Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos: obra de misericordia espiritual

Es la última de las obras de misericordia espirituales y la que sostiene a las demás: interceder ante Dios por los que viven y por los que han muerto. San Pablo escribe: «Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres» (1 Tm 2,1).

Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos: obra de misericordia espiritual
Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos: obra de misericordia espiritual
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Obra de misericordia

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Qué es

Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos es rezar por los demás: por quienes sufren, por quienes nos han ofendido, por quienes se han ido. Francisco la enumera al final de su lista de obras espirituales en la bula Misericordiae Vultus: «rogar a Dios por los vivos y por los difuntos» (n. 15).

Es la séptima obra espiritual y una de las catorce que enumera santo Tomás de Aquino (Suma Teológica, II-II, q. 32, a. 2). Con ella se cierra el círculo: las demás obras corporales y espirituales se sostienen en la oración.

En la Biblia

San Pablo lo manda así: «Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad» (1 Tm 2,1-2).

Santiago añade: «Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder» (St 5,16). Y para los difuntos, el Catecismo recuerda un texto de los Macabeos: «Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado» (2 M 12,46, citado en el n. 1032).

Cómo vivirla hoy

Se vive rezando con nombre y apellidos: por el enfermo, por el que se ha alejado, por el que nos ha hecho daño, por los gobernantes y por los difuntos de la familia y los olvidados. Es una obra que cualquiera puede hacer, incluso quien no puede salir de casa.

El Catecismo enseña que «desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios» (n. 1032).

Qué dice la Iglesia

El Catecismo añade que «la Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos» (n. 1032), y recoge un texto de los Padres que anima: «Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración».

En esta web tienes el rosario, la coronilla de la Divina Misericordia y otras guías para rezar por los vivos y los difuntos.

Cómo ponerla en práctica

Algunas formas de vivirla: ofrecer cada día una oración por una persona concreta; rezar el rosario o la coronilla por los difuntos; encargar o asistir a una misa por un fallecido; y llevar una lista de nombres por los que rezas. La oración puede ser muy breve y hecha con fe.

Todas las obras juntas, en la landing de las obras de misericordia.

Para profundizar

El Catecismo trata la oración por los difuntos en el n. 1032 y las obras espirituales en el n. 2447. Santo Tomás de Aquino las enumera en la Suma Teológica, II-II, q. 32, a. 2. Los textos clave de la Escritura son 1 Tm 2,1-2, St 5,16 y 2 M 12,46. El papa Francisco las presenta en la bula Misericordiae Vultus (n. 15).

Fuentes de consulta

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