Don de sabiduría: ver la vida con los ojos de Dios

La sabiduría es el primero de los siete dones del Espíritu Santo. No es saber mucho ni tener experiencia: el Papa Francisco la describe como la gracia de «ver cada cosa con los ojos de Dios». Es una de las «disposiciones permanentes» que hacen al cristiano dócil a los impulsos del Espíritu (Catecismo, n. 1830).

Don de sabiduría: ver la vida con los ojos de Dios
Don de sabiduría: ver la vida con los ojos de Dios
Tipo de ficha

Don del Espíritu Santo

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Qué significa

En la lista de Isaías 11,2 la sabiduría abre la serie de espíritus que reposan sobre el Mesías, y el Catecismo la nombra la primera entre los siete dones (n. 1831). El Papa Francisco, en su catequesis del 9 de abril de 2014, la distingue de la sabiduría humana, que nace del conocimiento y la experiencia: es un don que Dios da a quienes son dóciles al Espíritu Santo, y quien lo recibe tiene «el gusto y el sabor de Dios».

Santo Tomás de Aquino la estudia en la Suma Teológica (II-II, q. 45): la considera un don del Espíritu Santo (a. 1) que reside en el entendimiento (a. 2) y sostiene que presupone la caridad, de modo que no puede darse junto con el pecado mortal (a. 4).

En la Biblia

Isaías anuncia que sobre el vástago de Jesé «reposará el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh» (Is 11,2). La Iglesia lee ahí la fuente de los dones del Espíritu Santo.

El gran ejemplo bíblico de petición es el de Salomón, que pide a Dios «un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal» (1 Re 3,9); Dios le responde: «te doy un corazón sabio e inteligente» (1 Re 3,12). San Pablo pide para los efesios «espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente» (Ef 1,17), y Santiago describe la sabiduría «que viene de lo alto» como «pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos» (St 3,17).

Cómo actúa en la vida

Según Francisco, la sabiduría es una gracia que se vive en lo cotidiano: ayuda a juzgar las situaciones, las personas y las prioridades como las ve Dios. El Papa pone ejemplos familiares, como el de una madre que corrige a sus hijos con paciencia en lugar de gritarles.

Es un don y no un logro: no se consigue estudiando más, sino abriéndose a la acción del Espíritu. Por eso va unida a la oración, a la escucha de la Palabra y a la intimidad con Dios que subraya Francisco.

El don y la bienaventuranza

Santo Tomás relaciona cada don con una bienaventuranza. A la sabiduría le corresponde la séptima, la de los pacificadores (II-II, q. 45, a. 6): quien ordena bien las cosas según Dios produce paz y se parece al Hijo. Esa serie la tienes en la página «Las bienaventuranzas» de esta web.

El Catecismo recuerda que los dones «completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben» (n. 1831), y que en la Confirmación el Espíritu hace crecer los dones en el bautizado (n. 1303).

Cómo pedirlo

Algunas formas de pedir y cultivar este don: rezar con la petición de Salomón (1 Re 3,9); leer despacio el Evangelio antes de las decisiones importantes; tomarse un rato de silencio al final del día para mirar lo vivido «como lo ve Dios»; y pedir cada mañana los dones del Espíritu Santo, por ejemplo con el «Ven, Espíritu Santo».

Si te preparas para la Confirmación o acompañas a alguien, en esta web tienes la ficha del sacramento de la Confirmación.

Voces de la Iglesia

El Catecismo de la Iglesia Católica define los dones como

«disposiciones permanentes»

que hacen al hombre dócil a los impulsos del Espíritu Santo (n. 1830) y enumera los siete (n. 1831).

El Papa Francisco dedicó siete catequesis a los dones del Espíritu Santo en 2014; la de la sabiduría es del 9 de abril. Santo Tomás de Aquino trata el don en la Suma Teológica, II-II, q. 45, y los dones en general en I-II, q. 68.

Fuentes de consulta

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