El belén:origen en Greccio, significado de sus figuras y símbolos

El belén es una de las devociones populares más queridas de la Navidad. Su origen se sitúa en Greccio, en 1223, cuando san Francisco de Asís quiso contemplar con sus propios ojos la pobreza del Niño de Belén. Desde entonces, el pesebre predica con figuras sencillas: la noche, los pastores, María, José, el Niño y los Magos.

Qué es el belén y por qué se llama así

El belén, también llamado pesebre o nacimiento, es la representación del nacimiento de Jesús en Belén. El Papa Francisco lo define en su carta apostólica Admirabile signum como «un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura» y lo describe como una forma sencilla y alegre de anunciar el misterio de la encarnación.

Es una devoción popular: no forma parte de la liturgia, pero acompaña la preparación de la Navidad en hogares, parroquias, escuelas, hospitales y plazas. El Papa animó expresamente a conservar esta costumbre y a recuperarla donde haya caído en desuso.

El pesebre en el Evangelio

Pesebre de madera con heno que recuerda el relato del nacimiento en el Evangelio de Lucas

El punto de partida está en el Evangelio de Lucas (2,7): María da a luz a su hijo primogénito, lo envuelve en pañales y lo recuesta en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. La palabra «pesebre» procede del latín praesepium.

En Admirabile signum el Papa subraya que el Hijo de Dios encuentra sitio donde los animales van a comer, y que el heno se convierte en el primer lecho de quien se revelará como «el pan bajado del cielo» (Jn 6,41). Recoge además una frase de san Agustín: «Puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros» (Sermón 189,4).

El origen del belén: Greccio, Navidad de 1223

Cuevas de Greccio en el valle de Rieti, lugar del primer belén

El belén tal como hoy lo entendemos se vincula a san Francisco de Asís y a la localidad de Greccio, en el valle de Rieti (Italia). Según recuerda el Papa Francisco, el santo se detuvo allí viniendo probablemente de Roma, donde el 29 de noviembre de 1223 había recibido del papa Honorio III la confirmación de su Regla.

El relato procede de las Fuentes Franciscanas, en concreto de la Vida primera de Tomás de Celano, el primer biógrafo del santo. Quince días antes de la Navidad, Francisco pidió a un hombre del lugar, llamado Juan, que le ayudara a cumplir un deseo: celebrar la memoria del Niño nacido en Belén y contemplar «de alguna manera con mis ojos» lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y colocado sobre heno entre el buey y el asno (Vida primera, 84).

El 25 de diciembre llegaron a Greccio frailes de distintos lugares y gente de las granjas de la comarca con flores y antorchas. Francisco encontró el pesebre con el heno, el buey y el asno. Los presentes mostraron una alegría como nunca antes habían experimentado. Después, el sacerdote celebró solemnemente la Eucaristía ante el pesebre.

DatoQué dicen las fuentes
LugarGreccio, valle de Rieti (Italia)
FechaNavidad de 1223
QuiénSan Francisco de Asís, con ayuda de un vecino llamado Juan
Qué se preparóPesebre con heno, un buey y un asno
FigurasNo había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes
CelebraciónEucaristía solemne ante el pesebre
Fuente principalTomás de Celano, Vida primera, 84-86

Qué quiso mostrar san Francisco

San Francisco de Asís contempla el pesebre con heno entre el buey y el asno

En su catequesis del 20 de diciembre de 2023, el Papa Francisco explicó que el santo quería «ver con los ojos del cuerpo» las incomodidades que Jesús sufrió de niño. Esa intención explica el carácter del belén desde su origen: una invitación a «sentir» y «tocar» la pobreza que el Hijo de Dios eligió al encarnarse.

En Admirabile signum (n. 3) añade que esa pobreza es una llamada a seguirlo por el camino de la humildad, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz, y a servirlo con misericordia en los hermanos más necesitados (cf. Mt 25,31-46).

Una precisión sobre la visión. Celano cuenta que esa noche uno de los presentes vio acostado en el pesebre al mismo Niño Jesús. Es un relato de la tradición franciscana, no un dato histórico comprobable, y así conviene presentarlo.

Tampoco conviene dar por seguros ciertos detalles que el propio Papa formula con cautela. Dice que a Francisco aquellas grutas «le recordaban de manera especial el paisaje de Belén» tras su viaje a Tierra Santa, y que «es posible» que le hubieran impresionado en Roma los mosaicos del nacimiento de Santa María la Mayor. Son hipótesis razonables, no hechos probados.

