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Viernes de la Octava de Pascua

Viernes de la Octava de Pascua: la pesca milagrosa

El viernes de la octava de Pascua se lee la pesca milagrosa en el lago de Tiberíades, cuando Jesús resucitado espera a sus discípulos en la orilla con brasas, pan y pescado. Es una escena de reconciliación y de desayuno compartido, en la que los discípulos reconocen al Señor por la abundancia de la pesca.

Viernes de la Octava de Pascua: la pesca milagrosa
Viernes de la Octava de Pascua: la pesca milagrosa
Fiesta

2 de abril

Tipo de ficha

Fiestas y celebraciones litúrgicas

Lectura

4 min

El significado de su nombre

El lago de Tiberíades es el mar de Galilea, rodeado de pueblos de pescadores. Recibe ese nombre en el Evangelio de Juan por la ciudad de Tiberíades, fundada en honor del emperador Tiberio.

El personaje en la Biblia

Las lecturas son Hechos 4, 1-12, Pedro y Juan ante el sanedrín; el Salmo 117, «La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular»; y Juan 21, 1-14, la aparición a orillas del lago de Tiberíades.

Vida y vocación

La primera lectura cuenta cómo Pedro y Juan son detenidos por los sacerdotes y los saduceos, que no soportan que anuncien la resurrección. Al día siguiente comparecen ante el sanedrín. Pedro, lleno del Espíritu Santo, proclama que la curación del paralítico se ha hecho en nombre de Jesucristo, al que ellos crucificaron y Dios resucitó. Y añade: «No hay salvación en nadie más; no se nos ha dado bajo el cielo otro nombre por el que podamos salvarnos».

El Evangelio sitúa a siete discípulos junto al lago de Tiberíades. Pedro dice: «Me voy a pescar», y los otros lo acompañan. Pasan la noche entera sin coger nada. Al amanecer, Jesús está en la orilla, pero ellos no lo reconocen. Les pregunta si tienen algo de comer y les dice que echen la red a la derecha de la barca.

Cuando lo hacen, la red se llena de peces y no pueden arrastrarla. El discípulo a quien Jesús amaba dice a Pedro: «Es el Señor». Pedro se echa al agua. Los demás llegan con la barca, arrastrando la red llena con ciento cincuenta y tres peces grandes, y la red no se rompe.

En la orilla hay unas brasas, con pescado encima y pan. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno se atreve a preguntarle quién es, porque saben que es el Señor. Jesús toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

La escena es una imagen de la Iglesia: la pesca depende de obedecer su palabra, la red no se rompe a pesar del gran número, y la Eucaristía es la mesa que Jesús prepara. Las brasas recuerdan también las del patio donde Pedro negó a Jesús; en el capítulo siguiente Pedro será restaurado.

Patronazgos y lugares

Al ser una celebración litúrgica, no tiene patronazgos personales. La escena es muy querida por pescadores, marineros y por quienes sienten que su esfuerzo no da fruto.

Atributos e iconografía

Barca en el lago al amanecer; red llena de peces; Jesús en la orilla; brasas con pescado y pan; Pedro lanzándose al agua; luz suave del alba.

Devoción y legado

En el lugar tradicional de esta aparición, junto al lago de Tiberíades, se venera la Mesa de Cristo (Mensa Christi). Es un buen día para recordar que el Señor nos espera en la orilla de la vida con pan y con paz, y para rezar por los que trabajan en el mar.

Oraciones o escritos

La celebración se fundamenta en los textos bíblicos del Viernes de la Octava de Pascua (Hechos 4, 1-12; Salmo 117; Juan 21, 1-14). No corresponde a escritos de un santo concreto.

Fuentes de consulta

  • Leccionario de la Misa, Viernes de la Octava de Pascua (Hechos 4, 1-12; Salmo 117; Juan 21, 1-14).
  • Misal Romano, Tiempo pascual.
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