Don de inteligencia: comprender lo que Dios revela

La inteligencia (o entendimiento) es el segundo don del Espíritu Santo. No es la inteligencia humana: el Papa Francisco explica que es una gracia que solo el Espíritu concede, la de «escrutar las profundidades del pensamiento de Dios y de su designio de salvación». Va muy unida a la fe.

Don de inteligencia: comprender lo que Dios revela
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Don del Espíritu Santo

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Qué significa

El Catecismo usa dos palabras para el mismo don: «inteligencia» al enumerarlos en el n. 1831 y «entendimiento» en el n. 1845. En su catequesis del 30 de abril de 2014, Francisco recuerda que viene del latín «intus legere», «leer dentro»: ir más allá de las apariencias y penetrar en el plan de Dios.

Santo Tomás de Aquino lo trata en la Suma Teológica (II-II, q. 8) y plantea que es compatible con la fe (a. 2): se puede comprender de modo imperfecto lo que se cree sin dejar de creerlo.

En la Biblia

La segunda de las cualidades que Isaías atribuye al Mesías es la inteligencia: «espíritu de sabiduría e inteligencia» (Is 11,2).

En el Evangelio, el Resucitado hace con los discípulos lo que este don describe: «abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras» (Lc 24,45). Y san Pablo explica que ese conocimiento no viene de la razón sola: «el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios» (1 Co 2,10), y «nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado» (1 Co 2,12).

Cómo actúa en la vida

Francisco lo relaciona estrechamente con la fe: con este don comprendemos las cosas como Dios las comprende. Puede notarse cuando una página del Evangelio que has leído mil veces de repente «dice algo», o cuando una verdad de la fe deja de ser una fórmula y se vuelve luz para la vida.

No sustituye al estudio ni a la catequesis: los dones completan y perfeccionan las virtudes, no las reemplazan (Catecismo, n. 1831). Por eso se pide el entendimiento a la vez que se lee, se estudia y se reza con la Palabra.

El don y la bienaventuranza

Santo Tomás relaciona el don de entendimiento con la sexta bienaventuranza, «bienaventurados los limpios de corazón» (II-II, q. 8, a. 7): la pureza de corazón dispone a ver a Dios, y este don lo hace posible en parte. En el mismo tratado (a. 8) lo vincula con la fe como fruto del Espíritu.

Esa serie de bienaventuranzas está recorrida una a una en la página «Las bienaventuranzas» de esta web.

Cómo pedirlo

Algunas formas de pedirlo: leer un pasaje del Evangelio con calma y preguntarse «¿qué me quiere decir Dios hoy?»; rezar con la oración que propone Francisco, «Danos, Señor, el don de entendimiento»; releer una fórmula del Credo y detenerse en una sola palabra; y participar en un grupo de lectura de la Biblia o en la catequesis de la parroquia.

Voces de la Iglesia

El Catecismo enumera este don como

«inteligencia»

(n. 1831) y como «entendimiento» (n. 1845), y lo describe junto a los demás como disposición permanente para seguir los impulsos del Espíritu (n. 1830).

Francisco le dedicó la catequesis del 30 de abril de 2014. Santo Tomás lo estudia en la Suma Teológica, II-II, q. 8.

Fuentes de consulta

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