Corregir al que yerra: obra de misericordia espiritual

Corregir con misericordia es ayudar al hermano a volver al camino, sin humillarlo ni dejarlo solo. Jesús lo enseña así: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano» (Mt 18,15). San Pablo añade: «corregidle con espíritu de mansedumbre» (Ga 6,1).

Corregir al que yerra: obra de misericordia espiritual
Corregir al que yerra: obra de misericordia espiritual
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Obra de misericordia

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Qué es

Corregir al que yerra es advertir con caridad a quien se equivoca o se desvía, buscando su bien y no tener razón. Francisco la enumera en la bula Misericordiae Vultus (n. 15) como «corregir al que yerra», una de las siete obras espirituales; santo Tomás de Aquino la incluye entre las catorce (Suma Teológica, II-II, q. 32, a. 2).

No es lo mismo que juzgar. Jesús pide también: «No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados» (Lc 6,37), y por eso la corrección cristiana se hace con humildad, a solas y buscando la reconciliación.

En la Biblia

El texto base es Mt 18,15: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano». La finalidad es ganar al hermano, no dejarlo en evidencia.

San Pablo da el tono: «Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). Y la carta de Santiago recuerda el fruto: «Si alguno de vosotros, hermanos míos, se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que el que convierte a un pecador de su camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados» (St 5,19-20).

Cómo vivirla hoy

Se vive con tres cuidados: la verdad, para no callar lo que hace daño; la caridad, para no herir; y la humildad, porque quien corrige también puede equivocarse. Pablo lo resume en «cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado».

En familia, en el trabajo o en la parroquia, suele bastar una palabra dicha a tiempo y en privado. Y quien recibe una corrección también ejerce una obra de misericordia al aceptarla con agradecimiento.

Qué dice la Iglesia

Francisco incluye esta obra entre las que la Iglesia debe redescubrir: «dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos» (Misericordiae Vultus, n. 15).

El Catecismo la deja dentro del conjunto de las obras de misericordia, «acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales» (n. 2447).

Cómo ponerla en práctica

Algunas formas de vivirla: hablar a solas con la persona, nunca delante de otros; empezar por lo que valoras en ella; preguntar antes de suponer; revisar tu propia conducta antes de corregir; y rezar por ella. Si te corrigen a ti, escucha antes de defenderte.

En esta web tienes la guía para confesarse bien, que ayuda a examinar la propia vida antes de juzgar la ajena. Todas las obras, en la landing de las obras de misericordia.

Para profundizar

El Catecismo enumera las obras espirituales en el n. 2447. Santo Tomás de Aquino las enumera en la Suma Teológica, II-II, q. 32, a. 2. Los textos clave de la Escritura son Mt 18,15-17, Ga 6,1 y St 5,19-20. El papa Francisco las presenta en la bula Misericordiae Vultus (n. 15).

Fuentes de consulta

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