La esperanza: virtud teologal

El Catecismo define la esperanza como «la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo» (n. 1817). Pablo lo resume: «la esperanza no falla» (Rm 5,5).

La esperanza: virtud teologal
La esperanza: virtud teologal
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Virtudes

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Qué es

La esperanza «corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna» (Catecismo, n. 1818). Y añade: «El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad».

Es una de las tres virtudes teologales, junto a la fe y la caridad (1 Co 13,13). Santo Tomás la estudia en la Suma Teológica, II-II, qq. 17-22.

En la Biblia

La Carta a los Hebreos la llama «ancla»: «segura y sólida ancla de nuestra alma» (Hb 6,19), y pide: «Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la Promesa» (Hb 10,23). Pablo escribe que «nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza […] Pero esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia» (Rm 8,24-25), y que «la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,5).

También la presenta como un arma: «revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación» (1 Ts 5,8). Y a los tesalonicenses les agradece «la tenacidad de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor» (1 Ts 1,3).

Cómo se vive

El Catecismo recuerda su modelo: «La esperanza cristiana recoge y perfecciona la esperanza del pueblo elegido que tiene su origen y su modelo en la esperanza de Abraham en las promesas de Dios». «Esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones» (Rm 4,18; n. 1819).

Las bienaventuranzas son su proclamación: «elevan nuestra esperanza hacia el cielo como hacia la nueva tierra prometida». La esperanza es «el ancla del alma» y «un arma que nos protege en el combate de la salvación», y «nos procura el gozo en la prueba misma»: «Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación» (Rm 12,12; n. 1820). Cada uno debe esperar «perseverar hasta el fin» (n. 1821).

Qué dice la Iglesia

El Catecismo trata la esperanza en los nn. 1817-1821. Afirma que «se expresa y se alimenta en la oración, particularmente en la del Padre Nuestro, resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear» (n. 1820). Y que la Iglesia, en la esperanza, implora que «todos los hombres [...] se salven» (1 Tm 2,4; n. 1821).

Cita a santa Teresa de Jesús: «Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad» (Exclamaciones del alma a Dios, 15, 3).

Cómo ejercitarla

Algunas formas de ejercitar la esperanza: rezar el Padrenuestro dejando que cada petición ensanche el deseo; leer las bienaventuranzas como camino y como promesa; vivir las pruebas «con la alegría de la esperanza» (Rm 12,12); y guardarse del desaliento, que el Catecismo llama el reverso de la presunción (n. 2733; en la ficha de pereza y diligencia lo tienes explicado).

Aquí tienes las bienaventuranzas y la biblioteca de oraciones. Las tres virtudes teologales, en la landing de las siete virtudes.

Para profundizar

Catecismo de la Iglesia Católica: nn. 1812-1813 (las virtudes teologales) y nn. 1817-1821 (la esperanza). Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica: I-II, q. 62 y II-II, qq. 17-22 (la esperanza). Santa Teresa de Jesús, Exclamaciones del alma a Dios, 15 (citada en el Catecismo). Textos clave de la Escritura: Rm 5,1-5, Rm 8,24-25, Hb 6,18-20 y 1 Ts 5,8.

Fuentes de consulta

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