Ángeles: los mensajeros y custodios de cada día

Los ángeles son el noveno coro y el más cercano a nosotros. «Ángel» significa «mensajero» y designa, en sentido amplio, a todos los espíritus servidores de Dios; en sentido estricto, al último de los nueve coros. La Escritura los muestra anunciando, protegiendo y acompañando, y la tradición cristiana enseña que cada fiel cuenta con un ángel custodio.

Ángeles: los mensajeros y custodios de cada día
Ángeles: los mensajeros y custodios de cada día
Tipo de ficha

Coro angélico

Lectura

5 min

El significado de su nombre

«Ángel» viene del griego ángelos, «mensajero» o «enviado», que traduce el hebreo mal'ak. San Agustín explica que «ángel» es el nombre de un oficio, no de una naturaleza: por lo que son, son espíritus; por lo que hacen, son ángeles (citado en el Catecismo, n. 329). Santo Tomás de Aquino añade que, como nombre propio de un coro, designa al último de los nueve, que anuncia las cosas menores y ejecuta lo que debe hacerse (Suma Teológica, I, q. 108, a. 5): menores en alcance, no en importancia para quien las recibe.

El personaje en la Biblia

Hebreos 1,14 los llama «espíritus al servicio de Dios, enviados para ayudar a los que han de heredar la salvación». El Salmo 91,11-12 dice que Dios ha dado órdenes a sus ángeles para que guarden al fiel en todos sus caminos. Mateo 18,10 advierte de no despreciar a los pequeños, porque sus ángeles ven continuamente el rostro del Padre. Éxodo 23,20 promete un ángel que guía al pueblo en el camino. Hechos 12,7-15 cuenta cómo un ángel libera a Pedro de la cárcel, y los discípulos, al oír a Pedro a la puerta, dicen: «Es su ángel». En Lucas 2,8-14 un ángel anuncia a los pastores el nacimiento de Jesús. Mateo 4,11 y Lucas 22,43 muestran a ángeles que sirven y fortalecen a Jesús.

Vida y vocación

Los ángeles no tienen biografía: son espíritus creados por Dios, con inteligencia y voluntad, y la Iglesia enseña que son criaturas personales e inmortales (Catecismo, n. 330). Su historia es la de sus encargos.

La Biblia los presenta ejerciendo una misión: llevan mensajes, protegen, guían, fortalecen y alaban a Dios. Aparecen en momentos decisivos de la historia de la salvación: la Anunciación, el nacimiento de Jesús, Getsemaní, la resurrección.

Desde muy pronto la Iglesia enseñó que cada creyente cuenta con un ángel protector. San Basilio, en el siglo IV, afirmó que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor, y el Catecismo recoge esta enseñanza al decir que la vida humana, desde el comienzo hasta la muerte, está rodeada de su custodia y de su intercesión (n. 336). San Jerónimo, comentando Mateo 18,10, escribió que es grande la dignidad de las almas, pues cada una tiene desde su nacimiento un ángel encargado de custodiarla.

La Iglesia celebra a los santos ángeles custodios el 2 de octubre; el papa Clemente X extendió esta memoria a toda la Iglesia en 1670. Tienes la ficha dedicada a ellos en esta misma colección.

Conviene evitar algunas confusiones: los ángeles no son personas fallecidas, ni los difuntos se convierten en ángeles. Son otra clase de criaturas, creadas por Dios para servirle. Y esta ordenación en nueve coros, como las anteriores, es tradición teológica, no un dogma de fe.

Atributos e iconografía

La Biblia suele presentar a los ángeles con aspecto humano (Gn 18; Lc 24,4). La iconografía cristiana añadió las alas para expresar su condición de mensajeros y su origen celeste, y la túnica blanca como signo de luz y pureza. Otros símbolos son la lámpara, el báculo de mensajero o el escudo. Desde el siglo XVII es muy popular la imagen del ángel custodio que acompaña a un niño.

Devoción y legado

La devoción a los ángeles custodios es una de las más arraigadas de la espiritualidad cristiana. Se expresa en la oración del «Ángel de la guarda», que muchos aprenden en la infancia, y en la memoria litúrgica del 2 de octubre. La Iglesia pide vivirla con confianza y sin superstición: los ángeles son servidores de Dios y conducen siempre a Cristo. Una forma sencilla de vivirla es encomendarse a su custodia al empezar y al terminar el día.

Oraciones o escritos

Los ángeles no tienen escritos propios. La reflexión de la Iglesia sobre ellos incluye a san Basilio (siglo IV), que habló del ángel protector de cada fiel; san Agustín, que distinguió entre la naturaleza de los ángeles y su oficio (Enarraciones sobre los Salmos, 103); san Jerónimo (Comentario a Mateo 18,10); y Santo Tomás de Aquino, que trató los órdenes de los ángeles (Suma Teológica, I, q. 108) y su custodia de los hombres (I, q. 113). El Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 328-336) resume la doctrina sobre los ángeles.

Fuentes de consulta

Scroll al inicio