Querubines: guardianes de la presencia de Dios
Los querubines son el segundo coro angélico según la tradición cristiana. La Biblia los muestra como guardianes de lo sagrado: custodian el camino al árbol de la vida en el Edén, cubren con sus alas el arca de la alianza y sostienen el trono de Dios en la visión de Ezequiel. La tradición los asocia con la plenitud de conocimiento y los distingue de los angelitos infantiles del arte renacentista, que no tienen base bíblica.

Coro angélico
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El significado de su nombre
«Querubín» procede del hebreo kerûb, plural kerûbîm. Su origen exacto es discutido entre los especialistas. La tradición cristiana, desde Pseudo-Dionisio, lo interpreta como «plenitud de ciencia» o «efusión de sabiduría», y Santo Tomás de Aquino lo explica como una plenitud de conocimiento que implica contemplar a Dios y comunicar esa luz a los demás (Suma Teológica, I, q. 108, a. 5).
El personaje en la Biblia
Génesis 3,24: tras la expulsión de Adán y Eva, Dios coloca al oriente del jardín del Edén querubines y una espada de llama vibrante para guardar el camino del árbol de la vida. Éxodo 25,18-22: sobre el arca de la alianza se colocan dos querubines de oro con las alas extendidas, y desde el propiciatorio que ellos cubren Dios promete hablar a Moisés. 1 Reyes 6,23-28: en el santuario del templo de Salomón se sitúan dos grandes querubines de madera de olivo recubiertos de oro. Los salmos hablan de Dios como el que «se sienta sobre querubines» (Sal 80,2; 99,1) y que «cabalgó sobre un querubín» (Sal 18,11). Ezequiel 1 y 10 describe a los seres vivientes que sostienen el trono de Dios, con cuatro rostros (hombre, león, toro y águila), alas y ruedas llenas de ojos; en Ezequiel 10,20 el profeta los identifica como querubines. La carta a los Hebreos recuerda los «querubines de la gloria» que cubrían el propiciatorio (Heb 9,5).
Vida y vocación
La Escritura no cuenta la vida de los querubines: los muestra cumpliendo una función. En el Edén guardan el acceso al árbol de la vida; en el santuario de Israel, sus imágenes rodean la presencia de Dios; en Ezequiel, forman una especie de carro o trono móvil sobre el que se manifiesta la gloria del Señor.
Sus imágenes sobre el arca señalaban el lugar como espacio de la presencia de Dios, que se manifiesta sin dejarse reducir a imagen alguna. Por eso son, ante todo, custodios de lo sagrado.
La tradición cristiana los colocó en el segundo lugar de la primera jerarquía, entre los serafines y los tronos. Pseudo-Dionisio los asocia con el conocimiento y la contemplación de Dios; Santo Tomás de Aquino lo desarrolla hablando de una plenitud de luz divina que reciben y comunican a los demás.
No hay que confundirlos con los «querubines» infantiles, de rostro redondo y alas pequeñas, que difundió el arte renacentista y barroco a partir de los putti clásicos. Los querubines de la Biblia son seres poderosos y majestuosos, y por eso el Génesis los coloca ante el acceso al Edén con una espada de fuego.
Frente a los serafines, vinculados con el amor y la adoración, los querubines se asocian con la sabiduría y la custodia de lo sagrado. Como siempre, esta división en nueve coros pertenece a la tradición teológica, no es un dogma de fe.
Atributos e iconografía
Ezequiel los describe con cuatro rostros (hombre, león, toro y águila), alas y ruedas cubiertas de ojos junto a ellos.
Devoción y legado
No existe una devoción litúrgica propia ni una fiesta específica de los querubines. En la liturgia bizantina, el «Himno de los Querubines» acompaña el traslado de las ofrendas al altar, y la tradición occidental canta el Sanctus junto a todos los coros celestes. La espiritualidad cristiana los recuerda para invitar al respeto ante lo sagrado y a buscar la sabiduría que viene de Dios, no solo el conocimiento humano (cf. Santiago 1,5).
Oraciones o escritos
Los querubines no tienen escritos propios. Lo que sabemos procede de la Biblia (Génesis, Éxodo, Ezequiel) y de la reflexión posterior: Pseudo-Dionisio Areopagita (La jerarquía celeste, hacia el año 500) los sitúa en la primera jerarquía; Gregorio Magno enumera los nueve órdenes en la homilía 34 sobre los Evangelios y comentó la visión de Ezequiel en sus Homilías sobre Ezequiel; y Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica, I, q. 108) explica el significado de su nombre. El Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 328-336) resume la doctrina sobre los ángeles sin recoger la división en coros.
Fuentes de consulta
- Biblia, Génesis 3,24; Éxodo 25,18-22; 1 Reyes 6,23-28; Ezequiel 1 y 10; Hebreos 9,5.
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 328-336: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c1p5_sp.html
- Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, q. 108 (los órdenes de los ángeles): https://www.newadvent.org/summa/1108.htm
- Pseudo-Dionisio Areopagita, La jerarquía celeste.
- San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, homilía 34.




