Cómo se manifiesta
Lucas la describe sin rodeos: es la actitud de quien se tiene «por justo» y desprecia «a los demás» (Lc 18,9), y también la de quien da gracias a Dios pero se mide comparándose con otros (Lc 18,11). San Pablo avisa: «Nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo» (Flp 2,3).
El Catecismo señala dos consecuencias graves. Una: el odio a Dios «tiene su origen en el orgullo» (n. 2094). Otra: la envidia «procede con frecuencia del orgullo» (n. 2540). Por eso la tradición, con san Gregorio, la llama reina de los vicios.
Qué dice la Iglesia
El Catecismo enumera la soberbia entre los siete pecados capitales (n. 1866). Sobre la humildad dice que es la base de la oración: «¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde “lo más profundo” (Sal 130, 1) de un corazón humilde y contrito?» (n. 2559). Y añade: «Quien es humilde no se extraña de su miseria; ésta le lleva a una mayor confianza» (n. 2733).
San Agustín, citado en el Catecismo: «El orgulloso busca el poder terreno, mientras el pobre en espíritu busca el Reino de los cielos» (n. 2547).
La virtud que lo vence
La humildad se aprende mirando a Cristo, «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Algunas formas de vivirla: dar gracias en lugar de compararse, como hace el publicano y no el fariseo; empezar la oración reconociendo que «el hombre es un mendigo de Dios» (Catecismo, n. 2559); alegrarse del bien de los demás; y aceptar con sencillez una corrección. Santiago lo dice así: «Humillaos ante el Señor y él os ensalzará» (St 4,10).
La humildad abre también el camino de las bienaventuranzas, que empiezan por «los pobres de espíritu» (Mt 5,3). Y el sacramento de la Penitencia ayuda a ponerse ante Dios tal como uno es: aquí tienes la ficha de la Penitencia y la guía para confesarse bien. Todos los pecados capitales y sus virtudes, en la landing de los siete pecados capitales.
Para profundizar
Catecismo de la Iglesia Católica: n. 1866 (los pecados capitales), n. 2094 (el odio a Dios nace del orgullo), n. 2540 (la envidia procede del orgullo), n. 2547, n. 2559 y n. 2733 (la humildad y la oración). Santo Tomás de Aquino trata la humildad en la Suma Teológica, II-II, q. 161, y la soberbia en la q. 162. San Gregorio Magno, Moralia in Job, 31, 45. Textos clave de la Escritura: Pr 16,18, Lc 18,9-14, St 4,6 y Flp 2,3-8.
Fuentes de consulta
- Biblia de Jerusalén (Desclée de Brouwer): Proverbios 16,18; Lucas 1,51-52; Lucas 18,9-14; Mateo 11,29; Filipenses 2,3-8; Santiago 4,6.10; 1 Pedro 5,5.
- Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1866: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a8_sp.html
- Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2094: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c1a1_sp.html
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2540 y 2547: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a0_sp.html
- Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1_sp.html
- Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2733: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c3a2_sp.html
- Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 161 (humildad): https://www.newadvent.org/summa/3161.htm
- Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 162 (soberbia): https://www.newadvent.org/summa/3162.htm
- Penitencia o Reconciliación, en esta web: https://jesushistoriaviva.com/santos/penitencia-sacramento/
- Cómo confesarse bien, en esta web: https://jesushistoriaviva.com/como-confesarse-bien-examen-de-conciencia/
- Las bienaventuranzas, en esta web: https://jesushistoriaviva.com/las-bienaventuranzas/
- Los siete pecados capitales y sus virtudes, en esta web: https://jesushistoriaviva.com/los-siete-pecados-capitales/




