Don de temor de Dios: confianza y asombro ante el Padre

El temor de Dios es el séptimo don del Espíritu Santo y con frecuencia se malinterpreta. No es miedo a Dios: el Papa Francisco explica que es el don que nos recuerda cuán pequeños somos ante Dios y su amor, el abandono confiado en la bondad de un Padre que nos quiere mucho.

Don de temor de Dios: confianza y asombro ante el Padre
Don de temor de Dios: confianza y asombro ante el Padre
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Don del Espíritu Santo

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Qué significa

En su catequesis del 11 de junio de 2014, Francisco aclara que el temor de Dios no es miedo, porque Dios es un Padre que ama, quiere nuestra salvación y perdona siempre. Es humildad y confianza: reconocer la propia pequeñez y entregarse al amor del Padre, como un niño en brazos de su padre. Y añade que este don «no hace de nosotros cristianos tímidos, sumisos, sino que genera en nosotros valentía y fuerza».

Santo Tomás de Aquino distingue varias clases de temor (Suma Teológica, II-II, q. 19, a. 2). Sostiene que el temor que cuenta entre los dones es el filial o casto, y que no es una virtud teologal, porque el temor se dirige a evitar un mal, mientras que la esperanza se dirige a un bien (a. 9).

En la Biblia

Isaías cierra la lista con el temor de Yahveh y lo repite: «espíritu de ciencia y temor de Yahveh. Y le inspirará en el temor de Yahveh» (Is 11,2-3).

La Sabiduría bíblica lo coloca en el origen: «Comienzo de la sabiduría es el temor de Yahveh» (Pr 9,10). El Nuevo Testamento aclara su sentido: «no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos» (Rm 8,15), y «no hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor» (1 Jn 4,18). Los Hechos presentan una Iglesia que se edificaba «en el temor del Señor» y «llena de la consolación del Espíritu Santo» (Hch 9,31).

Cómo actúa en la vida

Francisco lo presenta como confianza: es el abandono en la bondad del Padre, como un niño en brazos de su padre, y por eso no genera cristianos tímidos sino valentía y fuerza.

En la vida concreta se traduce en un respeto hondo hacia Dios y hacia lo sagrado, y en obrar bien por amor y no por miedo al castigo. Santo Tomás distingue por eso varias clases de temor (filial, inicial, servil y mundano) y señala que el que cuenta como don es el filial (II-II, q. 19, aa. 2 y 9).

El don y la bienaventuranza

Santo Tomás relaciona el don de temor con la primera bienaventuranza, «bienaventurados los pobres de espíritu» (II-II, q. 19, a. 12): quien se somete a Dios deja de buscar grandeza en sí mismo o en los demás y la busca solo en Dios. En el mismo tratado (a. 7) se pregunta si el temor es el comienzo de la sabiduría, eco de Proverbios 9,10.

Las bienaventuranzas están recorridas en la página «Las bienaventuranzas» de esta web.

Cómo pedirlo

Algunas formas de vivirlo: rezar el Padrenuestro con calma, dejándose «sostener» por el Padre; hacer un examen de conciencia nocturno desde el amor y no desde el escrúpulo; participar en la Misa con respeto y recogimiento; y, ante el miedo, repetir la frase de Francisco: «el abandono en la bondad de nuestro Padre».

Voces de la Iglesia

El Catecismo cierra con el temor de Dios la lista de los siete dones (n. 1831). Francisco le dedicó la catequesis del 11 de junio de 2014. Santo Tomás lo estudia en la Suma Teológica, II-II, q. 19.

Fuentes de consulta

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