Bienaventurados los pobres de espíritu: la primera bienaventuranza

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos» (Mt 5,3) es la primera bienaventuranza y la que abre el Sermón del monte. No habla de falta de dinero, sino de una actitud: reconocerse necesitado de Dios y dejarle sitio. Es, junto con la octava, la única cuya promesa va en presente: el Reino ya les pertenece.

Bienaventurados los pobres de espíritu: la primera bienaventuranza
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Bienaventuranza

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El significado de las palabras

«Bienaventurado» traduce el griego makários, «dichoso, feliz», y en latín beatus, de donde viene «beatitud». Es una fórmula que el pueblo de Israel ya conocía: el Salmo 1 empieza con «¡Dichoso el hombre que…!».

El griego dice ptōchoi tō pneumati. Ptōchós no es el pobre que trabaja y apenas llega a fin de mes, sino el mendigo, el que depende por completo de otros. «Tō pneumati» se traduce «de espíritu» o «en el espíritu»: la pobreza está en lo más hondo de la persona, no solo en el bolsillo. Detrás de la expresión está la palabra hebrea anawim, «los pobres de Yahvé»: los humildes que no se apoyan en su propia fuerza y lo esperan todo del Señor.

Mateo escribe «Reino de los Cielos» y Lucas, «Reino de Dios». Es el mismo Reino; Mateo evita nombrar a Dios, como solía hacerse en el ambiente judío.

En la Biblia

Mateo 5,3 abre el Sermón del monte (Mt 5–7). Lucas lo recoge más breve, en el sermón de la llanura: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios» (Lc 6,20), y le añade un contrapunto: «¡ay de vosotros, los ricos!» (Lc 6,24).

El Antiguo Testamento prepara el terreno. Dios dice por Isaías que se fija «en el humilde y contrito que tiembla a mi palabra» (Is 66,2); Sofonías invita a buscar al Señor a los «humildes de la tierra» (Sof 2,3) y el Salmo 34 afirma: «Cuando el pobre grita, Yahveh oye, y le salva de todas sus angustias». María lo canta en el Magníficat: Dios «a los hambrientos colmó de bienes» (Lc 1,53).

En el Nuevo Testamento, Pablo presenta a Cristo como el primero de los pobres: «siendo rico, por vosotros se hizo pobre» (2 Co 8,9).

Qué enseña

Jesús pronuncia estas palabras al comienzo de su predicación, ante los discípulos y la multitud (Mt 5,1-2). La tradición sitúa el lugar en las colinas junto al lago de Galilea, cerca de Cafarnaún; los evangelios no precisan dónde fue.

La primera bienaventuranza es la puerta de las demás. El que se cree suficiente no tiene nada que pedir; el que se reconoce pobre puede recibir. San Agustín, en su comentario al Sermón del monte, entiende a los «pobres de espíritu» como los humildes que temen a Dios.

No es una invitación a la miseria. El Catecismo habla de la pobreza de corazón y del desprendimiento de las riquezas como condición para entrar en el Reino (nn. 2544-2546): la pobreza que Jesús bendice es la del corazón libre, que no pone su seguridad en lo que tiene.

Un testigo que la vivió

San Francisco de Asís es el testigo más conocido de esta bienaventuranza. Descubrió en el Evangelio un camino de pobreza voluntaria, fraternidad y paz, y su vida renovó la espiritualidad cristiana. Su ficha en esta web recorre su historia completa.

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Cómo se vive hoy

Vivirla no exige hacerse mendigo. Algunas formas concretas: reconocer lo que no controlas y ponerlo en manos de Dios; pedir ayuda cuando se necesita, sin esconderse detrás de la autosuficiencia; vivir con lo necesario y compartir lo que sobra; empezar la oración con las manos abiertas y no con una lista de exigencias.

El papa Francisco la resume en Gaudete et exsultate con una frase: «Ser pobre en el corazón, esto es santidad» (nn. 67-70).

Voces de la Iglesia

El Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 1716-1729) explica que las bienaventuranzas responden al deseo de felicidad que Dios puso en el corazón humano y señalan el fin al que nos llama: el Reino, la visión de Dios y la participación en su vida.

Gregorio de Nisa dedicó ocho homilías a las bienaventuranzas, y Santo Tomás de Aquino las estudia en la Suma Teológica (I-II, q. 69) como actos de las virtudes perfectas, cada una con su recompensa.

Fuentes de consulta

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