Don de ciencia: reconocer a Dios en lo creado

La ciencia es el quinto don del Espíritu Santo. No se trata del conocimiento científico: el Papa Francisco explica que es el don que permite reconocer, a través de la creación, la bondad de Dios y su amor por cada criatura. Quien lo recibe ve el mundo como un regalo y se siente llamado a cuidarlo.

Don de ciencia: reconocer a Dios en lo creado
Don de ciencia: reconocer a Dios en lo creado
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Don del Espíritu Santo

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Qué significa

En su catequesis del 21 de mayo de 2014, Francisco distingue este don del conocimiento humano sobre la naturaleza: nos pone en sintonía con el Creador y nos lleva a ver que «la creación es un don, es un don maravilloso que Dios nos ha dado». Por eso, dice, quien lo recibe cuida lo creado como custodio, no como dueño.

Santo Tomás de Aquino lo estudia en la Suma Teológica (II-II, q. 9) y lo relaciona con un juicio recto sobre las criaturas: un juicio que, según él, lleva a darse cuenta de lo que se ha perdido por el pecado y a arrepentirse (a. 4).

En la Biblia

Isaías incluye la ciencia entre los espíritus del Mesías: «espíritu de ciencia y temor de Yahveh» (Is 11,2). La Biblia une con frecuencia ese conocimiento con el respeto a Dios: «El temor de Yahveh es el principio de la ciencia» (Pr 1,7).

San Pablo describe cómo la creación habla de Dios: «lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad» (Rm 1,20).

Cómo actúa en la vida

Francisco lo lleva a un terreno muy concreto: la creación es una señal del amor de Dios, y cuando se explota sin respeto, advierte, «destruimos el signo del amor de Dios». Añade una frase que recuerda con fuerza: «Dios perdona siempre, nosotros los hombres perdonamos algunas veces, pero la creación no perdona nunca».

En la vida cotidiana se traduce en agradecer lo que se tiene, en no despilfarrar, en cuidar la naturaleza y en mirar a las personas y las cosas como obra de Dios.

El don y la bienaventuranza

Santo Tomás relaciona el don de ciencia con la tercera bienaventuranza, «bienaventurados los que lloran» (II-II, q. 9, a. 4): un juicio recto sobre las criaturas hace ver lo que se ha perdido y mueve al arrepentimiento.

Las bienaventuranzas están recorridas en la página «Las bienaventuranzas» de esta web.

Cómo pedirlo

Algunas formas de vivirlo: salir a caminar y dar gracias por lo que se ve; leer un pasaje bíblico sobre la creación, como el comienzo del Génesis; cuidar un gesto concreto con el entorno (consumir menos, no tirar comida, plantar algo); y, para quien estudia o trabaja en ciencia, ofrecer el trabajo como una forma de conocer la obra de Dios.

Sobre la figura de san Francisco de Asís y la creación, en esta web tienes su ficha.

Voces de la Iglesia

El Catecismo enumera la ciencia entre los siete dones (n. 1831). Francisco le dedicó la catequesis del 21 de mayo de 2014. Santo Tomás la estudia en la Suma Teológica, II-II, q. 9.

Fuentes de consulta

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