Qué significan los signos del belén

Belén con cielo estrellado y ruinas antiguas sobre la gruta del nacimiento

En los números 4 a 9 de Admirabile signum, el Papa repasa los signos del belén y su significado. Este es el resumen:

El cielo estrellado y la noche

Representan las noches que envuelven nuestras vidas. Incluso entonces, dice el Papa, Dios no nos deja solos: su cercanía trae luz donde hay oscuridad (cf. Lc 1,79).

Las ruinas

Muchos belenes incluyen ruinas de casas y palacios antiguos, a veces en lugar de la gruta. El Papa indica que parecen inspiradas en la Leyenda Áurea de Jacopo da Varazze (siglo XIII), que recoge una creencia pagana: el templo de la Paz de Roma se derrumbaría cuando una Virgen diera a luz. Son signo de la humanidad caída y muestran que Jesús es la novedad en medio de un mundo viejo.

Los pastores, las ovejas y el paisaje

Recuerdan que toda la creación participa en la venida del Mesías. Los pastores, que dicen «Vayamos, pues, a Belén» (Lc 2,15), son los primeros testigos de lo esencial: los humildes y los pobres saben acoger la encarnación. Los ángeles y la estrella indican que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino.

Belén con pastores, panaderos, herreros, mujeres con jarras y niños jugando

Los pobres y las figuras «extra»

Mendigos, panaderos, herreros, músicos, mujeres con jarras de agua, niños que juegan… Muchas de estas figuras no aparecen en los evangelios. Según el Papa, expresan que en el mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo humano y para toda criatura, y representan la santidad cotidiana. El palacio de Herodes, al fondo y cerrado, simboliza el rechazo del anuncio de alegría.

María y José

María aparece como madre que contempla a su hijo y lo muestra a quienes vienen a visitarlo; su «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38) es testimonio de abandono en la fe. José, que suele representarse con bastón y a veces con una lámpara, es el custodio que protege a su familia, incluso en la huida a Egipto (cf. Mt 2,13-15).

El Niño Jesús

El corazón del pesebre empieza a palpitar cuando, en Navidad, se coloca la imagen del Niño. Dios se presenta en un niño para ser recibido en nuestros brazos: en la fragilidad esconde su poder. Por eso la figura se coloca la noche de Navidad y no antes.

Los Reyes Magos

Se colocan cuando se acerca la Epifanía. Sus dones tienen un sentido alegórico que recoge el Papa: el oro honra la realeza de Jesús, el incienso su divinidad y la mirra su santa humanidad, que conocerá la muerte y la sepultura. Enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo (cf. Mt 2,1-12). Más sobre ellos en Los Magos de Oriente.

Los Reyes Magos ofrecen oro, incienso y mirra ante el Niño en el belén

Cuándo se monta el belén y cuándo se coloca el Niño

El Papa habla de la costumbre de las familias de preparar el belén «en los días previos a la Navidad». No existe una norma litúrgica universal sobre el día exacto de montarlo. La costumbre más extendida es colocarlo durante el Adviento, añadir la imagen del Niño en Navidad y los Magos hacia la Epifanía, siguiendo el orden que describe Admirabile signum.

Sobre el tiempo previo a la fiesta, puedes leer Adviento: qué es y cómo se vive.

Cómo vivir el belén en familia

Montarlo juntos. El Papa recuerda que la tradición se aprende de niños, cuando padres y abuelos la transmiten con alegría, y que contiene «una rica espiritualidad popular».

Leer el Evangelio ante el pesebre. El belén ayuda a imaginar las escenas, pero la fuente sigue siendo el Evangelio (Lc 2,1-20; Mt 2,1-12).

No hay una forma única. Según el Papa, no importa cómo se prepare: puede ser siempre igual o cambiar cada año; lo que cuenta es que hable a nuestra vida.

Preguntas frecuentes sobre el belén

Conclusión: un Evangelio que se puede tocar

Desde Greccio, el belén lleva ocho siglos haciendo lo mismo: acercar el misterio de la encarnación a quien no sabe leer un tratado de teología y a quien sí. Las figuras cambian de un hogar a otro, pero el mensaje que subraya el Papa Francisco permanece: Dios se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de cada ser humano.

Fuentes y bibliografía para profundizar

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